Archive for février 2010

El conflicto de Badinter : la visón minoritaria y la ética del cuidado.

Elisabeth Badinter acaba de publicar un libro que ha hecho correr mucha tinta en Francés : « Le conflit, la femme et la mère« .

Aún no he leído su libro y no me permitiré criticarlo. Además, me parece que tiene un poco de razón : se cometen muchos errores para desarrollar algunas iniciativas, como la promoción de la lactancia – hay un riesgo real de culpabilización que se podría evitar centrando la lactancia en torno a la experiencia de la madre y no en nombre del bienestar del niño (discutido aquí). Del mismo modo, experimento también un cierto malestar cuando se justifican algunas orientaciones a las cuales suscribo – como el parto no-medicalizado- exclusivamente a partir de una lectura fisiólogica (“ es necesario dejar trabajar a las hormonas porque lo más importante, es vivir su instinto… ”).

Por el contrario, las afirmaciones hechas en las entrevistas que dio recientemente ya dan materia para situar cuál  es el problema y, a mi juicio, está a dos niveles:

1. El rechazo de las corrientes minoritarias o diferentes en el feminismo

En los años 70, la segunda ola de la feminismo surge del cuestionamiento del pensamiento único, masculino, patriarcal. El objetivo de las feministas de este período (como S. Beauvoir), consistía en demostrar que lo que se presentaba como “universal” no era, realmente, más que la ocultación del punto de vista de las mujeres, para hacer valer los intereses de los hombres.

Pero, desde entoces el feminismo se institucionalizó, desarrollando él también una línea única de pensamiento, en lo que se podría llamar “su línea tradicional”.

Nos da la impresión que esta « línea » mayoritaria (sobre todo en los países francófonos) – a menudo reconocida por las autoridades académicas y políticas-, tiene pretenciones de trazar fronteras entre lo que sería o no feminista. Así pues, visiones minoritarias, como las de los feminismos llamados “diferencialistas” o incluso “maternalistas” son deslegitimados… ni hablar siquiera de las feminismos con connotación religiosa o étnica… ¡Una feminista no puede llevar velo islámico, ya sabemos!

¿Una corriente mayoritaria que se niega a reconocer la legitimidad de las otras? Eso apesta a dominación!… En un movimiento emancipador como el feminismo?… No lo veo bien! Sobre todo que quienes se reivindican portadoras de la “verdadera corriente feminista” sabrían mejor que otros lo que es bueno para estos últimos: “¡no, no debes llevar velo! es un signo de opresión. no nos importa si intentas hacernos creer que lo llevas para reivindicar tu pertenencia – o más bien tu no-pertenencia-, como una revocación del estigma de tu origen” o “sí, debes tener una carrera y éxito profesional cueste lo que cueste, aunque eso implique dejar tus bebés en una guardería de pésima calidad 10 horas al día, a partir de los 3 meses…. ¡y que eso te rompa el corazón  no es importante! ¡no te sientas culpable (ya que se trata de ley de culpabilidad y no de un sentimiento más simple como la frustración de no poder seguir acurrucándote algunos meses más contra el cuerpo de tu bebé)! ¡nosotras lo hicimos antes de ti! ”

2. La confusión entre la maternidad y la ética del cuidado

Al mismo tiempo, E. Badinter, denuncia las “derivas reaccionarias” de las otras corrientes que defenderían según ella “a la maternidad como modelo político”.

Esta afirmación es preocupante de parte de una feminista!

Confundir maternidad (esencialmente femenina) y capacidad para cuidad a los más vulnerables (niños, enfermos, viejos, minusválidos…) es sugerir que la aptitud al cuidado depende del sexo.

Ninguna mujer y ningún hombre se pregunta “estaré realizando una tarea femenina (y en consecuencia no valorizada)? »al dar (temporalmente) la prioridad al cuidado mis seres queridos, antes que a una carrera, al éxito material y la notoriedad-  “¿Al hacer eso, estoy sometiéndome al otro sexo? ” Los y las que cuidan al otro por elección personal lo hacen movidos por el deseo de dar a esos otros lo que ellos necesitan.

Se trata de una custión de solicitud, no de culpa ni de obligación moral como madres!

