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Le porte bébé le moins cher qui soit!!!

Les articles de puériculture sont chers!
Actuellement les choix et les habitudes de consommation se sont énormément diversifiées. On peut trouver des poussettes, porte bébés et autres objets pour transporter les petits qui répondent aux styles, goûts et philosophie éducative des parents.
Les parents branchés vont probablement choisir une poussette design et/ou un porte-bébé ergonomique… chers, très chers!
Les baba-cools, bobos et autres “créa-culs” seront plutôt branchés écharpes… moins chères… mais chères quand-même…
Et, pourtant, dans mon pays on porte les bébés dans un draps! Imaginez-vous! Il n’y a pas d’écoles de portage et les petits survivent à ces nœuds improvisés et à ces tissus de récupération. Incroyable, n’est-ce pas???
Voici, en photos, une manière non-consumériste, non-polluante, confortable et hyper-pratique de porter bb, dès la naissance jusqu’à… que vous voulez!
prenez un draps 2 personnes placez-le sur une surface plate et suffisamment dégagée. puis pliez comme sur la photo:

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Laura Gutman sobre la maternidad invisible


La maternidad como sometimiento solo es pensable en un contexto de negación del vínculo con los otros.
Reivindicar una maternidad gozosa solo es posible al rehabilitar la interdependencia humana, más allá de dar prioridad a las necesidades del niño (y en eso tomo mis distancias con L Gutman)
Concevir la relación madre/hijo como prototípca de la interdependencia permite superar el “problema” de la maternidad como lugar de sometimiento : la utopía consiste en crear una sociedad en donde haya la posibilidad del placer en el contacto con el otro, en donde haya el tiempo para gozar de la proximidad, en donde hayan los recursos para dedicarse a la relación.
La revolución está en el cuidado.

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El parto natural es anti-feminista?

Si el feminismo es una cuestión de emancipación, entonces todo lo que signifique un alivio de las cargas ligadas al hecho de ser mujer es bienvenido.

Santa epidural, bendita seas, amén? Será así de fácil? Cómo se puede justificar, desde un punto de vista feminista, el renunciar a la anestesia durante el parto ? Parir naturalmente y sin (hiper)medicalización es forzosamente sinónimo de sometimiento al patriarcado? Dar a luz en casa o fuera de la asepsia material y emocional del hospital es compatible con una concepción constructivista (no-esencialista) y emancipadora de la feminidad?

Responder a estas preguntas es, más que un intento de teorización feminista, una tentativa de posicionamiento personal. Y es que entre mis muchas contradicciones, esta me resulta cada vez más interesante : a medida de que el recuerdo de mis partos se aleja y se desvanece, los argumentos que me ayudaron a elegir el parir en casa, sin anestesia, sin intervenciones médicas, se vuelven argumentos sin la enorme carga emocional ligada al proceso de traer a mis hijos al mundo.

Tal vez sirva recordarlos:

Las intervenciones médicas innecesarias son iatrogénicas durante el parto
El proceso del parto es delicado porque nuestras psiquis son complejas y nuestro cuerpo no funciona respondiendo simplemente a los reflejos, a la programación genética y muchos factores externos pueden literalmente sabotear el parto.

El respeto de nuestras necesidades fisiológicas es fundamental y, en la gran mayoría de los casos, incompatible con las lógicas hospitalarias.

Una mínima e insignificante influencia en ese momento de tanta vulnerabilidad basta para bloquear el flujo de ciertas hormonas, o impedir que el cuerpo encuentre una posición antálgica. Cuántos partos se alargan indefinidamente por falta de eficacia de las contracciones? Ineficacia que resulta del bloqueo de la producción de la occitocina, debido a que la parturienta está sometida a situaciones estresantes, a presiones diversas a protocolos humillantes…

Parto largo + lógica hospitalaria = necesidad de inyectar occitocina! Además, con varias parturientas dilantando a ritmos diferentes y aleatorios resulta muy difícil gestionar el trabajo del servicio de obstetricia. O sea que, mejor controlarlo todo… el someter a la parturienta a dolores más intensos que los naturales es un mal menor.

Y es que, en ese caso, la epidural es indispensable!

