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Hasta cuándo dar de lactar? Mientras sea un placer… pues adelante!

Ayer, conversación con una conocida, madre de un bebé de 8 meses que está preparándose mentalmente para el destete de su bebé. Conversación típica entre madres : que qué le das cuando tiene fiebre, que qué alimento le diste primero, que hasta cuando le diste de lactar…

Entonces cuento que hasta los 18 meses, más o menos, a mis dos hijos.

Allí es dónde los comentarios difieren.

La reacción de la mayoría : « taaantooooooo??????? » (incluída esta conocida)

La reacción menos común : « yo le(s) dí hasta los dos/ tres/años…. » (escúchese, implícitamente el reproche : por qué le diste menos que los 2 años recomendados por la OMS?)

Pero volvamos a mi conversación de ayer. Esta conocida repitió, por lo menos 3 clichés justificativos del destete « que a partir de los x meses la leche ya no alimenta », « que así no va alimentarse con los sólidos », « que ya no tengo leche… »

Hubiese empezado a argumentar punto por punto esas leyendas urbanas… Pero, la verdad, cada vez me da más pereza este tipo de racionalidades civilizadas…

Simplemente le pregunté : « y todavía te gusta darle? »

Respuesta, que me estaba esperando : « sííí! me encantaaaaa! »

Sólo concluí  « Pues, en ese caso, qué pena que te veas obligada a destetarle! »

Y seguimos conversando de otra cosa… Cuán grata fue mi sopresa cuando ahora abrí mi mail y leí que no iba a dejar de darle de lactar tan pronto a su hijo ya que, al fin y al cabo « me gusta tanto darle el seno! ».

Reflexiones generales, desde tan particularidad trivialidad

Creo que este tipo de conversaciones me ayudan a identificar qué tipo de posición me satisface con respecto a la lactancia.

No me interesa, la verdad, su promoción. Ya hay quiénes se entregan de cuerpo y alma en ese combate!

Me interesa la lucha en contra del destete forzado, es decir, ese destete que se imponen la gran mayoría de madres que en algún momento disfrutan de la lactancia.

Tal vez porque me parezca un poco demasiada coincidencia que las defensoras aguerridas de la lactancia sean, por lo general, mujeres que ponen en evidencia con demasiada vehemencia su « obediencia » a las recomendaciones de tal o cual gurú de la crianza, de la OMS, etc…

Tal vez porque nunca me pareció problemática la cuestión de « hasta cuándo darle »… simplemente porque me parecía evidente que la lactancia duraría hasta que sea placentera para ambas partes involucradas…

Tal vez porque lo más importante sea la libertad de elección y sus condiciones elementales de posibilidad:

  • información
  • apoyo en caso de necesidad
  • respeto por lo que somos y no necesidad de imponer un modelo de conducta…

…. tal vez por todas esas razones, sea interesante el pensar que más importante que promocionar o defender la lactancia, sea necesario defender y apoyar a quiénes se privan de ese placer por presiones externas… y, al mismo tiempo, abolir las NORMAS que se basan en una visión exclusivamente bebé-centrista del asunto!

 

 

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Cuando no se necesitaba publicidad…

…una preguntaba sus dudas, cuando estas venían, a otra mujer de confianza, que considerábamos informada o con experiencia.

Con respecto a la lactancia, al cuidado de los bebés, al cuidado del propio cuerpo durante sus fases reproductivas, lo más probable es que hubiésemos aprendido viendo y ayudando a tías, madres, hermanas mayores…

El saber relativo al cuidado delos seres queridos era un saber que se transmitía por el ejemplo, la imitación y las discusiones informales, en un entorno afectivo y cotidiano.

Ahora, en tiempos de mercantilización, prácticas como la lactancia y otras relativas al cuidado de los bebés se vuelven saberes que se tienen que promocionar… incluso vender… técnicas y prácticas en competencia con otras técnicas y prácticas que la sociedad mercantil propone : los afectos entran en competencia con los productos.

