Archive pour féminisme-feminismo

La esencialización de la feminidad y sus peligros

(… o carta abierta a las defensoras del parto no medicalizado la lactacia y la maternidad intensiva.)

Discutiendo con otras madres en una lista electrónica me salió esta reflexión acerca de la esecialización de la feminidad.

Copio quí el texto :

Queridas amigas,
Este e-mail es muy difícil así que siento la necesidad de introducir ciertas precauciones. Espero no herir susceptibilidades con él. En todo caso esta no es mi intención. Sinceramente, lo escribo para aportar una piedra a nuestro edificio común : difundir una mejor y mayor atención de los partos domiciliarios.

Mis precauciones:
1. habiendo tenido a mis hijos en casa,
2. habiendo recorrido, como muchas de nosotras, el camino iniciático que me llevó a considerar de manera crítica al sistema médico y sus abusos,
3. habiendo descubierto que actualmente el patriarcado está también encarnado en la excesiva medicalización de los procesos reproductivos femeninos…
…me siento muy ligada a ustedes y a muchas de las preocupaciones de este grupo virtual.
Sin embargo, quisiera llamar su atención ante el peligro que conlleva la utilización de “las esencias” como fundamento de la decisión de parir en casa (y, desde mi punto de vista, el peligro es el mismo con respecto a cualquier posicionamiento político u acción colectiva).

La idea de esencia femenina nos ató, durante milenios, a la función reproductiva. Nos confinó a la esfera privada, privándonos de cualquier decisión e influencia en el campo político, en la vida social y hasta en lo más íntimo : nuestros cuerpos.

Durante la Edad Clásica el padre tenía todo el poder de decisión sobre el fruto del cuerpo femenino. Era él quien decidía si un recién nacido podía ser criado o no. En caso de no desearlo (si era una hija, en la mayoría de los casos), él impondría su abandono inmediato a la intemperie…

Durante la Edad Media, cuando el parto se presentaba mal, se decidía, bajo la influencia de la iglesia, el proceder a una cesarea para bautizar al recién nacido antes de que este muriera in útero, matando así a la madre…

Durante el Renacimiento, los padres firmaban contratos entre ellos para organizar al nodrizaje. La madre y la nodriza no decidían nunca los términos de este contrato. El padre pobre que empleaba a su mujer como nodriza decidía privar a su hijo del alimento materno y en muchos la criatura moría ; el padre rico, que contrataba a la nodriza lo hacía para garantizar la disponibilidad sexual y la fertilidad de su esposa.

Todos estos atropellos que hemos sufrido madres y recién nacidos durante la historia son fruto de la misma creencia : las mujeres estamos hechas para parir… pero sobre todo hachas SOLO para parir. Nuestro poder para dar la vida se ha vuelto la razón de nuestra oprésión.

Ya Françoise Héritier lo demostraba en su libro « Masculino/Femenino » : la valencia defenciada de los sexos es universal. En todas las culturas que estudió esta antropóloga, el sexo masculino vale más que el femenino. Los hombres VALEN más que las mujeres. Ella cree que esto es el fruto de la voluntad masculina para apropiarse de la reproducción, ya que ellos no poséen ese poder tan particular.

Por qué es esto posible ? Porque las mujeres son relegadas a la reproducción y asimiladas a la reproducción.

En su mismo libro, Françoise Héritier cita los casos de las viudas o mujeres viejas : las mujeres que tienen acceso al poder son las que (ya) no tienen el poder de procrear.

Qué condiciones nos permiten ahora el reivindicar la maternidad como fuente de realización personal, de placer, de felicidad ? Qué perspectiva nos permite el exigir que se nos deje gozar de nuestros partos, que se respeten nuestros derechos como mujeres, como individuos ? A partir de qué fundamentos decimos al poder tecno-médico que queremos poder decidir cómo y en qué condiciones parir ?

Si podemos plantearnos nuestra lucha por un parto libre y consciente es porque en nuestras sociedades ha sido posible la construcción de ciertos ideales de democracia, de libertad de elección y de libertad de auto-determinación.