Como Fabienne Brugère sostiene en su obra “El sexo de la solicitud “, cuando la solicitud es impuesta (como en el caso de las madres que sólo son madres porque se LES IMPONE este papel), a menudo se feminiza. Es el caso actualmente en nuestras sociedades europeas (no es necesario ir a buscar ejemplos en el Tercer mundo, no, no) donde las tareas del cuidado (enfermeras, amas de casa, pericultoras…)  se efectúan en su gran mayoría por mujeres.

No, no hablamos de maternidad. Se trata de una cuestión ética mucho más amplia que el papel tradicional de dedicación y sacrificio atribuído tradicionalmente a las mujeres. Se trata más bien de solidaridad hacia los más vulnerables.

Solidaridad humana y no abnegación femenina. Lo que el feminismo puede aportar al género humano y no solo a las mujeres : mejorar nuestra capacidad para vivir en paz con nuestra fragilidad. Trascender el individualismo para descubir nuestra interdependencia.

Ahora, estoy de acuerdo con la Sra. Badinter si se trata de denunciar el hecho que el cuidado sea asimilado a un atributo femenino y que la solicitud sea cuestión de género. Sí, denuncio (con ella, si me acepta a su lado) la sexualización de la solicitud.

Pero me pregunto… ¿Acaso esta negación categórica de la maternidad como experiencia positiva molesta a algunas feministas porque les recuerda su vulnerabilidad? ¿El hecho de que hombres y mujeres tengan necesidad, un día u otro, de los otros? Cuándo son bebés, niños, viejos o enfermos. ¡En mi opinión sí! Para una feminista que cree que la la realización personal sólo es posible como individuo todopoderoso, el saberse vulnerable y suceptible de conmoverse por la vulnerabilidad del otro (bebé, anciano, enfermo…) debe ser difícil de aceptar!

¿Entonces, que hacer de nosotras, las mujeres que damos prioridad (de nuevo, tal vez solo temporalmente) al cuidado de quienes amamos (nuestros hijos y nuestro planeta Tierra, nuestra madre Tierra)… y que además, colmo de males, nos declaramos feministas? (Y que a menudo nos rodeamos de hombres en el mismo estado de ánimo que nosotros, quienes comparten las tareas domésticas de manera más justa que los hombres cuyas mujeres eligen biberones, pañales desechables, alimentos industrializados industriales y guarderías 10 horas al día…).

Sería la primera en denunciar el parto sin anestesia, la lactancia, los pañales de tela… como un peligro para la emancipación, si me pudieran garantizar o probar que si todas las mujeres del planeta tuvieran acceso gratuitamente y sin restricciones a la leche en polvo, pañales desechables, guarderías 24horas al día… se arreglarían los problemas de la igualdad hombre/mujer, la diferencia salarial, de la  falta de representación femenina en política, de la violencia intrafamiliar…

No lo creo. Ni un solo instante!

Creo que E Badinter se equivoca.

(Preo igual voy a leer su libro… aunque nunca se me ocurriría gastar ni un centavo en ello : me lo van a prestar 😉 )

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Le conflit de Badinter : la vision minoritaire et la sollicitude.

N’ayant pas encore lu son livre, je ne me permettrai pas de le critiquer. D’ailleurs, je trouve qu’elle a en partie raison : on se prend très mal pour développer certaines initiatives, comme la promotion de l’allaitement – il y a bel et bien un risque de culpabilisation qu’on pourrait éviter en centrant l’allaitement autour de l’expérience de la mère et pas au nom du bien-être de l’enfant (discuté ici). De même, je ressens aussi un certain malaise lorsque l’on voudrait justifier le bien fondé de certains choix -comme l’accouchement non médicalisé- exclusivement à partir d’une lecture physiologiste (« il faut laisser les hormones faire le travail parce que le plus important, c’est de laisser vivre son instinct… »).

Par contre, les propos tenus dans les interviews qu’elle a donné donnent déjà de la matière à situer où est le problème et, à mon sens, il est à deux niveaux :

1.Le refus à admettre les courants minoritaires / différents au sein du féminisme

Aux années 70, la deuxième vague du féminisme a surgit dans un élan de questionnement d’une pensée unique, masculine, patriarcale. L’objectif de féministes de cette période (comme S. de Beauvoir), était de démontrer que ce qui était présenté comme « universel » n’était, en réalité, que l’occultation du point de vue des femmes, pour faire valoir les intérêts des hommes.