Dar de mamar o comprar fórmula?

Invertir en la salud del bebé apostándole a lo « natural » o a lo científicamente estudiado y producido?

Promocionar la lactancia es una iniciativa ciertamente noble, sin duda animada por el afán de rescate de una función del cuerpo que se ve cada vez más opuesta a la estética higiénica, hyper-erotizada (cuando no pornografizada) y desencarnada del cuerpo femenino.

Pero cuáles son los riesgos de su promoción desde la perspectiva del sistema de libre competencia? Oponer un modelo de alimentación a otro (lactancia materna, alimentación artificial) polariza y esencializa esta función corporal ya tan pesada cultural y hasta religiosamente…

No sería preferible el denunciar el desempoderamiento de las mujeres sobre sus cuerpos y sus funciones vitales? No sería más liberador y radical que en lugar de una « Semana mundial del la lactancia » festejemos, cada día, las funciones de nuestros cuerpos. Todas esas funciones que dans placer, que nos hacen sentir viv@s.

Funciones masculinas, femeninas, productivas o reproductivas… que nos pongan en contacto con el mundo, con los otros, que eleven nuestros sentidos…

El conflicto de Badinter : la visón minoritaria y la ética del cuidado.

Elisabeth Badinter acaba de publicar un libro que ha hecho correr mucha tinta en Francés : « Le conflit, la femme et la mère« .

Aún no he leído su libro y no me permitiré criticarlo. Además, me parece que tiene un poco de razón : se cometen muchos errores para desarrollar algunas iniciativas, como la promoción de la lactancia – hay un riesgo real de culpabilización que se podría evitar centrando la lactancia en torno a la experiencia de la madre y no en nombre del bienestar del niño (discutido aquí). Del mismo modo, experimento también un cierto malestar cuando se justifican algunas orientaciones a las cuales suscribo – como el parto no-medicalizado- exclusivamente a partir de una lectura fisiólogica (“ es necesario dejar trabajar a las hormonas porque lo más importante, es vivir su instinto… ”).

Por el contrario, las afirmaciones hechas en las entrevistas que dio recientemente ya dan materia para situar cuál  es el problema y, a mi juicio, está a dos niveles:

1. El rechazo de las corrientes minoritarias o diferentes en el feminismo

En los años 70, la segunda ola de la feminismo surge del cuestionamiento del pensamiento único, masculino, patriarcal. El objetivo de las feministas de este período (como S. Beauvoir), consistía en demostrar que lo que se presentaba como “universal” no era, realmente, más que la ocultación del punto de vista de las mujeres, para hacer valer los intereses de los hombres.

Pero, desde entoces el feminismo se institucionalizó, desarrollando él también una línea única de pensamiento, en lo que se podría llamar “su línea tradicional”.

Nos da la impresión que esta « línea » mayoritaria (sobre todo en los países francófonos) – a menudo reconocida por las autoridades académicas y políticas-, tiene pretenciones de trazar fronteras entre lo que sería o no feminista. Así pues, visiones minoritarias, como las de los feminismos llamados “diferencialistas” o incluso “maternalistas” son deslegitimados… ni hablar siquiera de las feminismos con connotación religiosa o étnica… ¡Una feminista no puede llevar velo islámico, ya sabemos!

¿Una corriente mayoritaria que se niega a reconocer la legitimidad de las otras? Eso apesta a dominación!… En un movimiento emancipador como el feminismo?… No lo veo bien! Sobre todo que quienes se reivindican portadoras de la “verdadera corriente feminista” sabrían mejor que otros lo que es bueno para estos últimos: “¡no, no debes llevar velo! es un signo de opresión. no nos importa si intentas hacernos creer que lo llevas para reivindicar tu pertenencia – o más bien tu no-pertenencia-, como una revocación del estigma de tu origen” o “sí, debes tener una carrera y éxito profesional cueste lo que cueste, aunque eso implique dejar tus bebés en una guardería de pésima calidad 10 horas al día, a partir de los 3 meses…. ¡y que eso te rompa el corazón  no es importante! ¡no te sientas culpable (ya que se trata de ley de culpabilidad y no de un sentimiento más simple como la frustración de no poder seguir acurrucándote algunos meses más contra el cuerpo de tu bebé)! ¡nosotras lo hicimos antes de ti! ”