Estos valores en el contexto de la reproducción humana y en el proceso de parir son posibles por que nos hemos liberado como mujeres y como miembros de la Humanidad de la obligación de parir, de procrear. Por que tenemos derecho a decidir cuando y cuántos hijos queremos tener. Por que la maternidad puede ser ahora una decisión conciente, gozosa y no un fatalidad biológica.

Decir que es nuestra esencia el parir nos desolidariza de todas esas mujeres que son tan mujeres como nosotras y que no quieren o no pueden parir. Las mujeres estériles y las muejeres que no quieren tener hijos porque desean construir su felicidad en otro contexto y que aportan tanto como nosotras a nuestra Humanidad son tan mujeres como nosotras. La esencia femenina no puede ser la parturición, la procreación, ni ningún otro proceso del cuerpo.

No hay esencia femenina, como no hay esencia aria o esencia española o esencia argentina o esencia católica o qué se yo.

Amin Maalouf dice en su libro “las identidades asesinas”, que toda identidad esencialista es mortífera ya que fijar la identidad es morir.. o matar.

La feminidad y la masculindad son construcciones sociales.

Nosotras estamos construyendo nuestra identidad femenina e integrando el proceso del parto de cierta manera en ella. Estamos pensando el parto como un proceso específico y potencialmente liberador…Me parece que nuestro enfoque es completamente compatible con la idea de que se pueda construir la feminidad de otras maneras y que por ello la feminidad y el parto pueden estar ligadas, pero no son sinónimos.

Tengamos la claividencia de reclamar hasta el fin la libertad… defender nuestra libertad y esclavizarnos en una esencia son actos contradictorios. Tengamos cuidado en no caer en las trampas del patriarcado…

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Y si amamantar fuese solo una fuente de placer?

Descubrimiento (tardío) de un lindo libro en francés  sobre la puericultura o, más bien, sobre las  inevitables imposturas de esta “ciencia” (?) desde hace 100 años.

“L’art d’accommoder les bébés” de G Delaisi de Parseval et de Suzanne Lallemand es un libro agradable, lleno de humor e insolencia. Un respiro liberador cuando -como yo- se consume dosis patológicas de lecturas sobre el tema.

Lo más interesante, sin embargo, es el punto de vista de las autoras sobre la lactancia.

Para ser breve, me parece que han encontrado EL argumento feminista para abordar la lactancia (en al menos desde mi punto de vista) : ¿y si lo que impulsara (o podría impulsar) las madres a amamantar no fuera ni el instinto, ni un cálculo racional (“es lo mejor para el bebé”) si no el placer que procura ?

Porque dar el seno hace BIEN, no en el sentido moral del término, si no en el sentido de las sensaciones de voluptuosidad y bienestar que puede vivir la madre! Y no hablo solamente de los orgasmos que pueden acompañar algunas tomas… ¡No! Hablo también de los placeres menos espectaculares, como el reflejo de expulsión de la leche (es una sensación que no tiene palabras), como el simple contacto de la piel del bebé, la ligereza de los senos vacíos después de la toma…

Pero bueno. Amamantar no solo es placer. Grietas, mastitis, inflamaciones son muy corrientes y desalientan mucho a algunas de nosotras que quiseran amamantar.

De ahí la necesidad de apoyo para solucionar estos problemas que pueden ser banales y momentáneos sí solucionades a tiempo… Pero es necesario respetar a aquellas para quienes la experiencia no es satisfactoria. Es tan común oír “no tenía suficiente leche” o “tuve problemas”… Normal! Si se presenta la lactancia como un acto mecánico y exclusivamente alimenticio (exclusivamente desde el punto de vista del bb, en resumen!), como un acto de sacrificio “normal” de las madres En este caso, las que no quieren amamantar deben justificarse.

Sinceramente, me tranquilizaría si oyera de vez en cuando “yo dejé la lactancia porque no me gustó!”.

