Archive for novembre 2009

La esencialización de la feminidad y sus peligros

(… o carta abierta a las defensoras del parto no medicalizado la lactacia y la maternidad intensiva.)

Discutiendo con otras madres en una lista electrónica me salió esta reflexión acerca de la esecialización de la feminidad.

Copio quí el texto :

Queridas amigas,
Este e-mail es muy difícil así que siento la necesidad de introducir ciertas precauciones. Espero no herir susceptibilidades con él. En todo caso esta no es mi intención. Sinceramente, lo escribo para aportar una piedra a nuestro edificio común : difundir una mejor y mayor atención de los partos domiciliarios.

Mis precauciones:
1. habiendo tenido a mis hijos en casa,
2. habiendo recorrido, como muchas de nosotras, el camino iniciático que me llevó a considerar de manera crítica al sistema médico y sus abusos,
3. habiendo descubierto que actualmente el patriarcado está también encarnado en la excesiva medicalización de los procesos reproductivos femeninos…
…me siento muy ligada a ustedes y a muchas de las preocupaciones de este grupo virtual.
Sin embargo, quisiera llamar su atención ante el peligro que conlleva la utilización de « las esencias » como fundamento de la decisión de parir en casa (y, desde mi punto de vista, el peligro es el mismo con respecto a cualquier posicionamiento político u acción colectiva).

La idea de esencia femenina nos ató, durante milenios, a la función reproductiva. Nos confinó a la esfera privada, privándonos de cualquier decisión e influencia en el campo político, en la vida social y hasta en lo más íntimo : nuestros cuerpos.

Durante la Edad Clásica el padre tenía todo el poder de decisión sobre el fruto del cuerpo femenino. Era él quien decidía si un recién nacido podía ser criado o no. En caso de no desearlo (si era una hija, en la mayoría de los casos), él impondría su abandono inmediato a la intemperie…

Durante la Edad Media, cuando el parto se presentaba mal, se decidía, bajo la influencia de la iglesia, el proceder a una cesarea para bautizar al recién nacido antes de que este muriera in útero, matando así a la madre…

Durante el Renacimiento, los padres firmaban contratos entre ellos para organizar al nodrizaje. La madre y la nodriza no decidían nunca los términos de este contrato. El padre pobre que empleaba a su mujer como nodriza decidía privar a su hijo del alimento materno y en muchos la criatura moría ; el padre rico, que contrataba a la nodriza lo hacía para garantizar la disponibilidad sexual y la fertilidad de su esposa.

Todos estos atropellos que hemos sufrido madres y recién nacidos durante la historia son fruto de la misma creencia : las mujeres estamos hechas para parir… pero sobre todo hachas SOLO para parir. Nuestro poder para dar la vida se ha vuelto la razón de nuestra oprésión.

Ya Françoise Héritier lo demostraba en su libro « Masculino/Femenino » : la valencia defenciada de los sexos es universal. En todas las culturas que estudió esta antropóloga, el sexo masculino vale más que el femenino. Los hombres VALEN más que las mujeres. Ella cree que esto es el fruto de la voluntad masculina para apropiarse de la reproducción, ya que ellos no poséen ese poder tan particular.

Por qué es esto posible ? Porque las mujeres son relegadas a la reproducción y asimiladas a la reproducción.

En su mismo libro, Françoise Héritier cita los casos de las viudas o mujeres viejas : las mujeres que tienen acceso al poder son las que (ya) no tienen el poder de procrear.

Qué condiciones nos permiten ahora el reivindicar la maternidad como fuente de realización personal, de placer, de felicidad ? Qué perspectiva nos permite el exigir que se nos deje gozar de nuestros partos, que se respeten nuestros derechos como mujeres, como individuos ? A partir de qué fundamentos decimos al poder tecno-médico que queremos poder decidir cómo y en qué condiciones parir ?

Si podemos plantearnos nuestra lucha por un parto libre y consciente es porque en nuestras sociedades ha sido posible la construcción de ciertos ideales de democracia, de libertad de elección y de libertad de auto-determinación.