Mais, le féminisme s’est institutionnalisé depuis ses premières conquêtes, développant lui-même aussi une sorte de pensée unique dans ce que l’on pourrait appeler « sa ligne traditionnelle ».

A partir de ce courant, que l’on pourrait qualifier de majoritaire (surtout dans les pays francophones) -puisqu’il est souvent reconnu par les autorités académiques et politiques-, on a l’impression qu’on trace actuellement des frontières entre ce qui serait ou pas féministe. Ainsi, des visions minoritaires, comme les féminismes appelés « différentialistes » ou même « maternalistes » sont délégitimés… ne parlons même pas des féminismes à connotation religieuse ou ethnique… Un féministe ne saurait porter le voile islamique, c’est bien connu!

Un courant majoritaire qui délégitime les autres? ça sent le rapport de domination, ça… Au sein d’un mouvement émancipateur… Surtout que celles qui se revendiquent porteuses du « vrai courant féministe » sauraient mieux que les autres ce qui est bon pour ces dernières : « non, tu ne porteras pas de foulard! c’est un signe d’oppression. on s’en fout si tu essaies de nous faire croire que tu le portes pour revendiquer ton appartenance -ou plutôt ta non-appartenance-, comme un retournement de stigmate  » ou « oui, tu dois avoir une carrière et du succès professionnel coûte que coûte, même si ça implique laisser tes enfants dans une crèche de piètre qualité 10 heures par jour, à partir de 3 mois…. et que ça te brise le cœur c’est pas important! refuse la culpabilité (car il s’agit d’office de culpabilité et pas d’un sentiment plus simple comme la frustration de ne pas pouvoir continuer à te blottir encore quelques mois contre le corps de ton bébé)! nous l’avons bien fait avant toi! »

2. Confusion entre « maternité » et solidarité envers les plus vulnérables – l’éthique du soin.

En même temps,  E. Badinter, dénonce les « dérives réactionnaires » des autres courants qui érigeraient « la maternité en modèle politique ».

Je trouve cette prise de position inquiétante de la part d’une féministe.

Confondre maternité (essentiellement féminine) et capacité à soigner les plus vulnérables (enfants, malades, vieux, infirmes…) c’est suggérer que l’aptitude au soin serait sexualisé.

Aucune femme et aucun homme qui choisissent de donner (même temporairement) la priorité aux soins à ses être chers avant une carrière, la réussite matérielle et la notoriété se posent la question  « est-ce que je suis en train de réaliser une tâche féminine (et donc pas valorisée)? » « Est-ce que en faisant ça, je suis en train de me soumettre à l’autre sexe? » Ceux et celles qui soignent les autres par choix le font mus par le désir de donner aux autres ce dont ces autres ont besoin.

C’est de sollicitude qu’il s’agit. Pas de culpabilité, pas d’obligation.

Comme Fabienne Brugère soutient dans son ouvrage « Le sexe de la sollicitude« , lorsque celle-ci est imposée (comme c’est le cas des mères qui ne font rien d’autre que materner parce qu’on leur IMPOSE ce rôle), elle est souvent féminisée. C’est la cas actuellement dans nos sociétés (faut pas aller chercher loin dans le Tiers Monde, non, non) où les tâches dites hospitalières sont effectuées dans sa grande majorité par des femmes.

Non, nous ne parlons pas de maternité. Il s’agit d’une question éthique qui dépasse ce rôle traditionnel de dévouement tenu par les femmes. C’est bien de solidarité envers les plus vulnérables qu’il s’agit.

Maintenant, je suis d’accord avec Mme Badinter s’il s’agit de dénoncer que le soin soit érigé en attribut féminin et que la sollicitude soit l’apanage d’un sexe, le sexe « faible ». Oui, je dénonce (avec elle, si elle veut) la sexualisation de la sollicitude.

Mais je me demande… Est-ce que ce refus catégorique de la maternité comme expérience positive dérange certaines féministes parce que ça leur rappelle leur vulnérabilité? Le fait que hommes et femmes aient besoin, un jour ou l’autre des autres? Quand il sont bébés, enfants, vieux ou malades? A mon avis oui! Pour une féministe qui croit que la seule manière d’être accompli(e) et épanoui(e) est possible en tant qu’individu tout puissant, se savoir vulnérable et dont susceptible d’être ému(e) par la vulnérabilité doit être difficile à encaisser.