Por último, desde un punto de vista político: ¿y si se defendiera la lactancia como un derecho al goce de esta función del cuerpo?

Es difícil convencer a políticos (probablemente criados con leche industrial y, al parecer, suficientemente sanos para para liderar!) de la necesidad de la lactancia exclusiva hasta los 6 meses (y así exigir las medidas  que hagan posible esto desde un punto de vista de las leyes del trabajo ) alegando la salud de los bebés… porque… generalmente, los bebés alimentados con biberón gozan también de buena salud ! (es necesario dejar definitivamente atrás la culpabilización de las madres a quienes no les gusta amamantar!)

¿Y si se decidiera exigir la posibilidad de vivir la maternidad y la paternidad con placer y no con dolor y con frustración? Placer de amamantar, y también de compartir su tiempo con aquéllos y aquéllas que amamos ; placer de dar un biberón relajadamente y no deber confiar estas tareas a manos extrañas, por profesionales y competentes que sean.

¡A veces el infierno está empedrado de buenas intenciones… y los argumentos pro lactancia son a menudo muy moralizadores y requieren una lectura crítica!

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Paradójico instinto

Me ha costado mucho el entender cuál es mi posición frente al instinto. Tenemos instinto o somos exclusivamente seres de cultura, socialización y aprendizaje?

Al posicionarme como ecologista y feminista, esta pregunta me empuja al borde de un abismo. Tomando un extremo de la hebra enredada, podría responder que al ser parte del ecosistema, al ser mamífera y compartir mi vulnerabilidad con los otros seres vivientes comparto lados animales, instintivos, transculturales, universales…

Asimismo, al reflexionar acerca de la medicalización extrema del parto podría también avanzar que lo que la medicina nos retira es precisamente la posibilidad de vivir nuestros partos de manera instintiva.

Pero mi posicionamiento feminista me grita “cuidado”… Instinto? Y por qué no aceptar dócilmente el ser reducida al cuerpo y a mi función de útero, de procreadora? Sé que es la puerta abierta para aceptar todas la sumisiones, todas la violencias, todas la discriminaciones. Esencializar la feminidad clavándola en un marco de naturalidad es la peor trampa, la más seductora en estos tiempos de crítica necesaria del progreso y de nuestro modo de vida…

Cómo salir de este enredo?

Pensar en el instinto me obliga a pensar paradógicamente. Posicionarme serenamente con respecto a él, respetando mis deseos, mi experiencia y mis compromisos políticos,  me obliga a evitar las trampas del pensamiento binario, de la lógica aristotélica.

Sin negar que tengo instintos, que deseo poder dejarme llevar por ellos, que es positivo el renunciar de vez en cuando a la racionalidad… me niego a creer que sea necesario y suficiente el dejarse llevar por los instintos para vivir plenamente la maternidad y algunas de sus facetas como el parto, la lactancia y la relación con los otros.

Dudo que el instinto sea una guía de conducta ya que dudo que las conductas producidas por el instinto sean lo suficientemente extensas en los seres humanos. Extensas desde el punto de vista de su existencia “pura” y de sus duración. Es posible que hayan acciones que sean fruto del instinto, pero nuestra educación nuestras creencias, nuestros deseos y el contexto que nos rodea van a darles sentido, hacerles entrar en un molde.

El instinto no puede ser un fin en sí y decir que para ser una madre realizada es necesario “seguir su instinto” es una prescripción paradójica : si me propongo hacerlo, no lo hago instintivamente… entonces no será instinto puro. No se supone que el instinto viene espontáneamente? Si la respuesta estereotipada hacia una madre que busca orientación en su nuevo papel es “sigue tu instinto”… pues es sumamente violento, ya que si está desorientada es precisamente porque no tiene respuestas instintivas.

El discurso que prescribe el instinto es dudoso… y peligroso ya que conduce a un “double bind“…

Pero lo que más despierta mi sospecha acerca del instinto es su asociación con la feminidad… Y el instinto masculino? Y el instinto paterno?

