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Adecuar culturalmente el parto: más allá de las intenciones

Un amigo, en otro espacio de debate,* proponía una reflexión interesante sobre  el desafío en qué consiste el querer adecuar culturalmente la atención del parto.

Fue triste y muy significativo que su intervención no suscitara ni una reacción en ese espacio… Sin embargo, la pregunta quedó dando vueltas en mi cabeza, en ese entonces preocupada por otras cuestiones.

Me puse entonces a pensar en el concepto de parto culturalmente adecuado, el contexto de su aparición y las circunstancias que lo han motivado. El mismo parece ser una buena idea, sin embargo, cuando uno escarba un poquito, hay muchos aspectos que no resultan tan brillantes ni gloriosos.

Adecuar culturalmente: mal menor para ‘salvar vidas’

Una de las motivaciones declaradas de la Guía Técnica para la atención del parto culturalmente adecuado, publicada en el cuadro del proyecto de Normatización del Sistema Nacional de Salud del Ecuador, es la de reducir las muertes maternas atribuidas a la prevalencia de prácticas como el parto domiciliario en ciertas franjas de la población.

Que estemos claros: según este paradigma, el parto domiciliario se debe evitar a toda costa ya que es la causa de la mortalidad materna.

Evitar la mala costumbre de parir en casa es la principal motivación para adecuar el parto. Lo que se busca, en el fondo, es atraer a las madres cuya cultura les haga reacias a someterse a los protocolos estandarizados.

Sería demasiado pedir el considerar que en ciertas condiciones (presencia de un profesional experimentado en atender partos, proximidad con un hospital, higiene suficiente, embarazo controlado y sin riesgos, madre en buena salud) el parto en casa es tan seguro como en el hospital.

A propósito, mi posición sobre la seguridad del parto domiciliario ha sido discutida en varios posts de este blog, los más relevantes siendo:

https://ecohumanist.wordpress.com/2009/01/15/parto-en-casa-vs-parto-en-hospital-el-mito-de-la-seguridad/

https://ecohumanist.wordpress.com/2008/04/19/dar-a-luz-en-casa-un-parto-seguro-y-lleno-de-amor/

Y el hospital abrió sus puertas a las parteras…

Según el paradigma del parto hospitalario universal -defendido por las autoridades sanitarias ecuatorianas-, resulta difícil el imaginar que se pudiera entrenar a las parteras tradicionales para que sean capaces de discernir quiénes son candidatas para un parto seguro en casa y quiénes deben acudir a un hospital, y considerar de esta manera al parto en casa como una opción más que no solo se practica y se prefiere, si no que además pueda ser segura.

No, es más fácil creer que el parto en un hospital pudiera ser “adecuado culturalmente” y que es mejor aceptar que las parteras acompañen a las madres… pero al hospital, único lugar considerado seguro para parir.

Sin embargo, de esta manera parecen abrirse posibilidades que no eran ni siquiera imaginables hace unos años en ciertos hospitales: que los parientes, maridos y hasta parteras ingresen a la sala de parto! Esto es aceptado e incluso recomendado por el Componente Normativo Materno (p 214 -215)

Una primicia en un contexto en donde, a pesar de estar grabado en las “tablas de la ley” de la atención del parto, la aceptación del padre o de algún miembro de la familia aún parece ser un tabú… Para muestra un botón: en una visita de observación reciente, de 4 hospitales públicos visitados solo 1 acepta sistemáticamente a un familiar durante el parto.

Una aberración: no hay otras palabras para describir esto! Lo que más necesita una mujer cuando está dando a luz es calor físico y humano, una presencia cariñosa, comprensiva, paciente, que no le juzgue… alguien que la entienda o que la ame! Cuando los responsables de los hospitales entiendan esto no serán necesarias adecuaciones culturales de ningún tipo ya que esto es una necesidad UNIVERSAL básica de la parturienta, más importante e imperiosa que la asepsia que parece obsesionarles, más vital que cualquier instrumento sofisticado de monitoreo fetal.

Y si el parto no fuera una cuestión culturalmente adecuable?

Se necesita este tipo de adecuaciones por la ignorancia del establishment médico y sanitario de las verdaderas necesidades de una mujer al dar a luz (discutidas aquí : https://ecohumanist.wordpress.com/2008/04/30/parto-libre-y-consciente-recomendaciones-de-michel-odent/).

Estas necesidades responden a nuestra fisiología, al diseño frágil y poderoso de nuestros cuerpos creadores de vida y son las mismas en toda latitud, clase social, etnia, pueblo, comunidad… Son condiciones transculturales las que permiten que un parto sea fácil o difícil.

Una parte del problema reside en que la formación de los médicos apunta a aplicar protocolos aprendidos sin una sola onza de espíritu crítico, sin mucho amor ni humanidad. La fisiología del parto no ocupa mucho espacio en sus programas de estudio… éstos están orientados a actuar, intervenir, cortar, extraer, inyectar, coser… La eficacidad es lo único que cuenta y esta se mide en minutos.

Otra parte del problema es la creencia de que se necesita un médico para atender un parto, cuando en el 80% de los casos un parto no requiere de ninguna intervención médica, tan solo una mirada experimentada para discernir lo fisiológico de lo patológico.

Más allá de las buenas intenciones, la adecuación cultural de la atención del parto revela no solo lagunas en los conocimientos de lo que un parto es verdaderamente… también revela bloqueos enormes para que se convierta en una experiencia humana empoderante en el contexto hospitalario-público.

*En el grupo de discusión Relacahupan-Ecuador

Por qué Elisabeth Badinter no entendió el conflicto.

El debate que ha suscitado el libro de Elisabeth Badinter “Le conflit, la femme et la mère” (El conflicto, la mujer y la madre) se ha calmado un poco.

Tal vez sea interesante repasar algunos de los puntos evocados en este libro ya con cabeza más fría y en vista de lo que hayamos podido aprender del debate.

Estoy de acuerdo en que se critique a Badinter siempre y cuando se critique su punto de vista individualista de la emancipación, el cual, según yo, se traduce así “no me puedo realizar, de otra forma que como mujer-individuo, por lo mismo las experiencias interpersonales y afectivas fuertes como la maternidad deben pasar a segundo plano”.

Nunca en su libre propone ella un sistema alternativo en el cual las soluciones sean aportadas por la sociedad en su conjunto : la mujer está en conflicto con la maternidad más por falta de apoyo y de valorización de tareas relativas al cuidado en general y no solo el de los niños…

Pero me adelanto!

Por esta visión limitada de la emancipación, ella ve como un retroceso que nuestra generación exija la posibilidad de gozar de la maternidad e interpreta como efecto de backlash que jóvenes profesionales dejen de buscar su realización en la carrera (también discutido en este post).

Más grave aún, denuncia a la lactancia, a los pañales de tela y al colecho como los culpables de que conquistas como el acceso al mundo laboral y a derechos sociales comparable a los de los hombres sean ahora cuestionados… cuando la experiencia de muchas madres jóvenes y profesionales que hemos escogido lactancia, colecho y pañales de tela prueban lo contrario.

Jamás criticaré a Badinter con una visión esencialista de la diferencia (ya sea esta sexual, de orientación sexual o de otro tipo) ya que es la puerta abierta a todo lo malo que presenció la Humanidad durante el siglo veinte.