Estos valores en el contexto de la reproducción humana y en el proceso de parir son posibles por que nos hemos liberado como mujeres y como miembros de la Humanidad de la obligación de parir, de procrear. Por que tenemos derecho a decidir cuando y cuántos hijos queremos tener. Por que la maternidad puede ser ahora una decisión conciente, gozosa y no un fatalidad biológica.

Decir que es nuestra esencia el parir nos desolidariza de todas esas mujeres que son tan mujeres como nosotras y que no quieren o no pueden parir. Las mujeres estériles y las muejeres que no quieren tener hijos porque desean construir su felicidad en otro contexto y que aportan tanto como nosotras a nuestra Humanidad son tan mujeres como nosotras. La esencia femenina no puede ser la parturición, la procreación, ni ningún otro proceso del cuerpo.

No hay esencia femenina, como no hay esencia aria o esencia española o esencia argentina o esencia católica o qué se yo.

Amin Maalouf dice en su libro “las identidades asesinas”, que toda identidad esencialista es mortífera ya que fijar la identidad es morir.. o matar.

La feminidad y la masculindad son construcciones sociales.

Nosotras estamos construyendo nuestra identidad femenina e integrando el proceso del parto de cierta manera en ella. Estamos pensando el parto como un proceso específico y potencialmente liberador…Me parece que nuestro enfoque es completamente compatible con la idea de que se pueda construir la feminidad de otras maneras y que por ello la feminidad y el parto pueden estar ligadas, pero no son sinónimos.

Tengamos la claividencia de reclamar hasta el fin la libertad… defender nuestra libertad y esclavizarnos en una esencia son actos contradictorios. Tengamos cuidado en no caer en las trampas del patriarcado…

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Y si amamantar fuese solo una fuente de placer?

Descubrimiento (tardío) de un lindo libro en francés  sobre la puericultura o, más bien, sobre las  inevitables imposturas de esta “ciencia” (?) desde hace 100 años.

“L’art d’accommoder les bébés” de G Delaisi de Parseval et de Suzanne Lallemand es un libro agradable, lleno de humor e insolencia. Un respiro liberador cuando -como yo- se consume dosis patológicas de lecturas sobre el tema.

Lo más interesante, sin embargo, es el punto de vista de las autoras sobre la lactancia.

Para ser breve, me parece que han encontrado EL argumento feminista para abordar la lactancia (en al menos desde mi punto de vista) : ¿y si lo que impulsara (o podría impulsar) las madres a amamantar no fuera ni el instinto, ni un cálculo racional (“es lo mejor para el bebé”) si no el placer que procura ?

Porque dar el seno hace BIEN, no en el sentido moral del término, si no en el sentido de las sensaciones de voluptuosidad y bienestar que puede vivir la madre! Y no hablo solamente de los orgasmos que pueden acompañar algunas tomas… ¡No! Hablo también de los placeres menos espectaculares, como el reflejo de expulsión de la leche (es una sensación que no tiene palabras), como el simple contacto de la piel del bebé, la ligereza de los senos vacíos después de la toma…

Pero bueno. Amamantar no solo es placer. Grietas, mastitis, inflamaciones son muy corrientes y desalientan mucho a algunas de nosotras que quiseran amamantar.

De ahí la necesidad de apoyo para solucionar estos problemas que pueden ser banales y momentáneos sí solucionades a tiempo… Pero es necesario respetar a aquellas para quienes la experiencia no es satisfactoria. Es tan común oír “no tenía suficiente leche” o “tuve problemas”… Normal! Si se presenta la lactancia como un acto mecánico y exclusivamente alimenticio (exclusivamente desde el punto de vista del bb, en resumen!), como un acto de sacrificio « normal » de las madres En este caso, las que no quieren amamantar deben justificarse.

Sinceramente, me tranquilizaría si oyera de vez en cuando “yo dejé la lactancia porque no me gustó!”.

Por último, desde un punto de vista político: ¿y si se defendiera la lactancia como un derecho al goce de esta función del cuerpo?