Alors, que faire de nous, les femmes qui donnons la priorité (de nouveau, ne fut-ce que temporairement) à soigner ceux que nous aimons (nos enfants et notre planète Terre, notre mère Terre)… et qui nous revendiquons féministes? (Et qui sommes souvent entourés d’hommes dans le même état d’esprit que nous et qui partagent bien plus les tâches ménagères que ceux dont les femmes choisissent biberons, couches jetables, petits-pots industriels et crèches 10 heures par jour)

Je serai la première à dénoncer et à me battre contre l’accouchement sans péridurale, l’allaitement, les couches lavables… comme un danger pour l’émancipation, si on pouvait me garantir ou me pouver que si toutes les femmes de la planète avaient accès gratuitement et sans restrictions au lait en poudre, couches jetables, petits pots, crèches 24/24… le problème de l’égalité homme/femme, du plafond de verre, de la sous-représentation en politique, de la violence intra-familiale seraient réglés.

Je n’y crois pas une seconde!

Je pense, d’après les interviews qu’elle a adonné, que Badinter fait fausse route.

(Mais je vais quand même lire son bouquin… On va me le prêter… vous pensez bien que je ne vais pas dépenser mes sous à ça 😉 )

Je suis mère, écolo et je suis féministe. Voilà comment!

Ceci est un post interactif. Je vous invite à témoigner sur votre expérience de la maternité et du féminisme.Peu importent vos choix en termes de soins aux enfants, ce qui importe c’est de partager avec nous les moyens que vous avez mis en œuvre pour concilier ces deux aspects de votre personnalité, s’ils se conjuguent chez vous.

Il s’agit d’un n-ième exercice de réponse à une certaine Elisabeth, trop loin dans la stratosphère philosophique (et que je soupçonne envieuse de nous, qui avons osé demander le beurre et l’argent du beurre, l’égalité des chances et un vécu charnel, intense et jouissif de la maternité).

Des réponses concrètes pour montrer que oui, c’est possible…

Voici ma réponse :
« Je suis mère, écolo je suis féministe. Voilà comment!

Quand j’ai réalisé que j’avais envie d’avoir des enfants, je me suis renseigné sur la première étape du voyage : la grossesse et l’accouchement. J’ai découvert que souvent les femmes accouchent sous contrôle (perfusées, allongées de forcé, leur travail rythmé par des impératifs de gestion d’une institution patriarcale, comme c’est le cas des hôpitaux, où le pouvoir revêt, en même temps que sa blouse blanche, une attitude de supériorité face aux patientes). Je n’ai pas voulu ça. J’ai choisi d’accoucher libre : où je voulais, comme je voulais.

Puis, les enfants ont commencé à poser des changements dans l’organisation de la vie quotidienne : les tétés nocturnes paisibles et à moitié endormie de premières semaines ont fait place à des réveils nocturnes. Gérables pendant le congé de maternité/parental. Insupportables une fois de retour au bureau.

Au lieu d’incriminer l’allaitement et d’arrêter, mon mari a assuré les réveils nocturnes, où l’on a remplacé les tétés problématiques par des câlins, berceuses et autres promenades.  Au bout de trois jours les réveils se sont arrêtés, la plupart des tétés de nuit aussi… mais pas l’allaitement.

Puis, le crèche à raison de dix heures par jours avant un an nous semblait triste. C’est mon homme qui a assuré le mi-temps disponible pour éviter ça : Nos enfants n’ont pas connu des journées entières à la crèche. Merci à leur papa.

Qui fait les courses (oui, bio, dans les marchés et presque jamais dans la grande distribution!)? Papa. Qui repasse? Papa. Qui rince les (déjà rares, propreté arrive) couches en tissu? Papa.

Qui est engagée dans des activités militantes à la maison? Maman. Qui travaille plus d’heures/semaine? Maman. Qui gagne plus? Maman.

Est-ce que je serai prête à échanger ces trois dernières choses avec Papa? Oui. Du moment où tout le monde s’y retrouve et que ça me permet d’avoir plus de temps pour moi.« 

Article sur sages-femmes équatoriennes magazine « En Marche »

Voici un article intéressant de Laurence Biron sur une approche interculturelle en médecine qui se répand en Équateur. Il a été publié il y a quelques mois dans le magazine de la mutualité chrétienne.