Así que, mejor dejemos al instinto en su lugar : una experiencia más entre las tantas posibilidades de nuestra humanidad, sin nunca ser un fin en sí mismo y sin nunca ser una prescripción.

Sigue tu instinto y libérate de él… pero permítete libertarte gacias a él!

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Madre nuestra, que estás en la tierra

Liberar a la Diosa, luego de milenios de opresión, cuesta tanto como encontrar una brecha en el muro contra el cual nos precipitamos a la velocidad irresponsable del consumo de nuestros recursos.

Soy atea del dios macho, de ese dios odioso, invisible, único, celoso, omnisciente y prepotente! Ese dios de la guerra santa y de la sumisión de la sexualidad. El dios de la predación y del consumo.

Pero creo en la Diosa pagana de las brujas, de los mitos matriarcales, del sincretismo y de la libertad de culto.

No creo que haya creado nada, ni que decida nada. Porque la creación es un acto de separación entre el caos y el orden, entre la vida y la muerte. La Diosa trasciende en el presente, en todo lo que vive y en lo que le da sentido la vida sin prohibir y sin castigar.

Una espiritualidad pagana, pragmática, material que nos permita amarnos como somos y no como a alguien extraño y lejano se le ocurrió que deberíamos ser.

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Et si allaiter était juste une source de plaisir?

Découverte (tardive) d’un bel ouvrage sur la puériculture ou, plutôt, sur les couacs inévitables de cette “science”(?) au cours des 100 dernières années.

“L’art d’accommoder les bébés” de G Delaisi de Parseval et de Suzanne Lallemand est un beau livre, plein d’humour et d’insolence. Un bol d’air lorsque l’on consomme des doses pathologiques de lectures sur le sujet.

Rien à jeter jusqu’ici (pas encore terminé, mais je suis complètement enthousiaste) dans ce texte! Mais le plus intéressant, c’est le point de vue que les auteures développent sur l’allaitement.

En gros, elles ont écrit THE argument féministe pour aborder l’allaitement (en tout cas, à mes yeux): et si ce qui poussait (ou pourrait pousser) les mères à allaiter n’était ni l’instinct, ni un calcul rationnel (“c’est le meilleur pour le bébé”) mais mais le plaisir qu’il procure?

Parce que donner le sein est BON, pas dans le sens moral du terme, mais dans le sens des sensations de volupté et de bien-être qu’il permet de vivre à la mère et je ne parle pas seulement des orgasmes qui peuvent accompagner certaines tétées… Non! Je parle aussi des plaisirs moins spectaculaires, comme le reflexe d’éjéction du lait (c’est une sensation qui n’a pas de mots), comme le simple contact de la peau du bébé, la légèreté des seins vides après la tétée…

Mais bon. Allaiter n’est pas qu’une partie de plaisir. Crevasses, mastites, engorgements sont très courants et découragent beaucoup d’entre nous à allaiter.

D’où la nécessité de soutien pour résoudre ces problèmes qui peuvent être passagers si accompagnés à temps… Mais il faut savoir respecter celles pour qui l’expérience n’est pas satisfaisante. Il est tellement courant d’entendre “je n’avais pas assez de lait” ou “j’ai eu des problèmes”… Normal si l’on présente l’allaitement comme un acte mécanique et exclusivement alimentaire (exclusivement du point de vue du bb, en somme!), comme un acte de sacrifice attendu des mères, celles qui ne veulent pas allaiter doivent se justifier.

Sincèrement, je serai plus rassurée lorsque j’entendrai de temps à autre “j’ai arrêté parce que ça ne m’a pas plu!”.

Finalement, d’un point de vue politique : et si l’on défendait l’allaitement comme un droit à la jouissance de cette fonction du corps ?

Il est difficile de convaincre des politiques (probablement élevés au lait industriel et apparement en suffisament bonne santé pour être aux commandes!)  de la nécessité de l’allaitement exclusif jusqu’à 6 mois (et des aménagements qu’il devrait comporter d’un point de vue des lois du travail) en mettant en avant la santé des bébés… parce que… les bébés nourris au biberon sont généralement en bonne santé aussi! (faut arrêter la culpabilisation des mères qui n’aiment pas allaiter!)