Es más, me siento muy identificada con ciertas lecturas que Badinter propone de la exagerada valorización de cierto modelo de maternidad : tratar de ser la perfecta madre natural, guiada exclusivamente por sus instintos y obedeciendo a los deseos de sus hijos en todo momento me parece una insensatez: todos los seres humanos vivimos en constante interacción y debemos negociar constantemente nuestros deseos. No veo por qué en la relación madre-hijos debiera ser diferente. Ah! Si, porque los bebés son seres indefensos, totalmente vulnerables y dependientes…

Ante esto de la vulnerabilidad y la dependencia dos cosas (ambas evocadas y no desarrolladas con sinceridad por Badinter en su libro):

1.      La participación del padre y de la sociedad en las tareas de cuidado a los bebés. Quién dice que la dependencia del bebé deba ser asumida por la madre exclusivamente? No se puede imaginar que el colecho, la lactancia y los pañales sean una decisión de la pareja y que ambos participen, desde su especificidad (biológica u otra) pero de manera equitativa en ellas?

2.      La confusión entre maternidad y ética del cuidado, que discutimos e este post y que podríamos ampliar afirmando que todas la personas (y no solamente cuando son bebés) atraviesan por momentos en los cuales necesitande derechos y cuidados específicos. : la madres cuando están embarazadas o dan a luz, las personas de la tercera edad, los enfermos, los discapacitados, los niños, las víctimas de catástrofes naturales… Se trata menos de una cuestión ligada a la edad o al sexo, si no más bien una caracterísitca de nuestra condición humana : no somos casi nunca lo que E. Badinter quisiera que fuésemos, es decir individuos auto-suficientes, siempre buscando nuestra realización individual. Somos vulnerables y vivimos nuestra vulnerabilidad y nuestra dependecia sumergidos en afectos.

Ahora, el problema que Badinter no evoca en su libro, pero que me parece más grave que los conflictos entre nuestra experiencia de individuos-mujeres y de madres es que, cuando las mujeres se contentan con asumir solas la vulnerabilidad humana (como es el caso en gran parte de nuestras sociedades), la sociedad menosprecia el cuidado que ellas asumen y, más grave aún, les impide el participar en la toma de decisiones ligadas a la distribución de las responsabilidades relativas a los más vulnerables… que son responsabilidades sociales y no individuales.

Quien cuida a los viejos, a los enfermos, a los niños…? En gran parte son mujeres, aún más si son pobres.

Para ella, la maternidad está sobre-valorada.

Para mí, las experiencias afectivas fuertes que, como la maternidad, nos ayudan a sobrellevar nuestra vulnerabilidad y nos demuestran cuán dependientes somos, están desvalorizadas…

Valoricemos el cuidado y se acabarán este y muchos conflictos más.

Salud de las mujeres y Derechos Humanos

Del 6 al 9 de septiembre del 2011 tendrá lugar en Bélgica un encuentro internacional sobre salud de las mujeres.

Tal vez la fuerza y el interés del evento resulta en que, enfoca la salud desde un punto de vista amplio : « Se trata de una nueva perspectiva holística y multidimensional de la salud, en constante interacción y en equilibrio con los medioambientes físicos y sociales. Exige la acción coordinada de todos los sectores implicados (los gobiernos, los sectores sanitarios, sociales y económicos, las organizaciones benéficas, las autoridades locales, etc.), así como también la participación efectiva y concreta de los individuos, familias y comunidades. Esta visión toma en cuenta los factores de vulnerabilidad de los individuos para definir los determinantes de la salud, en los cuales se basan las estrategias y las acciones necesarias para mejorar la salud de éstos, las cuáles dependen de las necesidades y posibilidades locales de cada región y país.

Los temas son variados :

« 1. Los sistemas políticos, sociales y económicos:

Las políticas neoliberales y la globalización aumentan las desigualdades sociales, privilegian la privatización de los servicios públicos, preconizan el desarrollo de la biomedicina comercial, favorecen el escaso financiamiento de las organizaciones con fines no lucrativos, perpetúan el conservadurismo social (que amenaza por ejemplo el derecho al aborto y a la contracepción, etc.) y se resisten al análisis de género, a la emancipación de las mujeres y a la evolución de las relaciones sociales entre los sexos. También contribuyen a la dominación de género, a la sexualización de los espacios públicos y a la comercialización del cuerpo de las mujeres (…)

2. Culturas y marcadores de identidad

El género, las normas sociales y las percepciones asociadas al hecho de ser mujer u hombre, son los puntos de interacción más determinantes en la vida de las mujeres. No obstante, la edad, la orientación sexual, la religión y la lengua son también componentes de la identidad de éstas.

Aún cuando la etnia y la migración también determinan la identidad de las mujeres ni la una ni la otra son consideradas de manera sistemática en la investigación en salud.
(…)

Las culturas inducen diferentes concepciones de salud variables (que se mueven en contínuos). Cuáles son sus influencias y sus consecuencias en la salud de las mujeres?

Los contínuos:
• de las prácticas – desde los curanderos a los científicos, de los saberes tradicionales a los saberes denominados científicos,
• de las creencias – del laicismo a las religiones,
• de las epistemologías – de la medicina biomédica a la promoción de la salud.
Es importante velar por el desarrollo de una visión crítica de la producción y transmisión de saberes en materia de salud en general y los de las mujeres en particular. Cuando los recursos médicos y sociosanitarios escasean, se privilegia el saber de las mujeres, pero cuando éstos abundan, este mismo saber es considerado sospechoso e ilegítimo. De la misma forma, es importante incluir los saberes alternativos y marginalizados.

3. Las representaciones de la salud:

Por mucho tiempo, la salud fue definida como la ausencia de enfermedad. Actualmente es definida como una construcción social multidimensional en constante evolución.Una visión global de la salud integra factores físicos, psicológicos, culturales, espirituales, medioambientales, económicos y sociales que se articulan unos con otros. Además promueve el concepto de autocuidado que cuestiona estos diversos aspectos. El feminismo permite completar adecuadamente el enfoque de salud de las mujeres. Las mujeres pueden hacer una mejor lectura del contexto en el cual viven, permitiéndoles identificar y comprender los lazos que existen entre su estado de salud y sus condiciones de vida. Esta toma de conciencia facilita a las mujeres reconocer sus propias habilidades, favoreciendo así su autonomía y su capacidad de decidir en todo lo que determine su estado de salud, y retomar el control de sus propias existencias.

El autocuidado obliga a los individuos a asumir sus propias responsabilidades, a desarrollar un sentido crítico frente a las informaciones recibidas, a transformar unas relaciones terapéuticas convencionales jerarquizadas en otras más igualitarias, participativas y colaborativas, lo que necesita un replanteamiento de la cuestión del poder médico hegemónico así como también respetar la autonomía de las mujeres y su derecho al consentimiento libre e informado.
4. Redes sociales:

Las relaciones entre los individuos tienen un efecto en la salud de éstos. Las redes sociales nacen a partir de las familias, los amigos, las comunidades y los lugares de trabajo. El apoyo social juega un rol extremadamente importante en la salud de las personas y de las comunidades. Determinan la salud:

• la solidaridad,
• la ayuda mutua,
• el poder reír,
• el hablar libremente,
• el hecho de tener confianza en sus propias capacidades y potencialidades gracias a los demás,
• la compañía,
• el hecho de contar con los medios (tiempo,libertad…) para crear contactos, alianzas, grupos de pertenencia, etc.
Es importante que se puedan tejer redes sociales de apoyo y de solidaridad, tanto en el conjunto de la sociedad (la salud de las mujeres no será posible sin la participación de los hombres y vice versa) como entre las mujeres:

• cada mujer en su singularidad, debe poder crear, ser aceptada, dirigir una red de solidaridad, de intercambios, de servicios y de conocimientos (transmisión de saberes y experiencias) entre mujeres,
• cada mujer participa con sus diferencias, talentos, debilidades, habilidades y creencias para crear, nutrir, reforzar redes sociales y darles una máxima visibilidad, en un clima de entendimiento, fraternidad, seguridad, emancipación, plenitud y respeto.
5. Situación personal, conyugal y familiar :