Médecins et chamans s’allient pour soigner

A Otavalo, au nord de l’Equateur, le centre de santé Jambi Huasi accueille deux types de médecines. Souvent jugées inconciliables, médecines occidentale et traditionnelle cohabitent pourtant dans un même espace. Aux côtés du dentiste, de la gynécologue et du médecin généraliste, exercent le chaman et la partera, l’accoucheuse traditionnelle. Une rencontre hors du commun de deux façons de soigner et d’envisager la santé. Reportage.

« Deux systèmes de santé sont en lutte: la médecine scientifique ou occidentale bataille pour s’imposer, la médecine traditionnelle des Andes, quant à elle, résiste pour survivre», déclare José Farinango, directeur de Jambi Huasi, un centre de santé niché à 3.000 mètres d’altitude sur la cordillère des Andes. L’histoire de ce centre de santé est celle d’un peuple qui a lutté pour la reconnaissance de ses droits en matière de santé.

Le peuple indigène (6,8% de la population équatorienne) a longtemps été exclu du système de santé. «Nous étions si peu considérés que les médecins n’imaginaient pas que nous pouvions ressentir de la douleur. Mon père s’est même fait renvoyer de l’hôpital», se rappelle encore José. Les médecins ne communiquaient qu’en espagnol aux patients indigènes dont la langue est le kichwa. C’est dans ce contexte social, empreint de racisme et de discrimination, que naît le Jambi Huasi avec le soutien inconditionnel du mouvement indigène local: la fédération indigène et paysanne de la province d’Imbabura. Dans cette région d’Equateur, la population indigène, descendante de l’ancien peuple Inca, représente plus de la moitié (55%) des habitants. Ouvert en 1994, Jambi Huasi (maison de la santé en langue kichwa) tente de répondre aux besoins des patients indigènes locaux dans le respect de leurs traditions et de leurs croyances.

Rétablir l’harmonie spirituelle et physique

Figure emblématique de la médecine ancestrale andine, le chaman appelé le yachac reçoit les patients au même titre que le dentiste ou le médecin généraliste. Avant de rejoindre l’équipe médicale de Jambi Huasi, le yachac, exerçait principalement de nuit, dans l’intimité de sa communauté. Pendant plus de 500 ans, les pratiques des chamans ont été gardées secrètes, puisque légalement et moralement interdites. La Constitution nationale de 2008 a donné un statut légal à cette profession. L’article 363 impose à l’Etat équatorien «la responsabilité de la reconnaissance des pratiques des médecines ancestrales, de ses connaissances et de ses méthodes». Depuis lors, les patients affluent pour consulter Don Javier, le yachac. Parmi eux, des indigènes mais aussi de plus en plus de patients métis. 70 % des patients sont mestizos selon le chaman. Le cabinet de Don Javier, le yachac, baigne dans une atmosphère particulière, presque mystique. Au mur, sont accrochées des peaux de paresseux. Sur sa table, de multiples pots contenant des plantes médicinales sont éclairés par une bougie et par un crucifix lumineux. «Quand une personne tombe malade, cela signifie que l’harmonie physique et spirituelle s’est brisée et mon traitement tente de la rétablir», explique Don Javier tout en préparant ses ingrédients à la lumière de la bougie. Selon la conception andine, la santé est une quête de l’équilibre interne de la personne dans la relation à sa famille, à sa communauté. Et plus largement dans sa relation avec la nature, le cosmos. «Je voyage parfois plusieurs jours en Amazonie pour trouver les plantes dont j’ai besoin», confie-t-il. Les chamans ont recours à plus de 3.600 plantes autochtones pour préparer les remèdes. «Les plantes n’ont pas de pouvoir propre. Ce sont les rituels magiques qui donnent aux produits leur caractère curatif», relève-t-il. Le yachac est considéré comme un intermédiaire entre le monde des esprits et celui des hommes. Don Javier utilise les méthodes de diagnostic issues de la culture indigène, comme la prise du pouls, la lecture de la bougie ou celle de l’urine. Plus surprenante est la “radiographie du cochon d’Inde” qui consiste à passer cet animal sur le corps du malade pour déterminer quels sont les organes atteints. Le savoir du chaman est fondé sur l’expérience et l’observation de la nature, un savoir transmis de génération en génération.