Conclusion n°1 : la epidural es una excelente invención para paliar los dolores artificialmente intensos de la ocitocina sintética

El dolor del parto es relativo
No quiero decir que sea insignificante. Lo que quiero decir, es que duele más o menos, según diversos factores. Uno de ellos es el miedo! Mientras más miedo se tiene, más duele.

Y cómo no tenerle miedo al parto, si en los medios de comunicación, en la cultura popular, en la literatura, en el cine, en todo lado se presenta a las parturientas como si se estuvieran muriendo del dolor… Sin embargo no a todas les duele tanto y en ciertos casos (raros, pero reales) parir no duele! Y si fuera cierto que el dolor es debido a la postura que adoptamos las mujeres modernas : simpre sentadas, con nuestro peso reposando en nuestro coxis y ya nunca de cunclillas, en una posición que abra las caderas…

Es más, en mi segundo parto, cuando estaba llena de confianza en mí misma y sabía que podía hacerlo, que podía parir, no expresaba mi dolor como un dolor de muerte. Mis gemidos, gritos y mi actitud eran actitudes poderosas, empoderadas, llenas de ira, de fuerza, de vida. Sí, dolía. Pero el dolor duró muy poco, a penas una hora y lo viví en la única paz que me es posible : una paz agitada! Pura cuestión de personalidad!

Tal vez, si creciéramos amando nuestros cuerpos de mujer. Nuestros cuerpos palpitantes, crecientes y menguantes, nuestros cuerpos y sus cavidades, sus procesos y la exacta anatomía de sus partes, tal vez no tendríamos tanto miedo.

A nadie se le ha ocurrido preguntarse porqué hay tantas mujeres que se creen frígidas… y que creen que el placer femenino es indisociable y exclusivamente producto de la penetración! (gracias Sigmund!) Qué saben de sus cuerpos ?… No, la excisión no solo es física. Es mental! Y moral!

Creo que le echamos la culpa del dolor del parto a una fuerza exterior a nosotras, cuando la clave para vivir ese dolor sea precisamente el aceptarnos mejor y amarnos más.

Apropiarse el conocimiento sobre nuestros cuerpos

El parir en casa, reusándome a la posibilidad de aliviar mis dolores de parto con anestesia, me precipitó en un viaje iniciático.

Antes no sabía. Luego supe y entendí. El viaje no fue tanto el parto en sí mismo, si no más bien el descubrimiento de los procesos del cuerpo que viví preparándome a vivir un parto conciente.

Y es que durante años tomé la píldora, evité explorar in extenso ciertas zonas de mi cuerpo, ignoré los conocimientos actuales sobre las funciones reproductivas (para qué me servían si todo estaba bajo control…hormonal) y sobre las hormonas que rigen los procesos como el parto, las reglas, …

Fué descubrir que, a pesar del avance de la ciencia, los conocimientos acerca de mi propio cuerpo me estaban casi prohibidos. Debí hacer un verdadero trabajo de detective para enterarme de la delicada alquimia hormonal que rige mi cuerpo. Para qué? Para defender mi elección ante la prepotencia de esta nueva religión que es la tecno-ciencia médica.

Es allí en donde está el patriarcado : en el poder cada vez más grande de la medicina sobre el cuerpo femenino. Desde los ensayos de ciertas vacunas en adolescentes, hasta el uso indiscriminado de hormonas para alejar la manopausia, pasando por la posibilidad de programar la fecha exacta de sus partos… todo pasa por ellos. Y no es que todo lo que la medicina aporta esté mal. Solo que la medicina astá allí para lo patológico, lo anormal.

Por eso la figura de la matrona es casi invisible o deformada actualmente. Por eso hay tan pocos matrones! Por ello en las sociedades más machistas las comadronas no son si no sirvientas del obstetra y a pesar de que, debidamente formadas, son completamente capaces de acompañar un embarazo y un parto normales.

Pues creo que vamos entendiéndolo… y que cada vez somos más! Y las cosas van cambiando, poco a poco pero en todos lados!

Yo doy a luz : mi cuerpo, vi vida, mi parto!

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Cesáreas innecesarias : la epidemia silenciosa.

Se considera que en menos de un 10% de partos la fisiología no basta para permitir que las cosas ocurran de manera segura para la madre y el bebé.

En estas excepciones, es necesaria una ayuda y, en muchos casos, esta ayuda toma la forma de una intervención quirúrgica : la cesárea.