La situación personal unida o no a una vida conyugal y familiar, es esencial para la salud de las personas, la pareja y las familias son espacios de desarrollo, de realización personal y de adquisición de actitudes y comportamientos favorables para la salud (desarrollo y fortalecimiento de la autoestima, de la eficacia personal percibida así como también de la comunicación individual, de la dinámica conyugal e intrafamiliar). Son también espacios de escucha y apoyo, especialmente cuando las personas atraviezan por momentos difíciles y/o dolorosos , siendo los primeros también en hacerse cargo de los enfermos y discapacitados. La situación personal, conyugal y familiar puede tener un impacto negativo en la salud de las mujeres ya sea como fuente de conflictos, de sobrecarga de trabajo o de violencia de ahí la necesidad de tomarlos en cuenta como un elemento determinante en la salud de éstas. Este eje debe ser integrado entre los otros determinantes de la salud, de lo contrario privilegiaríamos el retorno irremediable de una lógica esencialmente biomédica.
Este eje debe estar basado en:

• elecciones libres, informadas y consentidas,
• la libertad en términos sexuales, reproductivos, de elección del o de la compañera, de las disposiciones conyugales ( con o sin matrimonio o contrato de cohabitación, etc.)
• la igualdad de derechos y en el respeto de las relaciones conyugales, entre compañeros y familiares,
• el desarrollo y apoyo de los derechos individuales (en oposición a los derechos derivados). »

Me quedo con esta última frase… Espero poder participar!

El cuestionamiento de prácticas médicas profesionales por parte de los usuarios de los servicios del sector de la perinatalidad. Parte I

« © Springer-Verlag 2009. Artículo reproducido y traducido con la amable autorización del editor : E. Phan (2009). El cuestionamiento de prácticas profesionales por parte de los usuarios de los servicios del sector de la perinatalidad. Rev. Méd Périnat & : 207 – 12 »

El cuestionameiento de prácticas médicas profesionales por parte de los usuarios de los servicios del sector de la perinatalidad. Cuáles son sus origenes históricos, la legitimidad y los medios actualmente?

Parte I : Los orígenes históricos del cuestionamiento cuestionameiento de prácticas médicas profesionales por parte de los usuarios de los servicios del sector de la perinatalidad.


Consumers of maternity care are challenging professional medical practice: the historical background, legitimacy, and present operation of this challenge.

Part I: Consumers of maternity care are challenging professional medical practice: a historical background.

Resumen de la partie I

En la segunda mitad del siglo XX, en Francia, el cuestionamiento de las prácticas médicas en el campo del embarazo y del parto es producto de ciertos profesionales de la salud (parto sin dolor desde 1952, lugares alternativos en los años 1970 -1980). La expresión colectiva, autónoma y concertada de las mujeres, padres, asociaciones es poco visible. Las mujeres acceden a la contracepción, a la interrupción voluntaria del embarazo y, en los años 1980, a la peridural. Todas aquellas son técnicas médicas ya no prescritas a las pacientes, si no más bien escogidas por la mujer, quien adquiere la posibilidad de pedirlas al médico. En el campo de la salud en general las relaciones entre pacientes y personal sanitario evolucionan gracias a las asociaciones de enfermos (enfermos del cácer, del sida, de enfermedades raras) quienes se organizan para expresarse colectivamente : proceso que desemboca en las leyes del 2002 relativas a los derechos individuales y colectivos de los usuarios de la salud. Las asociaciones del sector de la perinatalidad son poco visibles en estos movimientos de pacientes, pero algunas de ellas tratan de sumarse al movimiento al rededor del año 2000. Por lo general, el cuestionamiento colectivo y argumentado de las prácticas médicas no es central para las asociaciones de padres sin duda por razones históricas y ligadas a las dificultades relativas al acceso a las publicaciones médicas.


Palabras claves
: Derechos de los usuarios de la salud – Asociaciones de usuarios de la salud – Asociaciones de Padres – Derechos de las mujeres – Evidence-base medicine – Medicina factual – Alta Autoridad de la salud

Abstract
During the second half of the 19th century in France, a critical evaluation of medical practice with respect to child bearing and child delivery has been initiated by a few health caregivers: painless childbirth from 1952 onward and alternative places for delivering babies during the 1970–1980s. During this period, little attention has been paid to collective, autonomous, and shared voices of women, parents, and nonprofit societies. Women have been offered access to contraception, abortion, and finally the epidural after 1980. All these medical techniques were no longer prescribed to patients but rather chosen by women who expect physicians to apply them. In the global domain of health, interactions between patients and caregivers underwent a radical change thanks to patient organizations (cancer, AIDS, and rare diseases) as the latter stood us to speak in a collective voice. This process led to the 2002 law on individual and collective rights of consumers of health care. Indeed, groups dealing with maternity services remained almost out of sight in patient movements, but a few societies started moving on during the early 2000s. In general, parent societies were not yet engaged in a collective evaluation of medical practice substantiated with reliable sources, both because of historical reasons and difficulties in accessing edical literature.

Keywords: Patient’s rights · Patient organization · Parents societies · Women’s rights · Evidence-base medicine

Introducción general

Desde el 2002, en Francia, la participación de los pacientes « usuarios de la salud » está prevista en las organizaciones y establecimientos de salud a todo nivel (por las leyes « Kouchner »). En el sector de la perinatalidad, las asociaciones de las cuales surgen los representantes de los usuarios, y en particular aquellas re-agrupadas en el colectivo « CIANE » (Colectivo inter-asociativo al rededor del nacimiento), aseguran una observación crítica de la organización del sistema de atención, desean, ante todo, que se restituya el carácter no-médico del nacimiento, pero asimismo también presentan, y es el objeto de esta serie de tres artículos, una manera específica de abordar su papel, la misma que puede parecer alejada de lo que se podría esperar de ellos : cuestionan las prácticas de los profesionales de la salud, ciertos protocolos, ciertos tratamientos. Se tratará aquí entonces de responder a la interpelación recurrente « Pero qué se creen, ustedes, los usuarios, para meterse en cuestiones profesionales? ».

La presentación de los orígenes históricos de la orientación de los usuarios de la perinatalidad hacia el cuestionamiento colectivo de las prácticas profesionales será el tema de una primera parte. La segunda establecerá la cuestión de la legitimidad de este cuestionamiento en el contexto de la representación de los usuarios en el sistema de salud. Por último, una tercera parte presentará las condiciones técnicas y las aptitudes que permiten a los usuarios el acceso a los datos de la medicina factual y su explotación crítica, insistiendo en la aplicación que de ella se hace en el colectivo CIANE, en el cual la autora está personalmente implicada.

Durante la segunda mitad del siglo XX, en Francia, todo cuestionamiento de las prácticas médicas proviene, en gran parte, de los profesionales, mientras la obtención del control de la fecundidad y el acceso a la peridural implican que los médicos ya no son los únicos que toman la decisión si no que también se ven ante la necesidad de responder a la elección de cada mujer.

El « paternalismo médico » caracteriza tradicionalmente las relaciones paciente-profesional médico. El cuestionamiento individual, limitado a la esfera íntima, es con certeza constante. Sin embargo, el cuestionamiento colectivo y organizado es lo que nos interesa aquí. Este tipo de cuestionamiento, por parte de los usuarios de la perinatalidad, parece llegar de manera tardía a Francia, al menos al compararlo con otros movimientos de usuarios de la salud.