L’accoucheuse traditionnelle à l’écoute

Autre figure emblématique de la médecine des Andes, l’accoucheuse traditionnelle, appelée partera. Après l’accouchement, la partera possède la faculté de faire renaître l’énergie qui a été perturbée, et de ramener la mère à l’équilibre initial. La matrone apporte également son soutien physique et affectif à la future mère tout au long de sa grossesse. D’où son surnom de Mamá. Mamá Margarita Morales exerce ses compétences au sein du village de Karabuela. «J’ai appris les gestes de ma mère, qui les a appris elle-même de sa grand-mère», raconte-t-elle en kichwa. Des mouvements habiles qui permettent le “manteo” du fœtus, c’est-à-dire de lui trouver la place idéale. L’accouchement se réalise dans l’intimité du domicile de la future mère. «La province d’Imbabura compte le plus haut taux de mortalité maternelle et néonatale du pays», explique José Terán, le directeur de l’hôpital San Luis d’Otavalo. «L’accouchement à domicile comporte des risques en cas de complications. C’est pourquoi, nous avons formé les parteras à la reconnaissance de ces risques». Pour réduire encore la mortalité infantile et néonatale, l’hôpital d’Otavalo a adopté une politique de santé ambitieuse qui mise sur l’interculturel.

En avril 2008, l’hôpital public San Luis d’Otavalo a ouvert les portes d’une salle d’accouchement “culturellement adéquate”, c’est-à-dire en phase avec les traditions des mères indigènes. «L’accouchement n’a pas seulement une fonction biologique, c’est aussi l’expression d’une culture», rappelle José Terán. «Nos études ont montré que 90 % des accouchements dans les communautés andines se réalisent en position verticale». La salle d’accouchement s’est dotée du matériel nécessaire pour permettre aux femmes d’accoucher assise ou accroupie selon leurs coutumes ancestrales. L’ambiance de la salle d’accouchement a été réfléchie pour être plus intime. «Les murs des hôpitaux sont blancs et froids. Pour nous, le blanc signifie la mort. Comment allons-nous encourager les femmes à donner la vie dans un lieu qui représente la mort?», explique Mamá Margarita Morales.

La présence de personnes de confiance que sont les accoucheuses traditionnelles a fait croître la fréquentation des patientes autochtones dans les établissements hospitaliers. «La mortalité néonatale a baissé de 50%», s’enorgueillit le directeur. «Mais, il a fallu faire face à la résistance du personnel médical devant des pratiques ancestrales ni scientifiques et ni rationnelles». La position allongée sur le dos est jugée plus pratique pour surveiller l’évolution de l’accouchement. Des ateliers de sensibilisation ont permis une analyse des similitudes et des différences des deux pratiques. Et un véritable dialogue des savoirs entre parteras et obstétriciennes s’est installé. «Toutes les connaissances sont utiles à l’heure de sauver des vies», affirme le Docteur Rosa Simbana. L’accouchement à la verticale fait d’ailleurs de nombreuses adeptes parmi les femmes métisses. «39% des femmes métisses accouchent dans cette position à San Luis d’Otavalo», précise-t-elle. «C’est moins douloureux et plus rapide. L’enfant peut même arriver en dix minutes», assure Mamá Margarita Morales. Les parteras et les obstétriciennes travaillent en binôme et se relaient 24h sur 24h pour assurer le bon déroulement de ces naissances. «En cas de complication, les femmes sont transférées dans la salle d’accouchement normale», explique Rosa Simbana, obstétricienne. «La salle d’accouchement occidentale, je voulais dire», se reprend-elle rapidement. A Otavalo, chamans et médecins, accoucheuses et obstétriciennes se côtoient, se respectent et interagissent pour le bien des patients. Ces programmes pilotes ont réussi leur pari: améliorer l’accès à la santé des plus vulnérables. «Néanmoins 5% de la population indigène de notre région ne se rend jamais dans un centre de santé, faute de moyens de transports», regrette José Terán.

