Archive for the ‘ecología’ Category

Diez cosas que ODIO de Quito

1.       Los espaguetis de cables entre poste y poste

2.       El humo de los buses, cáncer de nuestro aire… y que se atrevan a llamar a la ECOVIA de esa manera… porque de ecológica no tiene NADA!

3.       Las bolsas de basura reventadas en cada esquina

4.       Las jaurías de perros que ladran a cada hora de la noche

5.       Los tipos feos que te dicen asquerosidades y creen que te están piropeando

6.       Las veredas deformes, impracticables en algunos tramos

7.       Cuando estás primero en la fila de autos (porque no te pasaste el semáforo en amarillo) y te pitan exactamente al mismo tiempo en que cambia de rojo a verde el semáforo

8.       Los taxis que nunca tienen para darte vuelto

9.       Los check-points en la entrada de los barrios de la gente rica, que me dan la impresión de que estoy entre Palestina e Israel

10.   Y ni hablar de la posibilidad de que un ladrón armado entre en mi casa, me dispare y me mate por llevarse un anillo, tal vez una laptop y un celular…

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El conflicto de Badinter : la visón minoritaria y la ética del cuidado.

Elisabeth Badinter acaba de publicar un libro que ha hecho correr mucha tinta en Francés : « Le conflit, la femme et la mère« .

Aún no he leído su libro y no me permitiré criticarlo. Además, me parece que tiene un poco de razón : se cometen muchos errores para desarrollar algunas iniciativas, como la promoción de la lactancia – hay un riesgo real de culpabilización que se podría evitar centrando la lactancia en torno a la experiencia de la madre y no en nombre del bienestar del niño (discutido aquí). Del mismo modo, experimento también un cierto malestar cuando se justifican algunas orientaciones a las cuales suscribo – como el parto no-medicalizado- exclusivamente a partir de una lectura fisiólogica (“ es necesario dejar trabajar a las hormonas porque lo más importante, es vivir su instinto… ”).

Por el contrario, las afirmaciones hechas en las entrevistas que dio recientemente ya dan materia para situar cuál  es el problema y, a mi juicio, está a dos niveles:

1. El rechazo de las corrientes minoritarias o diferentes en el feminismo

En los años 70, la segunda ola de la feminismo surge del cuestionamiento del pensamiento único, masculino, patriarcal. El objetivo de las feministas de este período (como S. Beauvoir), consistía en demostrar que lo que se presentaba como “universal” no era, realmente, más que la ocultación del punto de vista de las mujeres, para hacer valer los intereses de los hombres.

Pero, desde entoces el feminismo se institucionalizó, desarrollando él también una línea única de pensamiento, en lo que se podría llamar “su línea tradicional”.

Nos da la impresión que esta « línea » mayoritaria (sobre todo en los países francófonos) – a menudo reconocida por las autoridades académicas y políticas-, tiene pretenciones de trazar fronteras entre lo que sería o no feminista. Así pues, visiones minoritarias, como las de los feminismos llamados “diferencialistas” o incluso “maternalistas” son deslegitimados… ni hablar siquiera de las feminismos con connotación religiosa o étnica… ¡Una feminista no puede llevar velo islámico, ya sabemos!

¿Una corriente mayoritaria que se niega a reconocer la legitimidad de las otras? Eso apesta a dominación!… En un movimiento emancipador como el feminismo?… No lo veo bien! Sobre todo que quienes se reivindican portadoras de la “verdadera corriente feminista” sabrían mejor que otros lo que es bueno para estos últimos: “¡no, no debes llevar velo! es un signo de opresión. no nos importa si intentas hacernos creer que lo llevas para reivindicar tu pertenencia – o más bien tu no-pertenencia-, como una revocación del estigma de tu origen” o “sí, debes tener una carrera y éxito profesional cueste lo que cueste, aunque eso implique dejar tus bebés en una guardería de pésima calidad 10 horas al día, a partir de los 3 meses…. ¡y que eso te rompa el corazón  no es importante! ¡no te sientas culpable (ya que se trata de ley de culpabilidad y no de un sentimiento más simple como la frustración de no poder seguir acurrucándote algunos meses más contra el cuerpo de tu bebé)! ¡nosotras lo hicimos antes de ti! ”

2. La confusión entre la maternidad y la ética del cuidado

Al mismo tiempo, E. Badinter, denuncia las “derivas reaccionarias” de las otras corrientes que defenderían según ella “a la maternidad como modelo político”.

Esta afirmación es preocupante de parte de una feminista!

Confundir maternidad (esencialmente femenina) y capacidad para cuidad a los más vulnerables (niños, enfermos, viejos, minusválidos…) es sugerir que la aptitud al cuidado depende del sexo.