Antes de los años 1950, las críticas que se han dado a conocer surgen de parte de las obstetrices/parteras (al no estar claro el uso adecuado entre los dos términos, propongo el utilizar los dos indistintamente – NdT) con respecto a los médicos (1). Luego de la Segunda Guerra Mundial, las mujeres van a dar a luz de manera masiva en las maternidades, y se ven sometidas a protocolos que emanan de la higiene pasteuriana y de la necesidad de gestión de partos numerosos, en establecimientos cuya vetustez disminuye lentamente. Las mujeres no parecen cuestionar lo que se presenta como un acceso a la atención para todas, el cual ha sido posible gracias a la creación reciente de la Seguridad social.

En los años 1950-1970, los médicos empiezan a promover la técnica del parto sin dolor (PSD). El PSD no fue una reivindicación de las mujeres ante la las actitudes del cuerpo médico : el descubrimiento y la difusión de esta técnica fueron fruto del trabajo de médicos, a los cuales se les suman las obstetrices/parteras. La preparación en sí misma, basada en los reflejos pavlovianos, consiste en un aprendizaje impartido por los profesionales a las mujeres, quienes se vuelven alumnas atentas y, según ciertas interpretaciones, son luego evaluadas e incluso en ciertos casos se les atribuirá notas, en función del éxito del parto. El PSD parece haber entusiasmado al principio a las mujeres y este entusiasmo se difundió en los medios. La crítica virulenta vendrá más tarde. Entre tanto, las madres del baby-boom, hayan o no dado a luz preparadas con la técnica del PSD, han dejado pocos testimonios de reserva o de duda con respecto a las prácticas médicas. Parecería, sin embargo, que en este período hubo mujeres y grupos protagónicos desde un punto de vista filosófico o militante y de los cuales hemos encontrado huellas en la memoria oral. Estas mujeres y estos grupos necesitan investigaciones más profundas.

Sin embargo, el PSD tuvo un papel importante para los eventos posteriores. Por un lado permitió que las mujeres adquieran conocimientos sobre la anatomía y la fisiología de sus cuerpos y que se liberen de la fatalidad del dolor(2), lo cual no es nada banal. Por otro lado, el PSD fue cuestionado por las mismas mujeres. El contenido de este cuestionamiento fue muy importante por las lecciones que de él quedaron. En 1979 se publica Les bateleurs du mal-joli (3), (Los ilusionistas del buen-dolor –NdT : en ausencia de traducción de la obra al español, propongo una traducción personal del título) libro que tuvo mucho éxito y que parece haber contribuido a la generalización de la peridural. Una parte importante de esta obra es una crítica virulenta de la técnica del PSD o de la preparación psicoprofiláctica al parto. El cuestionamiento se dirige a la falta de eficacia de la técnica, al menos en las condiciones de su ejecución en aquella época, pero también al hecho de que paradójicamente sirve de pretexto a la falta de acompañamiento. El PSD permitirá sobretodo que se considere resuelta la cuestión del dolor del parto. Lo que la autora denuncia es el poco espacio que deja esta técnica a la expresión de las mujeres y al reconocimiento de lo que ellas viven y sienten.

Entre tanto, la segunda ola del feminismo de los años 1960–1970 desembocó en la legalización y en la disponibilidad por parte de las mujeres de medios de control de la fertilidad. Contracepción e interrupción voluntaria del embarazo son intervenciones médicas que, por primera vez en la historia no son decisiones del personal sanitario si no de las personas para quienes están destinadas (NdT : Obviamente, la interrupción voluntaria del embarazo entra en esta categoría en un contexto en el cual la misma está despenalizada. En Francia, el aborto se despenalizó en 1975, en España en 1985, en Bélgica en 1990). Esto puede ser considerado como un paso adelante en historia de las relaciones entre profanos y profesionales (4).

Al final de los años ’70, la lucha por acceso a la peridural fue también iniciada por la mujeres. Se trataba de obtener la generalización y la subvención de esta técnica médica, el objetivo era que esta sea accesible a todas las mujeres, y en este caso, como fue en el de la contracepción y el aborto, también que este acceso sea fruto de su decisión. Les mujeres desean obtener el control de una técnica que está siendo puesta a sus disposición por el cuerpo médico, lo cual es diferente a la dinámica desarrollada entorno al PSD : éste puede considerarse como el fruto de un proceso inverso, es decir una técnica que toma el control, a través del aprenizaje y el trabajo entorno a los reflejos, del cuerpo y del intelecto de la mujer. Como en el caso de la contracepción y del aborto, los historiadores ponen énfasis en las reticencias iniciales del cuerpo médico, que van a transformarse en una adhesión masiva a la peridural.
En los años 1970 se desarrollan, de manera minoritaria, técnicas alternativas experimentales de preparación al parto, de atención al mismo y de acogida del recién nacido. Se trata, según nuestro punto de vista, de una voluntad de humanizar las condiciones del nacimento, tal vez mezcladas a concepciones filosóficas o espirituales como la confianza en lo natural. Yoga, sofrología y haptonomía, canto prenatal, vegetoterapia son parte de estas técnicas propuestas para la preparación al parto. Surgen movimientos entorno a médicos. Entre los más mediatizados, aunque no fueron los únicos en haber cumplido un papel a veces muy importante, Frédérick Leboyer se interesa únicamente a la acogida sin violencia del recién nacido. Michel Odent, en Pithiviers, propone salas de parto « naturales » en las cuales una parte del trabajo puede pasar en el agua. Los lugares en donde se practican estos partos diferentes son identificados claramente y se han vuelto emblemáticos en Francia: la maternidad de Lilas, en París o la de Pertuis, en el Vaucluse.

Cabe preguntarse sobre el lugar que se atribuyen las mujeres, los padres, los usuarios con respecto a los profesionales de la salud a fines de los años 1970 y durante los años 1980. Tienen una voluntad y la capacidad de organizar la expresión colectiva de manera autónoma?

Por un lado hay una continuidad con la teoría anterior: el cuestionamiento de las prácticas obstétricas proviene de ciertos profesionales, a veces rechazados por sus colegas, pero cuyas proposiciones encuentran cierto éxito entre una buena parte de la población de padres y, a veces, hasta un reconocimiento mediático. Este éxito revela, en efecto, la existencia de un cuestionamiento por parte de los usuarios de las prácticas comunes y corrientes. El mismo se expresa entonces de manera indirecta por parte de los usuarios, al acordar su confianza a aquellos profesionales que proponen las prácticas alternativas.

Así fueron creadas las asociaciones de padres, y dan la impresión de haber sido numerosas. En algunos casos tenían por objetivo el proponer informaciones sobre los lugares y los modos de parto alternativos, el mantener un diálogo entre familias alrededor de estos lugares o de estas prácticas, el defenderlos cuando su perennidad era amenazada. Sin embargo, cabe preguntarse si estas asociaciones tuvieron un modo de expresión colectiva? Los ejemplos son raros y nos resulta difícil el comprender si se trataba de movilizaciones autónomas de padres o más bien de apoyo a proyectos profesionales.

Huellas profundas y frontales de un cuestionamiento de las actitudes y de las prácticas médicas provienen de dos autoras feministas. En 1979, M.-J. Jaubert publica el panfleto antes citado Les bateleurs du mal-joli, el mismo que fue interpretado como una demanda de la generalización de la peridural. Sin embargo, nuestra lectura de esta obra -al igual que la de la publicación de la misma autora en 1982 « Estos hombres que nos hacen parir”- rescata más bien el rechazo de todo poder exterior sobre el cuerpo de la mujer que da a luz. Lo que ella recusa, es que ciertas corrientes filosóficas, ciertas elecciones, ciertas innovaciones técnicas sean presentadas a las mujeres como la solución absoluta, a la cual todas y cada una deben adherir. M-J Jaubert denuncia tanto al aprendizaje de técnicas del parto como la obstetricia-ecologista, la sobre-tecnicización, la peridural sistemática, los partos a domicilo, etc. Lo que ella defiende, finalmente es la autonomía de la elección de la mujer.