Laurence Biron

La médecine alternative en vogue Au sud de la cordillère des Andes, l’hôpital privé de Riobamba articule, quant à lui, trois types de médecines. L’aile de médecine andine côtoie celle de médecine occidentale, appelée chimique. Ou encore allopathique, pour marquer sa différence avec la médecine alternative qui a aussi sa place dans l’enceinte de l’hôpital. «Nous pratiquons l’homéopathie, l’acupuncture, l’ostéopathie, le reiki et le biomagnétisme», annonce Laura Burgos, la directrice de l’hôpital. Ces médecines, nées d’une protestation contre le monopole de la médecine allopathique au début du 19ème siècle, ont vu tôt le jour dans les Andes, notamment à travers l’homéopathie. «L’idée est d’offrir aux patients plusieurs possibilités en fonction de leurs convictions ou préférences», poursuit Laura Burgos. Les différents médecins ont une vision large des autres pratiques et interagissent ensemble pour le bien du patient. «Chacun connaît les limites de sa médecine. Si le patient a une fracture, le yachac le transfère vers la zone de médecine “scientifique”». Les Equatoriens savent reconnaître ce qui peut être résolu via la médecine traditionnelle, la scientifique ou l’alternative.

Et voici la page source

je promets une traduction un jour… mais pas demain 😉

2056

C’est mon 80e anniversaire aujoud’hui. Flora et Nela sont arrivées tôt pour m’aider à mettre la table. Nous attendons beaucoup de monde.

Les garçons arriveront plus tard… Ils viennent juste de terminer de préparer le repas et sont sortis pour ramener un ingrédient secret pour leur célèbre salade.

Tout a l’air délicieux. La fête promet d’être à hauteur de mon grand âge.

Bon, il y a des inconvénient aussi : on m’a interdit d’entrer dans mon bureau… (je pense qu’on a caché une surprise là dedans… on verra ça plus tard), alors je vais devoir attendre pour répondre aux messages des amis lointains… Dommage, j’avais hâte de me connecter!

Je suis si heureuse d’être entourée de ma famille aujourd’hui… et si heureuse de faire bientôt connaissance mon arrière petite-fille : Et oui! Notre Nela, est enceinte de presque huit mois!

Elle vient s’assoir à côté de moi. Nous avons toujours eu une connexion très spéciale.

Abuelita? Est-ce vrai que tu es née dans un hôpital? – Elle pose cette question avec un mélange d’incrédulité et de pudeur. Comme si elle avait peur de me mettre mal à l’aise.

– Oui, ma chérie! C’est vrai! Je suis la seule femme de notre lignée à être née en dehors de la maison familiale! Ma mère a voulu que je naisse dans l’endroit le plus adéquat… selon les croyances de l’époque. C’est fou, n’est-ce pas?

– Oui! C’est fou- Poursuit-elle, puis elle risque une autre question.

– Mais, pourquoi elle a voulu accoucher dans un tel endroit?-

– Tu sais, à l’époque c’était courant… c’était presque la seule façon de venir au monde. Je ne pense pas que ma mère ai vraiement eu le choix. Ce sont des erreurs de l’histoire… tout le monde croyait, à l’époque, que c’était plus sûr, que c’était mieux pour la mère et pour le bébé… et elle a fait ce qu’elle pensait meilleur pour moi!

– Mais, est-ce que sa propre mère ne lui a pas rassurée? Elle l’a eu chez elle, pourtant…

– En effet, ma mère est née chez elle, tout comme sa sœur plus âgée et son frère… Mais la plus jeune de ses sœurs est déjà née à l’hôpital. L’idée que c’était nécessaire d’être entourée de médecins et près d’une salle d’opérations était déjà en train de s’implanter.

Flora se joint à nous. Elle apporte une grande cruche de limonade maison pour sa fille et deux verres de vin pour  nous, les vieilles.

Elle pose la main délicatement sur le ventre de sa fille. Elle attend pour sentir le bébé bouger… elle sourit! Je crois qu’elle a sentit quelque chose.

– Il me semble que c’était hier que tu est née. Regarde-toi, maintenant! Tu vas bientôt devenir mère à ton tour… Le temps passe tellement vite! – dit Flora dans un soupir.

– Allons! Interdiction de parler du temps qui passe le jour de mes 80 ans!- Je réponds en la taquinant.

Le téléphone sonne. C’est mon fils pour nous informer qu’ils n’ont pas encore trouvé leur ingrédient secret. Ils vont tarder encore un peu.

– Ne rentrez pas après les invités, tout de même. C’est ton anniversaire aussi, rappelle-toi!

La conversation suit son cours. Nous avons évoqué les naissances pour une énième fois pour Nela. Les souvenirs les plus drôles, les plus intenses… nos difficultés, les moments de doute et nos trucs pour apaiser la douleur.