Por qué entonces en algunos establecimientos la tasa de cesáreas sobrepasa el 80% de partos??? Por qué estas tasas elevadas ocurren en países en dónde precisamente los otros derechos sexuales y reproductivos de las mujeres son ignorados?

La cesárea es una cuestión de poder : es la encarnación del poder tecno-científico sobre el cuerpo de las mujeres. La materialización de las lógicas de una sociedad dehumanizada y concentrada en la eficacidad, en el control de los procesos biológicos y la lógica mercantil (un ginecólogo factura muchísmo más por una intervención quirúrgica que por la atención de un parto vaginal, fuera este natural o no).

En Holanda, el 30 % de los partos son en casa y la tasa de cesáreas es del 10% de los partos. El porcentaje de mujeres representantes en el parlamento holandés es de más del 40%.

En Brasil, la tasa de cesáreas rodeal el 30% y paralelamente, el porcentaje de mujeres presentes en el parlamento es de 9%.

Parir, una cuestión política? Sí señora!

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Seulement 4% d’accouchements ont lieu à domicile

Le CRIOC vient de publier une étude sur la maternité.

On y apprend, à travers un “échantillon aléatoire stratifié…” que la plupart de jeunes mamans est satisfaite de leur accouchement en maternité. Les critères?

- la disponibilité du personnel

- la modernité/propreté des locaux

- pouvoir recevoir des conseils pour nourrir son enfant

- conseils pratiques pour soigner bb

- possibilité de la présence du père lors de l’acc.

- conseils pour l’allaitement

- le confort des chambres

Il paraît que “seulement 4% d’entre elles, parmi les plus âgées, ont accouché à l’ancienne, à leur domicile.” Nous y voilà, l’amalgame est faite : “accouchement à domicile – plus âgées – à l’ancienne”.

A quand une étude COMPARATIVE???

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Cesáreas, vacaciones y lógica hospitalaria

Tiene 30 años y es su segundo hijo. El primero tiene un poco menos de 2 años y nació por cesárea programada a la semana 39 de gestación. Por qué? Su médico consideró que era demasiado grande : su peso estimado era de 4kg.

Durante su segundo embarazo, se planteó la posibilidad de que el nacimiento se haga por via vaginal… pero llegadas las 33 semanas el peso del bebé “obligó” a planificar una segunda cesárea.

“Cesárea una vez, cesárea para  siempre?” Tal vez… en todo caso, las dos fechas programadas para la cesárea coninciden con la víspera de  vacaciones…

Pero no es todo : me cuenta que en la primera cita en la cual evocó con el ginecólogo el deseo de tener un bebé en un futuro cercano, éste le urgió que tome un seguro de hospitalización específico (que cubre bastante bien los gastos por intervenciones quirúrgicas y la estancia prolongada en la maternidad en la cual el trabaja).

En lugar de abordar el deseo de ser madre, los aspectos ligados a su salud reproductiva y su bienestar general (alimentación, planificiación del embarazo…)  la lógica mercantil se impone, desde antes del embarazo!

La tasa de cesáreas debería rondar el 10% de nacimientos… en algunos establecimientos es de 80%!!! Los picos de cesáreas programadas ocurren antes de los feriados y los fines de semana… en establecimientos privados y entre las mujeres que suscriben a un “buen seguro” hospitalario… Lógico, no?

Y si la salud perinatal estuviese organizada al rededor de las lógicas del cuerpo? Se multiplicarían los lugares en donde es posible parir (en lugar de concentrarlos y obligar a que los equipos médicos creen una organizacion casi tayloriana de los partos), los seguros médicos considerarían el parto fisiológico como la norma y adaptarían sus primas en función del respetod de la fisología y no en función del balance comercial…

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Parto en casa vs. parto en hospital: el mito de la seguridad.

Parece que todas las sociedades están construídas sobre las bases de una violencia multiple, institucionalizada y al parecer generalizada : la dominación de los más viejos sobre los más jóvenes, la de los hombre sobre las mujeres, la de los sabios sobre los profanos, la de los ricos sobre los pobres, etc.

Pocos eventos encarnan tanto esta múltiple dominación como el nacimiento de los seres humanos. Lo cual es normal. Desde que el bebé aparece, la sociedad desea imprimirle su marca, domesticarlo, separarlo de la fusión con el cuerpo materno. Ordenar el caos.