Otra mujer, F.-E. Morin, escribe en 1985 un « Pequeño manual de guerrilla dedicado a las mujeres embarazadas” (5) en el cual ella destaca, una por una las prácticas sitemáticas efectuadas durante un parto, como el rasurado del pubis, el enema, la episiotomía, el monitoreo fetal continuo, los exámenes y tratamientos sistemáticos de los recién nacidos, siguiendo el mismo enfoque de reivindicación de la libre disposición del cuerpo, a la cual ella incorpora la demanda del respeto de los ritmos, en base a algunos escazos estudios. Esta obra no parece haber encontrado una gran acogida.

Las asociaciones de pacientes (sida, cáncer, enfermedades raras) emergen en los años 1980-1990 y participan publica y colectivamente a une redefinición de las relaciones entre pacientes y médicos que van a desembocar en las leyes “Kouchner”, en 2002, sobre los derechos individuales y colectivos de los pacientes. Los usuarios de la perinatalidad no aparecen si no en filigranas en esta mutación.
La historia de las mujeres, de los padres, de la perinatalidad se une, de cierta manera, a la de la salud. Solo de cierta manera, ya que el nacimiento no es solo un evento médico: también es un evento social, familiar, personal. El aspecto médico puede incluso ser vivido como marginal, y no ha aparecido si no recientemente en la historia.
Esto podría explicar porqué las asociaciones implicadas en la perinatalidad no parecieran haberse dado cuenta si no tardíamente de la importancia de las evoluciones que desembocan, en el 2002, en las leyes sobre los derechos de los pacientes. Haremos un recapitulativo de las evoluciones del sitio que ocupan los usuarios en el sistema de atención, observando el que tomaron, en filigrana primero, luego abiertamente a partir del 2003, las asociaciones ligadas a la perinatalidad.

En los años 1950 y 1970, los grupos de auto-ayuda –como La Leche League (LLL), creada en 1956 en los estados Unidos-, y más tarde las asociaciones de enfermos del sida, en los años 1980, van a hacer evolucionar las relaciones entre pacientes y médicos, mientras las asociaciones de usuarios de servicios ligados a la perinatalidad siguen siendo poco visibles en el espacio público.

Los orígenes de la autonomía de los pacientes(3) se sitúan en los grupos de auto-ayuda o auto-apoyo, que nacen en los Estados Unidos en los años 1950, con los “Alcohólicos anónimos”, luego en los años 1970 con los usuarios de drogas que desean liberarse de la dependencia. Estos grupos se construyen independientemente de la tutela médica, entre personas implicadas. La Leche League (LLL) puede ser vista como un grupo equivalente en el campo de la lactancia. Fundada en los Estados Unidos en 1956 y exportada a Francia en dónde se constituye como asociación en 1979, LLL es un grupo de ayudda personal, de madre a madre, para quienes desean dar de lactar (7). La lactancia no está considerada como una cuestión que concierne a los médicos en primer lugar, si no a las personas que la practican. Hay un cuestionamiento claro de las prácticas médicas al rededor de la lactancia y del cuidado materno. Las posiciones de LLL, como la lactancia a la demanda, el acceso al seno y la lactancia precoces así como la diversificación según la demanda del niño hacia mediados del primer año son actualmente prácticas oficialmente recomendadas por las Altas Autoridades de la salud en el Plan nacional de nutrición salud de Francia. Pero en los años 1960, estas posiciones estaban en total oposición con respecto a las instrucciones de los médicos y consideradas como una actitud extremista y peligrosa. Este cuestionamiento es expresado públicamebte en el libro editado por LLL, desde 1963 en lengua inglesa y en 1977 en Francia (11).

Fue en los años 1980 que se define en Francia un cambio en la concepción de la relación entre los médicos y los pacientes. Las asociaciones de enfermos supieron adoptar un papel importante. La epidemia de VIH y la concientización acerca del descuido de las enfermedades genéticas por parte de las autoridades sanitarias (myopatías, mucovicidosis) fueron sus desencadenantes. Las personas involucradas se agruparon en colectivos que pudieron organizar la expresión y la acción públicas. Según P. Lacousme, « esta movilización se vio acompañada por la constitución de una aptitud profana, suceptible de producir saberes específicos, de interpelar los discursos y las prácticas de los profesionales, y de participar a la definición de enfoques clínicos de cuidados y de salud » (6). Éstas pueden subvencionar y orientar la investigación : la Asociación Francesa de las myopatías (AFM) utiliza a estos fines los ingresos del evento mediático que ésta creó : el Telethon.

Tampoco hay huellas, en la década 1980-1990, de expresión colectiva de usuarios en el campo de la perinatalidad. Como ya lo habíamos señalado, pudo haber un debate y movilización a nivel público con respecto al cierre o a la agrupación de las maternidades, pero los usuarios y las asociaciones parecen todavía marginadas de los debates públicos sobre la salud.
En Francia, en los años 1990, el afianzamiento de la capacidad de influir de los usuarios en el sistema de salud desemboca en la idea de una « democracia sanitaria”, la cual dará sentido a la organización de los “estados generales de la salud” en 1998–1999 en dónde se encuentra la huella de una participación más bien diseminada de los usuarios de la perinatalidad.

Las asociaciones al rededor del nacimiento no parecen implicadas, en 1996, en la formación del Colectivo interasociativo de la salud (CISS – Collectif interassociatif sur la santé), constituído por asociaciones de usuarios de la salud. La creación de este colectivo de asociaciones busca organizar una expresión y reivindicaciones comunes ante las instituciones de la salud. El colectivo está formado por asociaciones que, de manera aislada, podrían ser acusadas de representar los intereses de un número pequeño de enfermos. Colectivamente, estas asociaciones se vuelven capaces de construir un análisis más amplio sobre los problemas de salud y de preocuparse de problemas transversales, comunes a todos los pacientes, como la calidad de la información dada al paciente, la seguridad hospitalaria, las condiciones de acceso a la historia clínica, etc. (6)

En 1998-1999, B. Kouchner, quien en esa época asumía el cargo de Ministro de salud de la salud (actualmente es el ministro de relaciones exteriores de Francia – N.d.T.), organiza los estados generales de la salud. Entre los 11 temas puestos a debate, « Nacer mejor en Francia » aborda la organización de las maternidades y el control/seguimiento del embarazo. La presencia de los usuarios y las asociaciones de la perinatalidad nos parece relativamente discreta, a parte de dos excepciones, más visibles y mejor documentadas : el debate sobre las casas de partos y la participación de un jurado ciudadano en Borgoña. La actuación del jurado está bastante documentado (8). El mismo fue escogido entre una muestra representativa de la población de Borgoña, eliminando las personas que no eran neófitas en el ámbito del parto por el hecho de sus actividades profesionales, políticas o asociativas. Las 17 personas escogidas recibieron unos días de formación por parte de expertos durante una fase preparatoria, elaboraron preguntas discutidas en mesas redondas con actores en los campos en cuestión (hospitales, cuerpo médico, representantes políticos, seguros médicos, etc.), luego, en una fase de debate público, dirigieron sus preguntas a los profesionales y expertos.