Et si on décidait d’exiger la possibilité de vivre la maternité et la paternité avec plaisir et pas dans la douleur et la frustration ? Plaisir d’allaiter, mais aussi de partager son temps avec ceux et celles que nous aimons et de prendre le temps pour donner un biberon dans la détente et pas devoir confier ces tâches à des mains étrangères, aussi professionnelles et compétentes soient-elles.

Bref, parfois l’enfer est pavé de bonnes intentions… et les arguments pro-allaitement sont souvent très moralisateurs et donc à regarder deux fois plutôt qu’une!

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Bajo la carpa roja

Me inivitó una entrañable amiga a una “carpa roja”. Extrañísima reunión de mujeres para hablar de sus cosas, bajo una carpa roja, recuerdo de una institución amerindia que instauraba un refugio (o lugar de aislamiento?) para las mujeres durante la regla.
Increíble espacio de ritualidad y de paz : aprovechamos para explorar nuestras preocupaciones, para darnos cuenta de que compartimos tantas cosas y para medir también la infinita diversidad que las vidas humanas y sus visiones, las que permiten encontrarse solo en lugares en donde la palabra fluye libre y en seguridad, en secreto…
El concepto se basa en la idea de que hay una esencia femenina… y pese a que no comparto esa forme de ver la diferencia de género, pues debo admitir que la complicidad de la reunión tenía algo de eso : una forma de comunión fácil, porque estábamos “entre nosotras”.
Quiénes somos “nosotras”?
Pude verbalizar cosas que llevaba escondidas en el alma, encontré orejas y corazones capaces de escuchar sin juzgar. Somos eso nostras al no encontrarnos sumergidas en la lógica competitiva del patriarcado?
Gracias, F. por tu carpa roja.
Gracias por escuchar lo indecible.
Ahora basta con descubrir qué fue lo que lo hizo posble…
,

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Accouchement à domicile vs. accouchement à l’hôpital : le mythe de la sécurité

On dirait que toutes les sociétés sont construites sur base de violences multiples, institutionnalisées et apparemment généralisées : la domination des plus vieux sur les plus jeunes, des homme sur les femmes, des experts sur les profanes, les riches sur les pauvres, etc.

Peu d’événements incarnent si bien cette multiple domination comme la naissance des êtres humains. Ce qui pourrait sembler normal puisque dès que le bébé apparaît, la société souhaite lui imprimer sa marque, le domestiquer, le séparer de la fusion avec le corps maternel. Ordonner le chaos.

Dans les sociétés « traditionnelles », les rites visent à inscrire le nouveau membre dans leur filiation, à chasser les mauvais esprits, à le protéger des forces surnaturelles et d’autres agents morbides, selon la cosmogonie propre de la société en question.

Dans nos sociétés, les bébés naissent sur l’autel de la science. On nous consacre, avant même que nous respirions, au dieu de la technologie. Échographies pour détecter des malformations et maladies, examens et diagnostics, mesures et analyse. Les rites de la naissance dans les hôpitaux nous confortent dans la croyance que nous pouvons tout contrôler et que ce contrôle est bon pour nous.

Sans ignorer les bénéfices indéniables des avances scientifiques pour détecter et traiter des pathologies liées à la gestation, à l’accouchement et au postpartum, il convient de se demander quelle est leur place. Est-il indispensable de faire un test de glucose à toutes les femmes enceintes ? D’appliquer des hormones synthétiques à toutes les parturientes qui tardent à dilater ? Utiliser un monitoring continu pendant des heures apporte-il une information réellement indispensable ou augmente seulement les risques de souffrance fœtale ?