En las sociedades “tradicionales”, los ritos apuntan a inscribir al nuevo miembro en su filiación, a ahuyentar a los malos espíritus, a protegerlo de fuerzas sobrenaturales y a muchas otras cosas más, según la cosmogonía propia de la sociedad en cuestión.

En nuestras sociedades, los bebés nacen en el altar de la ciencia. Se nos consagra, desde antes que respiremos, al dios de la tencnología. Ecografías para detectar malformaciones y enfermedades, exámenes y diagnósticos, medidas y análisis. Los ritos del nacimiento en los hospitales reconfortan nuestra creencia en que podemos controlarlo todo y que este control es bueno para nosotros.

Sin negar los beneficios innegables de los avances técnicos para detectar y curar patologías ligadas a la gestación, al parto y al post parto, cabe preguntarse cuál es su lugar. Es necesario hacer un test de glucosa a todas las embarazadas? Es necesario aplicar hormonas sintéticas a todas las parturientas que se demoran en dilatar? El monitorear constantemente y durante horas produce información realmente indispensable o aumenta los riesgos de sufrimiento fetal?

Estas son preguntas que la institución hospitalaria no se puede plantear hasta sus últimas consecuencias. El hospital es una institución totalizante, uniformizante, homogenizante. La prácticas en instituciones con una lógica de rentabilidad, de eficacidad y destinadas a atender en serie a sus usuarios, como son los hospitales, deben ser así. El humano debe adaptarse a la técnica, la técnica no puede adaptarse a la infinita diversidad humana.

Gestión de personal, gestión de material, gestión de los espacios, gestión de los riesgos, administración de los costos… estas son las lógicas hospitalarias.

Esta es la lógica de la sociedad post-industrial. Esta es la violencia que el hospital inscribe en nuestros cuerpos de mujeres que damos a luz y en las primeras horas de vida de nuestros hijos. Esta violencia es necesaria si un peligro mayor nos obliga a necesitar la ciencia y la técnica para enfrentarnos a un problema suficientemente grande, ante el cual se justifique el someternos a sus lógicas. Acudir a la ciencia cuando la vida necesita una verdadera ayuda y no abandonarle nuestro cuerpo y nuestros afectos.

Quedarse en casa mientras la vida baste nos garantiza la seguridad de ser respetadas y no violentadas. Partir al hospital cuando la vida se tuerce para buscar lo que se le perdió… y, sobre todo, apropiarnos del poder de saber cuando se ha pasado la línea entre las dos (o delegarle el poder a una persona que posea las herramientas para saber si ha atravesado esa línea, matrona, médico-a-o u otra-o, pero que lo haga respetando nuestra humanidad).

“Quien acepta el sacrificar un poco de su libertad para tener más seguridad no merece ni la una ni la otra. Y termina perdiendo las dos”

T Jefferson

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Quand Marianne incite à la consommation de produits industrialisés

Mon coup de gueule su Agoravox

A croire l’article paru dans Marianne, « Quand l’écologie renvoie les femmes à la maison », (également commenté sur NaturaVox) l’accouchement non-médicalisé, l’allaitement, l’utilisation des couches lavables et le refus de consommer des produits industrialisés seraient des pratiques dangereuses, voire déviantes. La promotion de celles-ci serait une sorte d’encouragement à la relégation de la femme dans la sphère reproductive, un retour en arrière.

Je suis convaincue que ces pratiques sont surtout une forme de résistance à un modèle relationnel individualiste et compétitif, où la qualité des rapports est évaluée à partir du point de vue de la performance et où il n’y pas de place pour le respect de notre écosystème.

D’après mon vécu de mère, de citoyenne et de féministe, ces choix parentaux sont complètement compatibles avec une vie “moderne” et, contrairement à ce que cet article prétend, ils encouragent une implication des hommes dans la sphère de la reproduction. Je rejoins tout à fait l’auteure de l’article dans sa conclusion : la répartition des tâches ménagères et des soins entre les sexes est inégalitaire. Mais de là à vouloir nous faire croire que le choix en matière de parentage soit le problème…

Les choix comme l’allaitement, le cododo, l’accouchement libre et l’utilisation des couches lavables visent à créer et maintenir un lien intense entre parents et enfants pour un épanouissement de tous les membres de la famille et dans le respect de l’environnement. Est-ce que cela implique nécessairement le « retour » de la femme au foyer ? Est-ce qu’elle en a été vraiment libérée avec l’arrivée des biberons, des petits pots et des couches jetables ?