Si se observa lo que era la representación de los usuarios en el campo de la perinatalidad en 1999, se puede constatar que, en el primer caso se trata de usuarios que defienden un proyecto específico, una casa de partos. En el segundo caso, las personas reclutadas para el jurado popular no tuvieron una motivación anterior y recibieron una formación sobre las problemáticas de la perinatalidad por parte de los profesionales. Estas personas pudieron ser susceptibles de entrar en una dinámica de cuestionamiento de las prácticas propuestas por estos profesionales? Evidentemente, el jurado ciudadano de los estados generales de la salud de 1999 no podía expresar otra cosa que no fuese un discurso pre-determinado por los profesionales, el cual no favorece la perspectiva crítica.
Pero antes de los años 2000, aunque poco visibles y alejadas de las mutaciones de la posición de los pacientes-usuarios en el sistema de salud, algunas asociaciones de la perinatalidad parecen haber tomado conciencia de las posibilidades abiertas por la “democracia sanitaria” en ciernes.

La Federación nacional de padres nacimiento y libertad, fundada en 1993 y disuelta en el 2005, fue la primera en asumir un papel de representación colectiva de los usuarios de los servicios de salud perinatales. Sus acciones más visibles o más durables tuvieron lugar al rededor del debate sobre las casas de parto. La Comisión regional del nacimiento Île-de-France (hasta al rededor del 2004) y la Comisión regional del nacimiento de Languedoc-Rousillon (hasta el 2008) tuvieron representantes que formaban parte de la Federación de padres antes citada. No contamos con más precisiones acerca del cuestionamiento de las prácticas en la Federación de padres, sin embargo las fichas prácticas difundidas por ésta en el 2001 son reveladores : temas como la episiotomía y el parto provocado tenían como motor el cuestionamientos de las prácticas médicas comunes.

La Associación nacimiento y ciudadanía (Association naissance et citoyenneté), fundada en Nantes en mayo del 2000 en el cuadro de un coloquio tuvo un objetivo original : el de reunir a profesionales y a usuarios en vista de luchas comunes (1). Esta iniciativa de colaboración con forma asociativa no perduró, pero el cuestionamiento de las prácticas desde el punto de vista de los usuarios fue expresado durante este coloquio.

En el CISS antes citado no había asociaciones ligadas a la perinatalidad. Las mismas continúan brillando por su ausencia en el 2009. Asociaciones locales se han sumado a los CISS regionales. Es el caso de la asociación « Bien naître » (Nacer bien) en la región de Lyon, que fue creada en el 2001, cuando hubo una reducción de maternidades. Esta asociación vino a formar parte del CISS Rhône-Alpes, lo cual permitió a los miembros de esta asociación el ocupar cargos como usuarios, en particular en las Comisiones de relación a los usuarios y en la Comisión regional del nacimiento.

En los organismos nacionales, se observa la participación de dos representantes d una asociación de usuarios (LLL France) durante la creación de las recomendaciones de l’Anaes (Agencia nacional de acreditación et de evaluación en salud) sobre la lactancia materna, publicadas en el 2002. esta participación fue posible gracias a la voluntad de la presidenta del grupo de trabajo quien quiso integrar a los miembros de asociaciones. El aporte de los representantes de los usuarios fue importante, incluso en cuanto a la identificación de publicaciones y de documentación gracias al mecanismo de monitoreo continuo que mantiene la asociación en cuanto a publicaciones internacionales, así como también el resultado fuera considerado completamente satisfactorio desde el punto de vista de los representantes de los usuarios (10).


Conclusión

Con respecto al origen del cuestionamiento colectivo de las prácticas médicas por parte de los usuarios en le campo de la perinatalidad, hemos optado por el análisis de sus huellas dejadas en la historia reciente. Esto podría considerarse como un anacronismo. El ejercicio de este cuestionamiento está íntimamente ligado a las condiciones que surgen en el siglo XX : el advenimiento de la protección social -que permitió el acceso generalizado a la atención y al cuidados médicos-, las conquistas feministas -que generalizaron la idea que son las mujeres quienes deben tomar las decisiones relativas a su vida-. Luego se suma la idea de “democracia sanitaria” que ilegitimiza la existencia de la representación de los usuarios y finalmente la aparición de une medicina basada en los datos factuales (EBM), cuyas publicaciones son accesibles a los usuarios y pueden ser integradas a sus reflexiones. En un contexto en el cual estas condiciones no están reunidas, las actitudes individuales de protesta son basadas en rechazo total de las prácticas médicas o en la confianza exclusiva en un profesional en particular (Subrayado por nosotros)( 5). Las posiciones colectivas de las asociaciones siguen la misma lógica. Algunas iniciativas prefiguran lo que será la representación de los usuarios en el siglo XXI, pero será necesario esperar a las leyes del 2002 sobre la representación de los usuarios y, de igual manera, a los medios técnicos de acceso a los datos de la medicina factual para que los usuarios puedan defender su legitimidad y su aptitud para dialogar con los profesionales en el plano de la práctica médica. La cuestión de la legitimidad, en el contexto de las leyes del 2002, y en un contexto en dónde los usuarios acceden a las publicaciones médicas, son el objeto de la segunda parte de este artículo.

1. Kniebielher Y (2007) Accoucher. Femmes sages-femmes et médecins depuis le milieu du XXe siècle. Éditions ENSP, Rennes
2. Caron-Leulliez M, George J (2004) L’accouchement sans douleur. L’histoire d’une révolution oubliée. Les Éditions de l’atelier/ Éditions ouvrières, Paris
3. Jaubert MJ (1979) Les bateleurs du mal-joli. Le mythe de l’accouchement sans douleur. Balland, Paris
4. Weiss-Rouanet J (2007) 3e Colloque de la Société d’histoire de la naissance « Féminisme et naissance », Châteauroux, 22–23 septembre (actes à paraître)
5. Morin FE (1985) Petit manuel de guérilla à l’usage des femmes enceintes. Seuil, Paris
6. Lascoumes P (2003) L’usager, acteur fictif ou vecteur de changement dans la politique de santé ? Les Tribunes de la santé 1:59–70 http://www.cairn.info/revue-les-tribunes-de-la-sante-2003-1-page-59.htm
7. Sandre-Pereira G (2005) La Leche League : des femmes pour l’allaitement maternel (1956–2004). Clio 21–2005:174–87 http://clio.revues.org/index1462.html
8. Akrich M (2008) « Bébé en vue », l’Observatoire bourguignon des usagers en périnatalité : une expérience participative innovante. Actualité et dossier en santé publique 61–62:89–92
9. Laffitte A (2000) Questions de femmes, no 49 http://portail.naissance.asso.fr/docs/questions.htm
10. Didierjean-Jouveau CC http://wiki.naissance.asso.fr/index.php/EntretienCDidierjean20090320
11. Sidor J (1977)

El conflicto de Badinter : la visón minoritaria y la ética del cuidado.

Elisabeth Badinter acaba de publicar un libro que ha hecho correr mucha tinta en Francés : « Le conflit, la femme et la mère« .

Aún no he leído su libro y no me permitiré criticarlo. Además, me parece que tiene un poco de razón : se cometen muchos errores para desarrollar algunas iniciativas, como la promoción de la lactancia – hay un riesgo real de culpabilización que se podría evitar centrando la lactancia en torno a la experiencia de la madre y no en nombre del bienestar del niño (discutido aquí). Del mismo modo, experimento también un cierto malestar cuando se justifican algunas orientaciones a las cuales suscribo – como el parto no-medicalizado- exclusivamente a partir de una lectura fisiólogica (“ es necesario dejar trabajar a las hormonas porque lo más importante, es vivir su instinto… ”).