Voilà les questions que l’institution hospitalière ne peut pas se poser jusqu’aux dernières conséquences. L’hôpital est une institution totalisante, uniformisante, homogénéisante. Les institutions comme les hôpitaux ont une logique de rentabilité et d’efficacité. Elles sont destinées à une prise en charge industrielle. L’homme doit s’adapter à la technique, la technique ne peut pas s’adapter à la infinie diversité humaine.

Gestion du personnel, gestion du matériel, gestion des espaces, gestion des risques, administration des coûts… voilà les logiques hospitalières.

Voici la logique de la société post-industrielle. Voici la logique violente que l’hôpital inscrit dans nos corps de femmes donnant la vie et dans les premières heures de vie de nos enfants. Cette violence est nécessaire quand un danger plus grand nous oblige à avoir recours à la science et à la technique pour faire face à un problème suffisamment grand, qui justifie de nous soumettre à ces logiques déshumanisantes. Recourir à la science quand la vie a besoin d’une véritable aide et ne pas lui abandonner notre corps et nos affects.

Rester à la maison tant que la vie se suffit à elle même nous garantit la sécurité qui découle du fait d’être respectées. Partir à l’hôpital quand la vie se gâte pour chercher ce qu’elle a perdu et, surtout,… s’approprier le pouvoir de savoir quand la ligne entre les deux a été traversée (ou déléguer le pouvoir à une personne qui possède les outils pour savoir si on a traversé cette ligne, sage-femme, doula, médecin ou un/e autre qui le fait en respectant notre humanité).

“Si tu es prêt à sacrifier un peu de liberté pour te sentir en sécurité, tu ne mérites ni l’une ni l’autre… et tu finiras par perdre les deux!” T Jefferson

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El parto natural es anti-feminista?

Si el feminismo es una cuestión de emancipación, entonces todo lo que signifique un alivio de las cargas ligadas al hecho de ser mujer es bienvenido.

Santa epidural, bendita seas, amén? Será así de fácil? Cómo se puede justificar, desde un punto de vista feminista, el renunciar a la anestesia durante el parto ? Parir naturalmente y sin (hiper)medicalización es forzosamente sinónimo de sometimiento al patriarcado? Dar a luz en casa o fuera de la asepsia material y emocional del hospital es compatible con una concepción constructivista (no-esencialista) y emancipadora de la feminidad?

Responder a estas preguntas es, más que un intento de teorización feminista, una tentativa de posicionamiento personal. Y es que entre mis muchas contradicciones, esta me resulta cada vez más interesante : a medida de que el recuerdo de mis partos se aleja y se desvanece, los argumentos que me ayudaron a elegir el parir en casa, sin anestesia, sin intervenciones médicas, se vuelven argumentos sin la enorme carga emocional ligada al proceso de traer a mis hijos al mundo.

Tal vez sirva recordarlos:

Las intervenciones médicas innecesarias son iatrogénicas durante el parto
El proceso del parto es delicado porque nuestras psiquis son complejas y nuestro cuerpo no funciona respondiendo simplemente a los reflejos, a la programación genética y muchos factores externos pueden literalmente sabotear el parto.

El respeto de nuestras necesidades fisiológicas es fundamental y, en la gran mayoría de los casos, incompatible con las lógicas hospitalarias.

Una mínima e insignificante influencia en ese momento de tanta vulnerabilidad basta para bloquear el flujo de ciertas hormonas, o impedir que el cuerpo encuentre una posición antálgica. Cuántos partos se alargan indefinidamente por falta de eficacia de las contracciones? Ineficacia que resulta del bloqueo de la producción de la occitocina, debido a que la parturienta está sometida a situaciones estresantes, a presiones diversas a protocolos humillantes…

Parto largo + lógica hospitalaria = necesidad de inyectar occitocina! Además, con varias parturientas dilantando a ritmos diferentes y aleatorios resulta muy difícil gestionar el trabajo del servicio de obstetricia. O sea que, mejor controlarlo todo… el someter a la parturienta a dolores más intensos que los naturales es un mal menor.

Y es que, en ese caso, la epidural es indispensable!