En tant que mère, travailleuse et femme pratiquant ces choix, je suis aussi sensibilisée à un mode de consommation raisonné et raisonnable. Le respect de la nature est une priorité pour moi et inspire souvent mes préférences en matière d’éducation et de mode de relation avec mes enfants. Néanmoins, respect de la nature ne veut pas dire pour autant “naturalisation” de l’identité de genre. Il ne faudrait pas confondre le style de parentage que je défends, qui est basé sur l’empathie et le respect des sentiments et besoins de l’enfant avec un quelconque paradigme basé sur “l’instinct maternel”.

Personnellement, l’idée que l’on puisse prôner le fait de “suivre son instinct maternel” me semble une source inépuisable de culpabilisation des mères qui ne ressentent pas cet “instinct”. Je suis sûre que nous n’en ressentons pas. Nous l’apprenons et nous l’agissons… et nous sommes libres de le choisir.

Ma démarche est un choix conscient, réfléchi, orienté par la jouissance de la proximité avec l’autre en général et l’enfant en particulier. Il diffère, d’un autre style de parentage axé sur la performance et cette performance est mesurée en fonction du moindre impact sur la vie des adultes (moins de pleurs, moins de réveils nocturnes et, en général, moins de ‘contraintes’ sur le corps des parents, surtout de la mère) et est basé sur les croyances que l’on doit “apprendre l’autonomie” à un jeune enfant et que les soins à son égard doivent être reduits à leur strict minimum, coûte que coûte. On ne s’interroge pas sur qui fait les frais de cette économie de soins : les plus vulnérables, la plànète.

Ces choix émanent souvent d’une réflexion de la part de parents conscients, qui refusent d’ailleurs que ceux qui font partie de la sphère médicale ou psychanalytique se croient les seuls à jouir d’outils de réflexion et que les seules ressources existent dans la consommation de marchandises.

Comme pour toute pratique sociale, il est primordiale que les parents qui se sentent attirés par des alternatives puissent découvrir d’autres pratiques de parentage et de se les approprier. Les articles comme celui de Marianne, qui ne proposent rien en termes pratiques mais qui dénigrent des choix qui sont de plus en plus répandus, me semblent peu constructifs.

Je me dis mère insoumise car je refuse de me soumettre à une idée figée et normative de la maternité, de ce que je serais censée sentir ou faire en tant que mère et en tant que femme. Je veux tout simplement vivre cette expérience d’une manière épanouissante et durable et cela passe par une profonde remise en question de ce que la société attend des femmes et des modèles féminins qu’elle propose. Je ne me reconnais pas en la mère courage qui ne fait que ce que son enfant lui demande, lui exige… Je ne me reconnais pas non plus dans le modèle de la professionnelle carriériste pleine de succès, mince et avec un brushing toujours impeccable… encore moins dans la superwoman qui a des enfants parfaits, qui mène son ménage de main de maître et qui enchaîne voyages d’affaires et promotions chaque année.

Les pionnières de la seconde vague du féminisme se sont méfiées de la maternité et ont vu en elle l’origine de l’oppression que nous devions combattre. Elles avaient raison : la maternité imposée devait être un véritable cauchemar. Ne pas savoir si durant des mois ou des années on tomberait enceinte ou on serait à charge d’un ou de plusieurs enfants, s’avérait incompatible avec le développement de tout projet personnel. Sans contraception sûre ni accès à l’avortement, la seule manière de préserver son autonomie était la chasteté et le célibat, mais très peu osaient choisir délibérément cette voie.

Maintenant nous avons les moyens de nos choix.

Le féminisme – surtout le féminisme libéral et reformateur- est victime de son incapacité de considérer l’ humain dans sa dimension relationnelle : il ne suffit pas de définir un idéal de l’être, il est nécessaire d’observer comment est la vie quotidienne, comment sont les affects et les émotions. Le citoyen modèle est un homme blanc hétérosexuel et bon consommateur. Devons-nous nous assimiler à ce modèle ? Devenir ce modèle ?

