Adecuar culturalmente el parto: más allá de las intenciones


Un amigo, en otro espacio de debate,* proponía una reflexión interesante sobre  el desafío en qué consiste el querer adecuar culturalmente la atención del parto.

Fue triste y muy significativo que su intervención no suscitara ni una reacción en ese espacio… Sin embargo, la pregunta quedó dando vueltas en mi cabeza, en ese entonces preocupada por otras cuestiones.

Me puse entonces a pensar en el concepto de parto culturalmente adecuado, el contexto de su aparición y las circunstancias que lo han motivado. El mismo parece ser una buena idea, sin embargo, cuando uno escarba un poquito, hay muchos aspectos que no resultan tan brillantes ni gloriosos.

Adecuar culturalmente: mal menor para ‘salvar vidas’

Una de las motivaciones declaradas de la Guía Técnica para la atención del parto culturalmente adecuado, publicada en el cuadro del proyecto de Normatización del Sistema Nacional de Salud del Ecuador, es la de reducir las muertes maternas atribuidas a la prevalencia de prácticas como el parto domiciliario en ciertas franjas de la población.

Que estemos claros: según este paradigma, el parto domiciliario se debe evitar a toda costa ya que es la causa de la mortalidad materna.

Evitar la mala costumbre de parir en casa es la principal motivación para adecuar el parto. Lo que se busca, en el fondo, es atraer a las madres cuya cultura les haga reacias a someterse a los protocolos estandarizados.

Sería demasiado pedir el considerar que en ciertas condiciones (presencia de un profesional experimentado en atender partos, proximidad con un hospital, higiene suficiente, embarazo controlado y sin riesgos, madre en buena salud) el parto en casa es tan seguro como en el hospital.

A propósito, mi posición sobre la seguridad del parto domiciliario ha sido discutida en varios posts de este blog, los más relevantes siendo:

https://ecohumanist.wordpress.com/2009/01/15/parto-en-casa-vs-parto-en-hospital-el-mito-de-la-seguridad/

https://ecohumanist.wordpress.com/2008/04/19/dar-a-luz-en-casa-un-parto-seguro-y-lleno-de-amor/

Y el hospital abrió sus puertas a las parteras…

Según el paradigma del parto hospitalario universal -defendido por las autoridades sanitarias ecuatorianas-, resulta difícil el imaginar que se pudiera entrenar a las parteras tradicionales para que sean capaces de discernir quiénes son candidatas para un parto seguro en casa y quiénes deben acudir a un hospital, y considerar de esta manera al parto en casa como una opción más que no solo se practica y se prefiere, si no que además pueda ser segura.

No, es más fácil creer que el parto en un hospital pudiera ser “adecuado culturalmente” y que es mejor aceptar que las parteras acompañen a las madres… pero al hospital, único lugar considerado seguro para parir.

Sin embargo, de esta manera parecen abrirse posibilidades que no eran ni siquiera imaginables hace unos años en ciertos hospitales: que los parientes, maridos y hasta parteras ingresen a la sala de parto! Esto es aceptado e incluso recomendado por el Componente Normativo Materno (p 214 -215)

Una primicia en un contexto en donde, a pesar de estar grabado en las “tablas de la ley” de la atención del parto, la aceptación del padre o de algún miembro de la familia aún parece ser un tabú… Para muestra un botón: en una visita de observación reciente, de 4 hospitales públicos visitados solo 1 acepta sistemáticamente a un familiar durante el parto.

Una aberración: no hay otras palabras para describir esto! Lo que más necesita una mujer cuando está dando a luz es calor físico y humano, una presencia cariñosa, comprensiva, paciente, que no le juzgue… alguien que la entienda o que la ame! Cuando los responsables de los hospitales entiendan esto no serán necesarias adecuaciones culturales de ningún tipo ya que esto es una necesidad UNIVERSAL básica de la parturienta, más importante e imperiosa que la asepsia que parece obsesionarles, más vital que cualquier instrumento sofisticado de monitoreo fetal.

Y si el parto no fuera una cuestión culturalmente adecuable?

Se necesita este tipo de adecuaciones por la ignorancia del establishment médico y sanitario de las verdaderas necesidades de una mujer al dar a luz (discutidas aquí : https://ecohumanist.wordpress.com/2008/04/30/parto-libre-y-consciente-recomendaciones-de-michel-odent/).

Estas necesidades responden a nuestra fisiología, al diseño frágil y poderoso de nuestros cuerpos creadores de vida y son las mismas en toda latitud, clase social, etnia, pueblo, comunidad… Son condiciones transculturales las que permiten que un parto sea fácil o difícil.

Una parte del problema reside en que la formación de los médicos apunta a aplicar protocolos aprendidos sin una sola onza de espíritu crítico, sin mucho amor ni humanidad. La fisiología del parto no ocupa mucho espacio en sus programas de estudio… éstos están orientados a actuar, intervenir, cortar, extraer, inyectar, coser… La eficacidad es lo único que cuenta y esta se mide en minutos.

Otra parte del problema es la creencia de que se necesita un médico para atender un parto, cuando en el 80% de los casos un parto no requiere de ninguna intervención médica, tan solo una mirada experimentada para discernir lo fisiológico de lo patológico.

Más allá de las buenas intenciones, la adecuación cultural de la atención del parto revela no solo lagunas en los conocimientos de lo que un parto es verdaderamente… también revela bloqueos enormes para que se convierta en una experiencia humana empoderante en el contexto hospitalario-público.

*En el grupo de discusión Relacahupan-Ecuador

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