Conclusion n°1 : la epidural es una excelente invención para paliar los dolores artificialmente intensos de la ocitocina sintética

El dolor del parto es relativo
No quiero decir que sea insignificante. Lo que quiero decir, es que duele más o menos, según diversos factores. Uno de ellos es el miedo! Mientras más miedo se tiene, más duele.

Y cómo no tenerle miedo al parto, si en los medios de comunicación, en la cultura popular, en la literatura, en el cine, en todo lado se presenta a las parturientas como si se estuvieran muriendo del dolor… Sin embargo no a todas les duele tanto y en ciertos casos (raros, pero reales) parir no duele! Y si fuera cierto que el dolor es debido a la postura que adoptamos las mujeres modernas : simpre sentadas, con nuestro peso reposando en nuestro coxis y ya nunca de cunclillas, en una posición que abra las caderas…

Es más, en mi segundo parto, cuando estaba llena de confianza en mí misma y sabía que podía hacerlo, que podía parir, no expresaba mi dolor como un dolor de muerte. Mis gemidos, gritos y mi actitud eran actitudes poderosas, empoderadas, llenas de ira, de fuerza, de vida. Sí, dolía. Pero el dolor duró muy poco, a penas una hora y lo viví en la única paz que me es posible : una paz agitada! Pura cuestión de personalidad!

Tal vez, si creciéramos amando nuestros cuerpos de mujer. Nuestros cuerpos palpitantes, crecientes y menguantes, nuestros cuerpos y sus cavidades, sus procesos y la exacta anatomía de sus partes, tal vez no tendríamos tanto miedo.

A nadie se le ha ocurrido preguntarse porqué hay tantas mujeres que se creen frígidas… y que creen que el placer femenino es indisociable y exclusivamente producto de la penetración! (gracias Sigmund!) Qué saben de sus cuerpos ?… No, la excisión no solo es física. Es mental! Y moral!

Creo que le echamos la culpa del dolor del parto a una fuerza exterior a nosotras, cuando la clave para vivir ese dolor sea precisamente el aceptarnos mejor y amarnos más.

Apropiarse el conocimiento sobre nuestros cuerpos

El parir en casa, reusándome a la posibilidad de aliviar mis dolores de parto con anestesia, me precipitó en un viaje iniciático.

Antes no sabía. Luego supe y entendí. El viaje no fue tanto el parto en sí mismo, si no más bien el descubrimiento de los procesos del cuerpo que viví preparándome a vivir un parto conciente.

Y es que durante años tomé la píldora, evité explorar in extenso ciertas zonas de mi cuerpo, ignoré los conocimientos actuales sobre las funciones reproductivas (para qué me servían si todo estaba bajo control…hormonal) y sobre las hormonas que rigen los procesos como el parto, las reglas, …

Fué descubrir que, a pesar del avance de la ciencia, los conocimientos acerca de mi propio cuerpo me estaban casi prohibidos. Debí hacer un verdadero trabajo de detective para enterarme de la delicada alquimia hormonal que rige mi cuerpo. Para qué? Para defender mi elección ante la prepotencia de esta nueva religión que es la tecno-ciencia médica.

Es allí en donde está el patriarcado : en el poder cada vez más grande de la medicina sobre el cuerpo femenino. Desde los ensayos de ciertas vacunas en adolescentes, hasta el uso indiscriminado de hormonas para alejar la manopausia, pasando por la posibilidad de programar la fecha exacta de sus partos… todo pasa por ellos. Y no es que todo lo que la medicina aporta esté mal. Solo que la medicina astá allí para lo patológico, lo anormal.

Por eso la figura de la matrona es casi invisible o deformada actualmente. Por eso hay tan pocos matrones! Por ello en las sociedades más machistas las comadronas no son si no sirvientas del obstetra y a pesar de que, debidamente formadas, son completamente capaces de acompañar un embarazo y un parto normales.

Pues creo que vamos entendiéndolo… y que cada vez somos más! Y las cosas van cambiando, poco a poco pero en todos lados!

