Archive for the ‘reflexiones’ Category

Vivir simplemente y no equivocarse en el camino!

Cada vez que me veo confrontada a la creencia de que para ser feliz hay que trabajar mucho para consumir mucho y ser feliz de esa manera, recuerdo esta historia. Para mí, ella condensa la filosofía de la simpleza voluntaria, a la cual trato siempre de dirigirme:

Un hombre de negocios pasaba sus vacaciones en un pueblo costero. Una mañana advirtió la presencia de un pescador que regresaba con su destartalada barca.
“¿Ha tenido buena pesca?”, le preguntó.
El pescador, sonriente, le mostró tres piezas: “Sí, ha sido una buena pesca”.
El hombre de negocios miró al reloj: “Todavía es temprano.Supongo que volverá a salir, ¿no?”.
Extrañado, el pescador le preguntó: “¿Para qué?”.
“Pues porque así tendría más pescado”, respondió el hombre de negocios.
“¿Y qué haría con él? ¡No lo necesito! Con estas tres piezas tengo suficiente para alimentar a mi familia”,
afirmó el pescador.
« Mejor entonces, porque así usted podría revenderlo”.
« ¿Para qué?”, preguntó el pescador, incrédulo.
« Para tener más dinero”.
“¿Para qué?”.
« Para cambiar su vieja barca por una nueva,mucho más grande y bonita”.
« ¿Para qué?”.
“Para poder pescar mayor cantidad de peces”.
“¿Para qué?”.
“Así podría contratar a algunos hombres”.
“¿Para qué?”.
“Para que pesquen por usted”.
“¿Para qué?”.
“Para ser rico y poderoso”.
El pescador, sin dejar de sonreír, no acababa de entender la mentalidad de aquel hombre. Sin embargo, volvió a preguntarle: “¿Para qué querría yo ser rico y poderoso?”.
“Esta es la mejor parte”, asintió el hombre de negocios. “Así podría pasar más tiempo con su familia y descansar cuando quisiera”.
El pescador lo miró con una ancha sonrisa y le dijo:
“Eso es precisamente lo que voy a hacer ahora mismo”.

Nuestra Señora del Abismo

Ella aparece sin ser llamada. Por lo general, cuando algo no sale cómo esperado o cuando la realidad nos pone a prueba.

Sus frases preferidas son “Ya ves? Eso te pasa por querer salirte con la tuya”, “Tienes que sacrificarte”, “No pierdas el tiempo”…

Nuestra Señora del Abismo acecha, juzga, critica, mide, compara… Le encanta tener razón!

Pero no tiene nunca razón. Eso lo sé… y sin embargo, cuando aparece para susurrarme maldades, me cuesta responderle.

Durante mucho tiempo, cuando me daba cuenta de que ya estaba merodeando de nuevo, lo que quería es que se callara, no oirla… trataba de gritar más fuerte que ella, hacía esfuerzos por no oirla, le huía

Luego, quise refutarle una por una sus mentiras, desenredar sus trampas, demostrarle que estaba equivocada… Inútil: ella no razona es pura maldad irracional, envidia… Lo que es diferente a ella, no tiene derecho a existir.

Ahora, lo que mejor funciona es reirme de ella, burlarme inteligentemente… ella no entiende el humor, y no se ríe… pero si yo logro hacerlo, no me importa, he ganado.

Una larga pausa

Hace ya varios meses que ecohumanist está en silencio. No es que ya no haya nada más que decir, nada de eso!

A veces, es necesario establecer nuevos diálogos, con otros interlocutores.

A veces, el silencio es signo de maduración, de reorganización de las ideas… Sobre todo cuando se han vivido experiencias tan extremas como la muerte de un abuelo y el nacimiento de bebés (hijos de otras madres) que han escogido venir al mundo en los brazos de una.

Este silencio es un silencio de esos. Pero ya verán que tenemos mucho material que discutir.

Bienvenid@s de nuevo!

 

Cuando cumpla 80 años

Hoy es mi cumpleaños numero 80. Flora y Nela llegaron temprano para ayudarme aponer la mesa. Esperamos a muchos amigos.