Por el contrario, las afirmaciones hechas en las entrevistas que dio recientemente ya dan materia para situar cuál  es el problema y, a mi juicio, está a dos niveles:

1. El rechazo de las corrientes minoritarias o diferentes en el feminismo

En los años 70, la segunda ola de la feminismo surge del cuestionamiento del pensamiento único, masculino, patriarcal. El objetivo de las feministas de este período (como S. Beauvoir), consistía en demostrar que lo que se presentaba como “universal” no era, realmente, más que la ocultación del punto de vista de las mujeres, para hacer valer los intereses de los hombres.

Pero, desde entoces el feminismo se institucionalizó, desarrollando él también una línea única de pensamiento, en lo que se podría llamar “su línea tradicional”.

Nos da la impresión que esta « línea » mayoritaria (sobre todo en los países francófonos) – a menudo reconocida por las autoridades académicas y políticas-, tiene pretenciones de trazar fronteras entre lo que sería o no feminista. Así pues, visiones minoritarias, como las de los feminismos llamados “diferencialistas” o incluso “maternalistas” son deslegitimados… ni hablar siquiera de las feminismos con connotación religiosa o étnica… ¡Una feminista no puede llevar velo islámico, ya sabemos!

¿Una corriente mayoritaria que se niega a reconocer la legitimidad de las otras? Eso apesta a dominación!… En un movimiento emancipador como el feminismo?… No lo veo bien! Sobre todo que quienes se reivindican portadoras de la “verdadera corriente feminista” sabrían mejor que otros lo que es bueno para estos últimos: “¡no, no debes llevar velo! es un signo de opresión. no nos importa si intentas hacernos creer que lo llevas para reivindicar tu pertenencia – o más bien tu no-pertenencia-, como una revocación del estigma de tu origen” o “sí, debes tener una carrera y éxito profesional cueste lo que cueste, aunque eso implique dejar tus bebés en una guardería de pésima calidad 10 horas al día, a partir de los 3 meses…. ¡y que eso te rompa el corazón  no es importante! ¡no te sientas culpable (ya que se trata de ley de culpabilidad y no de un sentimiento más simple como la frustración de no poder seguir acurrucándote algunos meses más contra el cuerpo de tu bebé)! ¡nosotras lo hicimos antes de ti! ”

2. La confusión entre la maternidad y la ética del cuidado

Al mismo tiempo, E. Badinter, denuncia las “derivas reaccionarias” de las otras corrientes que defenderían según ella “a la maternidad como modelo político”.

Esta afirmación es preocupante de parte de una feminista!

Confundir maternidad (esencialmente femenina) y capacidad para cuidad a los más vulnerables (niños, enfermos, viejos, minusválidos…) es sugerir que la aptitud al cuidado depende del sexo.

Ninguna mujer y ningún hombre se pregunta “estaré realizando una tarea femenina (y en consecuencia no valorizada)? »al dar (temporalmente) la prioridad al cuidado mis seres queridos, antes que a una carrera, al éxito material y la notoriedad-  “¿Al hacer eso, estoy sometiéndome al otro sexo? ” Los y las que cuidan al otro por elección personal lo hacen movidos por el deseo de dar a esos otros lo que ellos necesitan.

Se trata de una custión de solicitud, no de culpa ni de obligación moral como madres!

Como Fabienne Brugère sostiene en su obra “El sexo de la solicitud “, cuando la solicitud es impuesta (como en el caso de las madres que sólo son madres porque se LES IMPONE este papel), a menudo se feminiza. Es el caso actualmente en nuestras sociedades europeas (no es necesario ir a buscar ejemplos en el Tercer mundo, no, no) donde las tareas del cuidado (enfermeras, amas de casa, pericultoras…)  se efectúan en su gran mayoría por mujeres.

No, no hablamos de maternidad. Se trata de una cuestión ética mucho más amplia que el papel tradicional de dedicación y sacrificio atribuído tradicionalmente a las mujeres. Se trata más bien de solidaridad hacia los más vulnerables.

Solidaridad humana y no abnegación femenina. Lo que el feminismo puede aportar al género humano y no solo a las mujeres : mejorar nuestra capacidad para vivir en paz con nuestra fragilidad. Trascender el individualismo para descubir nuestra interdependencia.

Ahora, estoy de acuerdo con la Sra. Badinter si se trata de denunciar el hecho que el cuidado sea asimilado a un atributo femenino y que la solicitud sea cuestión de género. Sí, denuncio (con ella, si me acepta a su lado) la sexualización de la solicitud.

Pero me pregunto… ¿Acaso esta negación categórica de la maternidad como experiencia positiva molesta a algunas feministas porque les recuerda su vulnerabilidad? ¿El hecho de que hombres y mujeres tengan necesidad, un día u otro, de los otros? Cuándo son bebés, niños, viejos o enfermos. ¡En mi opinión sí! Para una feminista que cree que la la realización personal sólo es posible como individuo todopoderoso, el saberse vulnerable y suceptible de conmoverse por la vulnerabilidad del otro (bebé, anciano, enfermo…) debe ser difícil de aceptar!

¿Entonces, que hacer de nosotras, las mujeres que damos prioridad (de nuevo, tal vez solo temporalmente) al cuidado de quienes amamos (nuestros hijos y nuestro planeta Tierra, nuestra madre Tierra)… y que además, colmo de males, nos declaramos feministas? (Y que a menudo nos rodeamos de hombres en el mismo estado de ánimo que nosotros, quienes comparten las tareas domésticas de manera más justa que los hombres cuyas mujeres eligen biberones, pañales desechables, alimentos industrializados industriales y guarderías 10 horas al día…).

Sería la primera en denunciar el parto sin anestesia, la lactancia, los pañales de tela… como un peligro para la emancipación, si me pudieran garantizar o probar que si todas las mujeres del planeta tuvieran acceso gratuitamente y sin restricciones a la leche en polvo, pañales desechables, guarderías 24horas al día… se arreglarían los problemas de la igualdad hombre/mujer, la diferencia salarial, de la  falta de representación femenina en política, de la violencia intrafamiliar…

No lo creo. Ni un solo instante!

Creo que E Badinter se equivoca.

(Preo igual voy a leer su libro… aunque nunca se me ocurriría gastar ni un centavo en ello : me lo van a prestar 😉 )

La esencialización de la feminidad y sus peligros

(… o carta abierta a las defensoras del parto no medicalizado la lactacia y la maternidad intensiva.)

Discutiendo con otras madres en una lista electrónica me salió esta reflexión acerca de la esecialización de la feminidad.

Copio quí el texto :

Queridas amigas,
Este e-mail es muy difícil así que siento la necesidad de introducir ciertas precauciones. Espero no herir susceptibilidades con él. En todo caso esta no es mi intención. Sinceramente, lo escribo para aportar una piedra a nuestro edificio común : difundir una mejor y mayor atención de los partos domiciliarios.

Mis precauciones:
1. habiendo tenido a mis hijos en casa,
2. habiendo recorrido, como muchas de nosotras, el camino iniciático que me llevó a considerar de manera crítica al sistema médico y sus abusos,
3. habiendo descubierto que actualmente el patriarcado está también encarnado en la excesiva medicalización de los procesos reproductivos femeninos…
…me siento muy ligada a ustedes y a muchas de las preocupaciones de este grupo virtual.
Sin embargo, quisiera llamar su atención ante el peligro que conlleva la utilización de « las esencias » como fundamento de la decisión de parir en casa (y, desde mi punto de vista, el peligro es el mismo con respecto a cualquier posicionamiento político u acción colectiva).