Yo doy a luz : mi cuerpo, vi vida, mi parto!

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La desinformación sobre el “peligro” de parir en casa

Cuán grande y grata fue mi sorpresa al descubrir que el Diario HOY de Ecuador publicó un pequeño artículo sobre el parto en casa!!!
Lo cito a continuación :
Dar a luz en casa es tan seguro como hacerlo en un hospital

Publicado el 17/Abril/2009 | 00:05

Investigación científica en Holanda

La Haya. Los partos de bajo riesgo en Holanda, que tienen lugar en casa, son tan seguros como aquellos que se realizan en los hospitales, según una investigación médica que niega que esta práctica sea la causa de la elevada mortalidad perinatal que existe en ese país.

Según datos de 2004 del departamento de Salud Pública de la Unión Europea, el índice de mortandad de bebés recién nacidos en Holanda, donde el 30% de los partos se hacen en casa, es del 10 por 1 000, el doble que en España.

No obstante, para los dos hospitales universitarios holandeses (AMC, MUMC) y el centro de estudios científico (TNO) autores del estudio, el riesgo para un recién nacido es “igual de pequeño” si el parto se realiza en casa con la asistencia de la matrona que en un centro hospitalario.

Algunos sectores en España, uno de los países occidentales con menor número de fallecimientos perinatales, empiezan a reivindicar un parto menos medicalizado que contemple la posibilidad de alumbrar en casa. (EFE)

El enlace : http://www.hoy.com.ec/noticias-ecuador/dar-a-luz-en-casa-es-tan-seguro-como-hacerlo-en-un-hospital-343838.html

En los comentarios sucitados en otro post (“Dar a luz en casa : un parto seguro y lleno de amor“), habían hecho referencia a esta “inquietante” aumentación de la mortalidad en Holanda incriminando el parto en casa. Sin emabrgo, la práctica del parto domiciliario no tiene NADA QUE VER con la aumentación de la mortalidad perinatal. Las causas de ella son el aumento de partos prematuros, el aumento de embarazos/procreación asistidos y el aumento de la edad de las madres.

La SEGO (sociedad española de ginecología), en un portal aliado (“para saber“), aumentó la confusión decretando también que era la práctica del parto domiciliario lo que explicaba el aumento de la mortalidad perinatal en holanda… felicitándose de paso por la superioridad de las estadísticas españolas (menos mortalidad).

En fín… es imperativo el tener acceso a información clara al respecto y una lectura crítica de noticias que, como en el caso de los panfletos de la SEGO en “para saber”, desinforman y utilizan los miedos de las futuras madres para mantener el poder del patriarcado médico…

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Cesáreas innecesarias : la epidemia silenciosa.

Se considera que en menos de un 10% de partos la fisiología no basta para permitir que las cosas ocurran de manera segura para la madre y el bebé.

En estas excepciones, es necesaria una ayuda y, en muchos casos, esta ayuda toma la forma de una intervención quirúrgica : la cesárea.

Por qué entonces en algunos establecimientos la tasa de cesáreas sobrepasa el 80% de partos??? Por qué estas tasas elevadas ocurren en países en dónde precisamente los otros derechos sexuales y reproductivos de las mujeres son ignorados?

La cesárea es una cuestión de poder : es la encarnación del poder tecno-científico sobre el cuerpo de las mujeres. La materialización de las lógicas de una sociedad dehumanizada y concentrada en la eficacidad, en el control de los procesos biológicos y la lógica mercantil (un ginecólogo factura muchísmo más por una intervención quirúrgica que por la atención de un parto vaginal, fuera este natural o no).

En Holanda, el 30 % de los partos son en casa y la tasa de cesáreas es del 10% de los partos. El porcentaje de mujeres representantes en el parlamento holandés es de más del 40%.

En Brasil, la tasa de cesáreas rodeal el 30% y paralelamente, el porcentaje de mujeres presentes en el parlamento es de 9%.

Parir, una cuestión política? Sí señora!

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