Es difícil convencer a políticos (probablemente criados con leche industrial y, al parecer, suficientemente sanos para para liderar!) de la necesidad de la lactancia exclusiva hasta los 6 meses (y así exigir las medidas  que hagan posible esto desde un punto de vista de las leyes del trabajo ) alegando la salud de los bebés… porque… generalmente, los bebés alimentados con biberón gozan también de buena salud ! (es necesario dejar definitivamente atrás la culpabilización de las madres a quienes no les gusta amamantar!)

¿Y si se decidiera exigir la posibilidad de vivir la maternidad y la paternidad con placer y no con dolor y con frustración? Placer de amamantar, y también de compartir su tiempo con aquéllos y aquéllas que amamos ; placer de dar un biberón relajadamente y no deber confiar estas tareas a manos extrañas, por profesionales y competentes que sean.

¡A veces el infierno está empedrado de buenas intenciones… y los argumentos pro lactancia son a menudo muy moralizadores y requieren una lectura crítica!

Paradójico instinto

Me ha costado mucho el entender cuál es mi posición frente al instinto. Tenemos instinto o somos exclusivamente seres de cultura, socialización y aprendizaje?

Al posicionarme como ecologista y feminista, esta pregunta me empuja al borde de un abismo. Tomando un extremo de la hebra enredada, podría responder que al ser parte del ecosistema, al ser mamífera y compartir mi vulnerabilidad con los otros seres vivientes comparto lados animales, instintivos, transculturales, universales…

Asimismo, al reflexionar acerca de la medicalización extrema del parto podría también avanzar que lo que la medicina nos retira es precisamente la posibilidad de vivir nuestros partos de manera instintiva.

Pero mi posicionamiento feminista me grita « cuidado »… Instinto? Y por qué no aceptar dócilmente el ser reducida al cuerpo y a mi función de útero, de procreadora? Sé que es la puerta abierta para aceptar todas la sumisiones, todas la violencias, todas la discriminaciones. Esencializar la feminidad clavándola en un marco de naturalidad es la peor trampa, la más seductora en estos tiempos de crítica necesaria del progreso y de nuestro modo de vida…

Cómo salir de este enredo?

Pensar en el instinto me obliga a pensar paradógicamente. Posicionarme serenamente con respecto a él, respetando mis deseos, mi experiencia y mis compromisos políticos,  me obliga a evitar las trampas del pensamiento binario, de la lógica aristotélica.

Sin negar que tengo instintos, que deseo poder dejarme llevar por ellos, que es positivo el renunciar de vez en cuando a la racionalidad… me niego a creer que sea necesario y suficiente el dejarse llevar por los instintos para vivir plenamente la maternidad y algunas de sus facetas como el parto, la lactancia y la relación con los otros.

Dudo que el instinto sea una guía de conducta ya que dudo que las conductas producidas por el instinto sean lo suficientemente extensas en los seres humanos. Extensas desde el punto de vista de su existencia « pura » y de sus duración. Es posible que hayan acciones que sean fruto del instinto, pero nuestra educación nuestras creencias, nuestros deseos y el contexto que nos rodea van a darles sentido, hacerles entrar en un molde.

El instinto no puede ser un fin en sí y decir que para ser una madre realizada es necesario « seguir su instinto » es una prescripción paradójica : si me propongo hacerlo, no lo hago instintivamente… entonces no será instinto puro. No se supone que el instinto viene espontáneamente? Si la respuesta estereotipada hacia una madre que busca orientación en su nuevo papel es « sigue tu instinto »… pues es sumamente violento, ya que si está desorientada es precisamente porque no tiene respuestas instintivas.

El discurso que prescribe el instinto es dudoso… y peligroso ya que conduce a un « double bind« …

Pero lo que más despierta mi sospecha acerca del instinto es su asociación con la feminidad… Y el instinto masculino? Y el instinto paterno?

Así que, mejor dejemos al instinto en su lugar : una experiencia más entre las tantas posibilidades de nuestra humanidad, sin nunca ser un fin en sí mismo y sin nunca ser una prescripción.

Sigue tu instinto y libérate de él… pero permítete libertarte gacias a él!

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