2. La confusión entre la maternidad y la ética del cuidado

Al mismo tiempo, E. Badinter, denuncia las “derivas reaccionarias” de las otras corrientes que defenderían según ella “a la maternidad como modelo político”.

Esta afirmación es preocupante de parte de una feminista!

Confundir maternidad (esencialmente femenina) y capacidad para cuidad a los más vulnerables (niños, enfermos, viejos, minusválidos…) es sugerir que la aptitud al cuidado depende del sexo.

Ninguna mujer y ningún hombre se pregunta “estaré realizando una tarea femenina (y en consecuencia no valorizada)? »al dar (temporalmente) la prioridad al cuidado mis seres queridos, antes que a una carrera, al éxito material y la notoriedad-  “¿Al hacer eso, estoy sometiéndome al otro sexo? ” Los y las que cuidan al otro por elección personal lo hacen movidos por el deseo de dar a esos otros lo que ellos necesitan.

Se trata de una custión de solicitud, no de culpa ni de obligación moral como madres!

Como Fabienne Brugère sostiene en su obra “El sexo de la solicitud “, cuando la solicitud es impuesta (como en el caso de las madres que sólo son madres porque se LES IMPONE este papel), a menudo se feminiza. Es el caso actualmente en nuestras sociedades europeas (no es necesario ir a buscar ejemplos en el Tercer mundo, no, no) donde las tareas del cuidado (enfermeras, amas de casa, pericultoras…)  se efectúan en su gran mayoría por mujeres.

No, no hablamos de maternidad. Se trata de una cuestión ética mucho más amplia que el papel tradicional de dedicación y sacrificio atribuído tradicionalmente a las mujeres. Se trata más bien de solidaridad hacia los más vulnerables.

Solidaridad humana y no abnegación femenina. Lo que el feminismo puede aportar al género humano y no solo a las mujeres : mejorar nuestra capacidad para vivir en paz con nuestra fragilidad. Trascender el individualismo para descubir nuestra interdependencia.

Ahora, estoy de acuerdo con la Sra. Badinter si se trata de denunciar el hecho que el cuidado sea asimilado a un atributo femenino y que la solicitud sea cuestión de género. Sí, denuncio (con ella, si me acepta a su lado) la sexualización de la solicitud.

Pero me pregunto… ¿Acaso esta negación categórica de la maternidad como experiencia positiva molesta a algunas feministas porque les recuerda su vulnerabilidad? ¿El hecho de que hombres y mujeres tengan necesidad, un día u otro, de los otros? Cuándo son bebés, niños, viejos o enfermos. ¡En mi opinión sí! Para una feminista que cree que la la realización personal sólo es posible como individuo todopoderoso, el saberse vulnerable y suceptible de conmoverse por la vulnerabilidad del otro (bebé, anciano, enfermo…) debe ser difícil de aceptar!

¿Entonces, que hacer de nosotras, las mujeres que damos prioridad (de nuevo, tal vez solo temporalmente) al cuidado de quienes amamos (nuestros hijos y nuestro planeta Tierra, nuestra madre Tierra)… y que además, colmo de males, nos declaramos feministas? (Y que a menudo nos rodeamos de hombres en el mismo estado de ánimo que nosotros, quienes comparten las tareas domésticas de manera más justa que los hombres cuyas mujeres eligen biberones, pañales desechables, alimentos industrializados industriales y guarderías 10 horas al día…).