Ninguna mujer y ningún hombre se pregunta “estaré realizando una tarea femenina (y en consecuencia no valorizada)? »al dar (temporalmente) la prioridad al cuidado mis seres queridos, antes que a una carrera, al éxito material y la notoriedad-  “¿Al hacer eso, estoy sometiéndome al otro sexo? ” Los y las que cuidan al otro por elección personal lo hacen movidos por el deseo de dar a esos otros lo que ellos necesitan.

Se trata de una custión de solicitud, no de culpa ni de obligación moral como madres!

Como Fabienne Brugère sostiene en su obra “El sexo de la solicitud “, cuando la solicitud es impuesta (como en el caso de las madres que sólo son madres porque se LES IMPONE este papel), a menudo se feminiza. Es el caso actualmente en nuestras sociedades europeas (no es necesario ir a buscar ejemplos en el Tercer mundo, no, no) donde las tareas del cuidado (enfermeras, amas de casa, pericultoras…)  se efectúan en su gran mayoría por mujeres.

No, no hablamos de maternidad. Se trata de una cuestión ética mucho más amplia que el papel tradicional de dedicación y sacrificio atribuído tradicionalmente a las mujeres. Se trata más bien de solidaridad hacia los más vulnerables.

Solidaridad humana y no abnegación femenina. Lo que el feminismo puede aportar al género humano y no solo a las mujeres : mejorar nuestra capacidad para vivir en paz con nuestra fragilidad. Trascender el individualismo para descubir nuestra interdependencia.

Ahora, estoy de acuerdo con la Sra. Badinter si se trata de denunciar el hecho que el cuidado sea asimilado a un atributo femenino y que la solicitud sea cuestión de género. Sí, denuncio (con ella, si me acepta a su lado) la sexualización de la solicitud.

Pero me pregunto… ¿Acaso esta negación categórica de la maternidad como experiencia positiva molesta a algunas feministas porque les recuerda su vulnerabilidad? ¿El hecho de que hombres y mujeres tengan necesidad, un día u otro, de los otros? Cuándo son bebés, niños, viejos o enfermos. ¡En mi opinión sí! Para una feminista que cree que la la realización personal sólo es posible como individuo todopoderoso, el saberse vulnerable y suceptible de conmoverse por la vulnerabilidad del otro (bebé, anciano, enfermo…) debe ser difícil de aceptar!

¿Entonces, que hacer de nosotras, las mujeres que damos prioridad (de nuevo, tal vez solo temporalmente) al cuidado de quienes amamos (nuestros hijos y nuestro planeta Tierra, nuestra madre Tierra)… y que además, colmo de males, nos declaramos feministas? (Y que a menudo nos rodeamos de hombres en el mismo estado de ánimo que nosotros, quienes comparten las tareas domésticas de manera más justa que los hombres cuyas mujeres eligen biberones, pañales desechables, alimentos industrializados industriales y guarderías 10 horas al día…).

Sería la primera en denunciar el parto sin anestesia, la lactancia, los pañales de tela… como un peligro para la emancipación, si me pudieran garantizar o probar que si todas las mujeres del planeta tuvieran acceso gratuitamente y sin restricciones a la leche en polvo, pañales desechables, guarderías 24horas al día… se arreglarían los problemas de la igualdad hombre/mujer, la diferencia salarial, de la  falta de representación femenina en política, de la violencia intrafamiliar…

No lo creo. Ni un solo instante!

Creo que E Badinter se equivoca.

(Preo igual voy a leer su libro… aunque nunca se me ocurriría gastar ni un centavo en ello : me lo van a prestar 😉 )

Madre nuestra, que estás en la tierra

Liberar a la Diosa, luego de milenios de opresión, cuesta tanto como encontrar una brecha en el muro contra el cual nos precipitamos a la velocidad irresponsable del consumo de nuestros recursos.

Soy atea del dios macho, de ese dios odioso, invisible, único, celoso, omnisciente y prepotente! Ese dios de la guerra santa y de la sumisión de la sexualidad. El dios de la predación y del consumo.

Pero creo en la Diosa pagana de las brujas, de los mitos matriarcales, del sincretismo y de la libertad de culto.

No creo que haya creado nada, ni que decida nada. Porque la creación es un acto de separación entre el caos y el orden, entre la vida y la muerte. La Diosa trasciende en el presente, en todo lo que vive y en lo que le da sentido la vida sin prohibir y sin castigar.

Una espiritualidad pagana, pragmática, material que nos permita amarnos como somos y no como a alguien extraño y lejano se le ocurrió que deberíamos ser.

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