Notre vie quotidienne est faite de rencontres et de relations avec d’autres êtres : hommes, femmes, parents, enfants, vieux, bébés, gens autonomes, gens dépendants… Elle est aussi faite d’interactions avec l’environnement. Il est urgent, aujourd’hui, de penser à un féminisme qui libère nos relations et qui nous offre du bonheur -ou au moins de la satisfaction- dans ce qui est quotidien et dans nos rêves. Ce féminisme-là nous oblige à penser l’égalité et la liberté dans un contexte relationnel. La question n’est plus « qui est l’ennemi principal ? » La question est « comment vivre et être heureux sans ennemi ? »

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Isabelle Brabant : une sage-femme pour délivrer la naissance

Dernier article à moi en collaboration avec AlterNatives asbl et paru dans la revue PARENTS.

Parallèlement à la multiplication des demandes des parents pour une plus grande humanisation des naissances, quelques figures se sont mobilisées pour redonner aux sages-femmes une place plus ample dans l’univers des métiers qui entourent la grossesse et l’accouchement. Parmi celles-ci nous comptons Isabelle Brabant, sage-femme canadienne et auteure du livre « Vivre sa grossesse et son accouchement. Une naissance heureuse ».

Ce livre a été publié pour la première fois en 1991. Très vite, il s’est transformé en un des ouvrages de référence pour les femmes qui cherchaient des réponses souvent introuvables ailleurs. Des femmes pour qui « Vivre sa grossesse et son accouchement » est devenu une sorte de bible que l’on consulte en toute occasion : apaiser ses peurs, dissiper des doutes, trouver une solution à un petit inconfort physique propre à la grossesse ou tout simplement pour se préparer aux sensations qui viendront plus tard, pendant l’accouchement.

Une deuxième édition, re-visitée et nourrie d’un chapitre sur la physiologie de l’accouchement est publiée en 2003 en Europe. Isabelle Brabant a voulu proposer une descrïption différente de celui-ci, souvent traité de manière technique et froide dans la plupart des ouvrages. Pari réussi ! C’est un véritable plaisir de découvrir que les processus qui nous permettent de donner naissance n’obéissent pas à une équation identique pour toute l’Humanité et que les rythmes des femmes et des bébés sont divers. Il est profondément rassurant aussi de savoir que des sages-femmes qui sont à l’écoute de leurs patientes peuvent identifier et respecter ces différences de cadence et d’expression. Nous sommes loin des formules toutes faites, du style « si les contractions viennent toutes les x minutes, il est temps de se mettre en route vers la maternité ».

En effet, lorsqu’on recherche davantage qu’un suivi médicalisé de la grossesse, les oreilles les plus attentives aux besoins psychologiques et affectifs des mères et des couples se tournent bien souvent auprès des figures « ancestrales », comme ce sont les sages-femmes. Mais, attention ! Ne nous trompons pas : lorsque nous parlons de « figure ancestrale », nous n’abordons qu’une dimension de leur profession. Actuellement, ces professionnelles de la santé suivent une formation complète et rigoureuse, leur permettant d’assurer de manière autonome le suivi de toute grossesse et de tout accouchement normaux (non pathologiques). Si, en plus, nous nous trouvons face à une professionnelle qui, comme Isabelle Brabant, a plus de deux décennies d’expérience, nous pouvons être sûrs de la rigueur de l’approche.

Néanmoins, avec la généralisation des naissances à l’hôpital, la profession de sage-femme est longtemps passée au second plan. Leur formation, leurs connaissances et leur savoir-faire se sont vus soumis aux logiques hospitalières, les mêmes qui ont très souvent négligé les besoins d’intimité et de respect des rythmes de chaque femme et de chaque bébé. Dans le livre, les aspects psychologiques, relationnels et même philosophiques sont abordés. Par exemple, le premier chapitre « Le voyage intérieur » permet de réfléchir à la question de l’origine de la vie de manière rigoureuse, sans verser dans des tendances « new age », mais tout en gardant cette étincelle de spiritualité et de tendresse, si nécessaires lorsqu’on se construit en tant que mère.