La idea de esencia femenina nos ató, durante milenios, a la función reproductiva. Nos confinó a la esfera privada, privándonos de cualquier decisión e influencia en el campo político, en la vida social y hasta en lo más íntimo : nuestros cuerpos.

Durante la Edad Clásica el padre tenía todo el poder de decisión sobre el fruto del cuerpo femenino. Era él quien decidía si un recién nacido podía ser criado o no. En caso de no desearlo (si era una hija, en la mayoría de los casos), él impondría su abandono inmediato a la intemperie…

Durante la Edad Media, cuando el parto se presentaba mal, se decidía, bajo la influencia de la iglesia, el proceder a una cesarea para bautizar al recién nacido antes de que este muriera in útero, matando así a la madre…

Durante el Renacimiento, los padres firmaban contratos entre ellos para organizar al nodrizaje. La madre y la nodriza no decidían nunca los términos de este contrato. El padre pobre que empleaba a su mujer como nodriza decidía privar a su hijo del alimento materno y en muchos la criatura moría ; el padre rico, que contrataba a la nodriza lo hacía para garantizar la disponibilidad sexual y la fertilidad de su esposa.

Todos estos atropellos que hemos sufrido madres y recién nacidos durante la historia son fruto de la misma creencia : las mujeres estamos hechas para parir… pero sobre todo hachas SOLO para parir. Nuestro poder para dar la vida se ha vuelto la razón de nuestra oprésión.

Ya Françoise Héritier lo demostraba en su libro « Masculino/Femenino » : la valencia defenciada de los sexos es universal. En todas las culturas que estudió esta antropóloga, el sexo masculino vale más que el femenino. Los hombres VALEN más que las mujeres. Ella cree que esto es el fruto de la voluntad masculina para apropiarse de la reproducción, ya que ellos no poséen ese poder tan particular.

Por qué es esto posible ? Porque las mujeres son relegadas a la reproducción y asimiladas a la reproducción.

En su mismo libro, Françoise Héritier cita los casos de las viudas o mujeres viejas : las mujeres que tienen acceso al poder son las que (ya) no tienen el poder de procrear.

Qué condiciones nos permiten ahora el reivindicar la maternidad como fuente de realización personal, de placer, de felicidad ? Qué perspectiva nos permite el exigir que se nos deje gozar de nuestros partos, que se respeten nuestros derechos como mujeres, como individuos ? A partir de qué fundamentos decimos al poder tecno-médico que queremos poder decidir cómo y en qué condiciones parir ?

Si podemos plantearnos nuestra lucha por un parto libre y consciente es porque en nuestras sociedades ha sido posible la construcción de ciertos ideales de democracia, de libertad de elección y de libertad de auto-determinación.

Estos valores en el contexto de la reproducción humana y en el proceso de parir son posibles por que nos hemos liberado como mujeres y como miembros de la Humanidad de la obligación de parir, de procrear. Por que tenemos derecho a decidir cuando y cuántos hijos queremos tener. Por que la maternidad puede ser ahora una decisión conciente, gozosa y no un fatalidad biológica.

Decir que es nuestra esencia el parir nos desolidariza de todas esas mujeres que son tan mujeres como nosotras y que no quieren o no pueden parir. Las mujeres estériles y las muejeres que no quieren tener hijos porque desean construir su felicidad en otro contexto y que aportan tanto como nosotras a nuestra Humanidad son tan mujeres como nosotras. La esencia femenina no puede ser la parturición, la procreación, ni ningún otro proceso del cuerpo.

No hay esencia femenina, como no hay esencia aria o esencia española o esencia argentina o esencia católica o qué se yo.

Amin Maalouf dice en su libro “las identidades asesinas”, que toda identidad esencialista es mortífera ya que fijar la identidad es morir.. o matar.

La feminidad y la masculindad son construcciones sociales.

Nosotras estamos construyendo nuestra identidad femenina e integrando el proceso del parto de cierta manera en ella. Estamos pensando el parto como un proceso específico y potencialmente liberador…Me parece que nuestro enfoque es completamente compatible con la idea de que se pueda construir la feminidad de otras maneras y que por ello la feminidad y el parto pueden estar ligadas, pero no son sinónimos.

Tengamos la claividencia de reclamar hasta el fin la libertad… defender nuestra libertad y esclavizarnos en una esencia son actos contradictorios. Tengamos cuidado en no caer en las trampas del patriarcado…

Y si amamantar fuese solo una fuente de placer?

Descubrimiento (tardío) de un lindo libro en francés  sobre la puericultura o, más bien, sobre las  inevitables imposturas de esta “ciencia” (?) desde hace 100 años.

“L’art d’accommoder les bébés” de G Delaisi de Parseval et de Suzanne Lallemand es un libro agradable, lleno de humor e insolencia. Un respiro liberador cuando -como yo- se consume dosis patológicas de lecturas sobre el tema.

Lo más interesante, sin embargo, es el punto de vista de las autoras sobre la lactancia.

Para ser breve, me parece que han encontrado EL argumento feminista para abordar la lactancia (en al menos desde mi punto de vista) : ¿y si lo que impulsara (o podría impulsar) las madres a amamantar no fuera ni el instinto, ni un cálculo racional (“es lo mejor para el bebé”) si no el placer que procura ?

Porque dar el seno hace BIEN, no en el sentido moral del término, si no en el sentido de las sensaciones de voluptuosidad y bienestar que puede vivir la madre! Y no hablo solamente de los orgasmos que pueden acompañar algunas tomas… ¡No! Hablo también de los placeres menos espectaculares, como el reflejo de expulsión de la leche (es una sensación que no tiene palabras), como el simple contacto de la piel del bebé, la ligereza de los senos vacíos después de la toma…

Pero bueno. Amamantar no solo es placer. Grietas, mastitis, inflamaciones son muy corrientes y desalientan mucho a algunas de nosotras que quiseran amamantar.

De ahí la necesidad de apoyo para solucionar estos problemas que pueden ser banales y momentáneos sí solucionades a tiempo… Pero es necesario respetar a aquellas para quienes la experiencia no es satisfactoria. Es tan común oír “no tenía suficiente leche” o “tuve problemas”… Normal! Si se presenta la lactancia como un acto mecánico y exclusivamente alimenticio (exclusivamente desde el punto de vista del bb, en resumen!), como un acto de sacrificio « normal » de las madres En este caso, las que no quieren amamantar deben justificarse.

Sinceramente, me tranquilizaría si oyera de vez en cuando “yo dejé la lactancia porque no me gustó!”.

Por último, desde un punto de vista político: ¿y si se defendiera la lactancia como un derecho al goce de esta función del cuerpo?

Es difícil convencer a políticos (probablemente criados con leche industrial y, al parecer, suficientemente sanos para para liderar!) de la necesidad de la lactancia exclusiva hasta los 6 meses (y así exigir las medidas  que hagan posible esto desde un punto de vista de las leyes del trabajo ) alegando la salud de los bebés… porque… generalmente, los bebés alimentados con biberón gozan también de buena salud ! (es necesario dejar definitivamente atrás la culpabilización de las madres a quienes no les gusta amamantar!)

¿Y si se decidiera exigir la posibilidad de vivir la maternidad y la paternidad con placer y no con dolor y con frustración? Placer de amamantar, y también de compartir su tiempo con aquéllos y aquéllas que amamos ; placer de dar un biberón relajadamente y no deber confiar estas tareas a manos extrañas, por profesionales y competentes que sean.

¡A veces el infierno está empedrado de buenas intenciones… y los argumentos pro lactancia son a menudo muy moralizadores y requieren una lectura crítica!

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