Sería la primera en denunciar el parto sin anestesia, la lactancia, los pañales de tela… como un peligro para la emancipación, si me pudieran garantizar o probar que si todas las mujeres del planeta tuvieran acceso gratuitamente y sin restricciones a la leche en polvo, pañales desechables, guarderías 24horas al día… se arreglarían los problemas de la igualdad hombre/mujer, la diferencia salarial, de la  falta de representación femenina en política, de la violencia intrafamiliar…

No lo creo. Ni un solo instante!

Creo que E Badinter se equivoca.

(Preo igual voy a leer su libro… aunque nunca se me ocurriría gastar ni un centavo en ello : me lo van a prestar 😉 )

Y si amamantar fuese solo una fuente de placer?

Descubrimiento (tardío) de un lindo libro en francés  sobre la puericultura o, más bien, sobre las  inevitables imposturas de esta “ciencia” (?) desde hace 100 años.

“L’art d’accommoder les bébés” de G Delaisi de Parseval et de Suzanne Lallemand es un libro agradable, lleno de humor e insolencia. Un respiro liberador cuando -como yo- se consume dosis patológicas de lecturas sobre el tema.

Lo más interesante, sin embargo, es el punto de vista de las autoras sobre la lactancia.

Para ser breve, me parece que han encontrado EL argumento feminista para abordar la lactancia (en al menos desde mi punto de vista) : ¿y si lo que impulsara (o podría impulsar) las madres a amamantar no fuera ni el instinto, ni un cálculo racional (“es lo mejor para el bebé”) si no el placer que procura ?

Porque dar el seno hace BIEN, no en el sentido moral del término, si no en el sentido de las sensaciones de voluptuosidad y bienestar que puede vivir la madre! Y no hablo solamente de los orgasmos que pueden acompañar algunas tomas… ¡No! Hablo también de los placeres menos espectaculares, como el reflejo de expulsión de la leche (es una sensación que no tiene palabras), como el simple contacto de la piel del bebé, la ligereza de los senos vacíos después de la toma…

Pero bueno. Amamantar no solo es placer. Grietas, mastitis, inflamaciones son muy corrientes y desalientan mucho a algunas de nosotras que quiseran amamantar.

De ahí la necesidad de apoyo para solucionar estos problemas que pueden ser banales y momentáneos sí solucionades a tiempo… Pero es necesario respetar a aquellas para quienes la experiencia no es satisfactoria. Es tan común oír “no tenía suficiente leche” o “tuve problemas”… Normal! Si se presenta la lactancia como un acto mecánico y exclusivamente alimenticio (exclusivamente desde el punto de vista del bb, en resumen!), como un acto de sacrificio « normal » de las madres En este caso, las que no quieren amamantar deben justificarse.

Sinceramente, me tranquilizaría si oyera de vez en cuando “yo dejé la lactancia porque no me gustó!”.

Por último, desde un punto de vista político: ¿y si se defendiera la lactancia como un derecho al goce de esta función del cuerpo?

Es difícil convencer a políticos (probablemente criados con leche industrial y, al parecer, suficientemente sanos para para liderar!) de la necesidad de la lactancia exclusiva hasta los 6 meses (y así exigir las medidas  que hagan posible esto desde un punto de vista de las leyes del trabajo ) alegando la salud de los bebés… porque… generalmente, los bebés alimentados con biberón gozan también de buena salud ! (es necesario dejar definitivamente atrás la culpabilización de las madres a quienes no les gusta amamantar!)

¿Y si se decidiera exigir la posibilidad de vivir la maternidad y la paternidad con placer y no con dolor y con frustración? Placer de amamantar, y también de compartir su tiempo con aquéllos y aquéllas que amamos ; placer de dar un biberón relajadamente y no deber confiar estas tareas a manos extrañas, por profesionales y competentes que sean.

¡A veces el infierno está empedrado de buenas intenciones… y los argumentos pro lactancia son a menudo muy moralizadores y requieren una lectura crítica!

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