– Le premier est très souvent un peu plus long, Nela. En plus il y a l’effet de la nouveauté… On a l’impression que c’est plus dur mais, en réalité, c’est parce que nous n’avons pas de points de repère.

– C’est exactement ce que Luisa m’a dit, maman!

Luisa est la sage-femme de Nela. Elle est aussi une très bonne amie de Flora et la fille d’une des figures les plus importantes de l’histoire moderne de la périnatalité : Mme Scott, la célèbre gynécologue qui a révolutionné l’attention périnatale lorsque, en 2015, est devenue ministre de la santé et a instauré une campagne de sensibilisation massive, qui a changé la façon de voir la naissance.

Les mesures entreprises par Mme Scott ont changé drastiquement la proportion de sages-femmes et de gynécologues-obstétriciens. Deux nouvelles écoles de sages-femmes ont vu le jour et l’attention de toutes femmes enceintes sans problèmes de santé est devenue leur tâche exclusive et plus celle des obstétriciens, ce qui était la norme jusque là. Les accouchement à domicile devinrent le mode de naissance le plus répandu et le taux de césariennes et d’épisiotomies baissa de manière drastique tout en améliorant les autres statistiques périnatales. Notre pays devint un exemple, comme les Pays-Bas.

L’ordre des médecins s’est farouchement opposée à ces mesures. Leur lobbying fit couler beaucoup d’encre. Mais le scandale de 2019 -qui éclata lorsque certains courriels compromettants entre leurs leaders et les compagnies pharmaceutiques ont été dévoilés- leur a resté crédibilité.

C’est alors que leur énorme influence sur l’institut de remboursement des soins de santé a pu enfin être déjoué et qu’on a pu mener les reformes nécessaires.

Une des plus importantes fut le campagne « connais ton corps », un tournant dans l’approche à l’éducation à la vie affective et sexuelle des jeunes filles.

Elles furent encouragées à découvrir et à explorer leur corps, à connaître leur cole, leur vagin et à découvrir les signaux et changements de leur corps tout au long de leur cycle. Elles ont pu participer à des groupes de parole intergénérationnels, qui leur ont permis de concevoir leur vie reproductive de manière autonome, mais intégrée dans un savoir féminin partagé.

La génération de Flora fut la première à bénéficier de cette nouvelle approche. C’est peut-être grâce cela que ses grossesses et ses accouchement furent si faciles. Je me rappelle encore quand elle m’a appelé le jour de la naissance de Nela.

-Maman, ça y est! J’ai des bonnes contractions depuis une heure. Je t’appelle maintenant parce que je sens que bientôt je ne pourrait plus vraiment parler. La sage-femme est déjà en chemin, elle devrait arriver d’une minute à l’autre. Je t’aime, pense fort à nous…

J’ai pensé qu’à elle ce jour-là! Les 4 heures suivantes je les ai passées à contacter tout le monde pour leur avertir que je serai injoignable pendant les 15 jours suivants : j’allais accompagner a fille de manière intense durant le post-partum : sa famille aurai besoin d’aide et j’étais ravie de pouvoir la leur donner.

Le grand avantage avec le système mis en place il y a une génération, c’est que les sages-femmes de proximité ne doivent jamais faire des grandes distances pour arriver chez leur patientes. Souvent, elles sont leurs voisines. Ça facilite beaucoup les choses. Rien à voir avec les trajets interminables pour aller faire mes examens chez ma sage-femme, qui habitait l’autre bout de la ville, quand j’avais eu mes enfants, presque 60 ans plutôt! C’est vrai qu’à l’époque, les sages-femmes n’étaient pas si nombreuses et elles travaillaient souvent en tant qu’employées des maternités. Ah! Quel chemin parcouru!

Ma fille a vécu la naissance de sa première fille dans une ambiance tellement joyeuse, sa maison remplie d’une énergie indescriptible, calme et remplie de vie.

Maintenant c’était son tour à elle! Elle devenait grand-mère… Je savais qu’elle attendait ce moment avec autant d’impatience que sa propre fille.

La porte d’entrée s’ouvre : les garçons arrivent avec l’ingrédient secret. Ils courent vers la cuisine… bruyants, pleins de bonne humeur…

Je sens que ça va être un anniversaire mémorable!

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