Me ha costado mucho el entender cuál es mi posición frente al instinto. Tenemos instinto o somos exclusivamente seres de cultura, socialización y aprendizaje?
Al posicionarme como ecologista y feminista, esta pregunta me empuja al borde de un abismo. Tomando un extremo de la hebra enredada, podría responder que al ser parte del ecosistema, al ser mamífera y compartir mi vulnerabilidad con los otros seres vivientes comparto lados animales, instintivos, transculturales, universales…
Asimismo, al reflexionar acerca de la medicalización extrema del parto podría también avanzar que lo que la medicina nos retira es precisamente la posibilidad de vivir nuestros partos de manera instintiva.
Pero mi posicionamiento feminista me grita “cuidado”… Instinto? Y por qué no aceptar dócilmente el ser reducida al cuerpo y a mi función de útero, de procreadora? Sé que es la puerta abierta para aceptar todas la sumisiones, todas la violencias, todas la discriminaciones. Esencializar la feminidad clavándola en un marco de naturalidad es la peor trampa, la más seductora en estos tiempos de crítica necesaria del progreso y de nuestro modo de vida…
Cómo salir de este enredo?
Pensar en el instinto me obliga a pensar paradógicamente. Posicionarme serenamente con respecto a él, respetando mis deseos, mi experiencia y mis compromisos políticos, me obliga a evitar las trampas del pensamiento binario, de la lógica aristotélica.
Sin negar que tengo instintos, que deseo poder dejarme llevar por ellos, que es positivo el renunciar de vez en cuando a la racionalidad… me niego a creer que sea necesario y suficiente el dejarse llevar por los instintos para vivir plenamente la maternidad y algunas de sus facetas como el parto, la lactancia y la relación con los otros.
Dudo que el instinto sea una guía de conducta ya que dudo que las conductas producidas por el instinto sean lo suficientemente extensas en los seres humanos. Extensas desde el punto de vista de su existencia “pura” y de sus duración. Es posible que hayan acciones que sean fruto del instinto, pero nuestra educación nuestras creencias, nuestros deseos y el contexto que nos rodea van a darles sentido, hacerles entrar en un molde.
El instinto no puede ser un fin en sí y decir que para ser una madre realizada es necesario “seguir su instinto” es una prescripción paradójica : si me propongo hacerlo, no lo hago instintivamente… entonces no será instinto puro. No se supone que el instinto viene espontáneamente? Si la respuesta estereotipada hacia una madre que busca orientación en su nuevo papel es “sigue tu instinto”… pues es sumamente violento, ya que si está desorientada es precisamente porque no tiene respuestas instintivas.
El discurso que prescribe el instinto es dudoso… y peligroso ya que conduce a un “double bind“…
Pero lo que más despierta mi sospecha acerca del instinto es su asociación con la feminidad… Y el instinto masculino? Y el instinto paterno?
Así que, mejor dejemos al instinto en su lugar : una experiencia más entre las tantas posibilidades de nuestra humanidad, sin nunca ser un fin en sí mismo y sin nunca ser una prescripción.
Sigue tu instinto y libérate de él… pero permítete libertarte gacias a él!