Dans le même sens, comment vivre pleinement sa grossesse sans pouvoir mettre des mots sur nos sensations, nos doutes, nos peurs ? Comment faire des choix si personne ne nous explique que nous pouvons décider comment vivre notre grossesse et notre accouchement ? Car une naissance heureuse est aussi une question de choix en terme de préparation à l’accouchement, de choix : quel type de préparation à l’accouchement, un suivi par un gynécologue ou par une sage-femme, les examens médicaux indispensables et le lieu où enfanter. Souvent le schéma qu’on nous propose est univoque et restrictif. Selon certains professionnels, une grossesse pourrait se résumer à des examens de sang, d’urine, des touchers vaginaux, des échographies tous les x, éventuellement une amniocentèse et un rendez-vous avec l’anesthésiste ! Or, ce qu’Isabelle Brabant nous présente est un débat conscient et respectueux de chaque geste à poser en tant que futurs parents. D’une manière générale on pourrait dire qu’elle nous libère et libère notre grossesse et notre accouchement en nous rendant plus conscientes et plus responsables.

Beaucoup de femmes trouvent dans cet ouvrage une source d’inspiration et d’apaisement, d’autres le consultent pour y trouver des conseils pratiques pour, par exemple, soulager les maux de dos, trouver soi-même la position du bébé dans le ventre, aider bébé à adopter une position plus propice à un accouchement naturel ou préparer une naissance à domicile – puisqu’un chapitre entier est consacré à ce choix-. Que ça soit pour y trouver des tuyaux pour mieux vivre la grossesse ou pour affirmer des choix qui sortent des sentiers battus, comme l’accouchement à domicile ou le refus de certains examens, le livre d’Isabelle Brabant est une référence précieuse pour les futures mamans.

Ainsi, parmi les aspects qui sont négligés ou abordés de façon péremptoire et expéditive par la plupart de livres pour femmes enceintes et qui sont amplement discutés et approfondis dans « Vivre sa grossesse et son accouchement », il y a la question de la douleur des contractions et les moyens pour y faire face. Loin de proposer un débat stérile, qui se limite la plupart du temps au faux dilemme « pour ou contre » la péridurale, cet ouvrage aborde la douleur d’un point de vue différent. Des questions cruciales sont ainsi posées : quel sens a cette douleur pour moi ? Quelles souffrances passées y sont associées ? Quelles représentations et quels tabous ai-je intégré dans la construction de mon identité de femme qui m’empêchent de voir au delà de la douleur ? De nouveau, ne vous attendez pas à trouver des recettes-miracles ou des réponses simplistes. Isabelle Brabant vous invite à prendre en considération la liberté de mouvements, la position à adopter pendant la poussée, les sons, le toucher et tous ces détails qui relèvent du respect de l’intimité et de l’autonomie de la femme qui accouche.

Pourquoi ce livre est devenu un ouvrage de référence ? Il aborde tous les sujets auxquels une grossesse peut vous confronter : bonne nouvelle ou surprise, changements dans la vie de couple, préparation nécessaire de tous, visites prénatales, grossesse « à risques », handicap, avortement, fausse-couche, deuil, césarienne, accouchement naturel ou sous anti-douleur, interventions médicales durant la naissance (déclenchement, rasage…).  Outre ce mélange équilibré de rigueur et d’humanisme, des nombreux témoignages de jeunes mamans qui l’ont lu affirment que des chapitres comme « L’accouchement vu de l’intérieur » permettent de visualiser et d’imaginer assez précisément les puissantes sensations ainsi que les changements dans le corps et dans l’esprit qui surviennent lors d’une naissance. La raison de ce succès réside peut être dans le fait qu’on n’y parle pas de centimètres à dilater, mais de vagues qui vous rapprochent de votre bébé !

On pourrait presque dire que, parmi tous les outils susceptibles de vous préparer de manière optimale à une naissance, qu’elle soit la première ou pas, lire « Vivre sa grossesse et son accouchement » est l’un des incontournables.

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Mon blog se déchaine pour la liberté des femmes qui accouchent

Un site exceptionnel sur des thèmes chers à AventurEcoFeminista : je vous présente http://dechaineesweb.free.fr/index.php

vous y trouverez, notamment, un manifeste de soutien à l’aad (en france) et des ressources pour vous protéger de l’épisiotomie.

Toujours sur l’épisiotomie, voici une ressource perso: http://ecohumanist.wordpress.com/2008/04/27/comment-eviter-une-episiotomie/

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