Los muchachos van a llegar más tarde… Acaban de preparar la cena y salieron para conseguir el ingrediente secreto para su famosa ensalada…

Todo se ve delicioso. La fiesta promete estar a la altura de mi venerable edad.

Bueno, también hay inconvenientes : me han prohibido entrar a mi estudio porque parece que han escondido algo allí… Pues tendré que esperar para entrar y hacer lo que quería hacer… Pero ya nada es urgente!

Estoy tan contenta de estar rodeada de mi familia ahora… y tan feliz por conocer, en pocos días, a mis primera biznienta! Sí, nuestra Nela está embarazada de casi 40 semanas!

Viene a sentarse a mi lado. Siempre tuvimos una conexión muy especial.

Abuelita? Es cierto que naciste en un hospital? – Pregunta con una punta de incredulidad y de pudor…. Como si temiera molestarme.

– Sí, mi amor! Es cierto! Soy la única mujer de nuestra familia que nació fuera de su casa! Mi madre quiso que yo nazca en el lugar ms adecuado… según la creencias de esa época. Increíble, no es cierto?

– Sí, es increíble- continúa, y se atreve a hacer otra pregunta.

– Pero, por qué ella quizo dar a luz allí? Todo estaba bien… o tenías algún problema, tal vez su embarazo fue difícil… tal vez sabía que había algún riesgo…

– Sabes, en esas épocas dar a luz en un hospital era lo más común! Era prácticamente la única forma de nacer… No pienso que mi madre hubiese tenido la capacidad de elegir. Son errores de la historia… todo el mundo creía, en esa época, que era lo más seguro, que era lo mejor para la mamá y el bebé… Ella solo hizo lo que creyó mejor para mí!

– Pero, su mamá no le explicó…? Ella la tuvo en casa…

– Es cierto! Mi madre nació en casa, al igual que su hermana mayor… pero los hermanos menores de mi madre ya nacieron en el hospital. Ese cambio ya estaba en marcha. Se empezaba a creer que era necesario estar rodeada de medicamentos y aparatos para parir…

Flora se une a nosotras. Con una enorme jarra de limonada hecha en casa para Nela y dos copas de vino para nosotras, las viejas.

Pone la mano sobre el vientre de su hija. Espera sentir al bebé moverse… sonríe! Creo que ha sentido algo.

– Me da la impresión de que naciste ayer… Mírate! En unos días vas a volverte madre tú también! El tiempo pasa tan rápido… – dice Flora suspirando.

– A ver! Cuidadito! Prohibido hablar del tiempo que pasa el día de mis 80 años!!! – respondo, con aire falsamente ofendido.

El teléfono suena. Es mi hijo informándonos que aún no encuentran el ingrediente secreto. Se van a demorar un poco más.

– No lleguen después que los invitados, Emilio y  recuerden sacar la champaña del congelador…

La conversación sigue su curso. Evocamos nuestros partos por enésima vez para Nela. Los recuerdos más graciosos, más intensos… nuestras dificultades, los momentos de duda y la fuerza encontrada… mis recursos para vivir mejor los dolores…

–  En eso del dolor no te puedo ayudar, mi querida hija… Yo casi ni me dí cuenta de las contracciones… espero que tu parto sea tan placentero como fue tu nacimiento! – dice Flora, casualmente.

– Es lo que me cuenta Luisa, que cada vez más mujeres viven partos agradables e indoloros!

Luisa es la partera profesional de Nela. También es una excelente amiga de de Flora y la hija de une de las figuras más importantes de la historia moderna de la obstetricia : la Dra. Scott, célebre ginecóloga que revolucionó la atención del parto cuando, en 2015, fue nombrada ministra de salud e instauró una campaña se sensibilización masiva, que cambió a forma de ver la reproducción femenina y sus etapas.

Las medidas impuestas por la Dra Scott invirtieron la proporción entre parteras profesionales y ginecólogos-obstetras. Diez nuevas escuelas de obstetricia abrieron sus puertas y las atención de todas as mujeres embarazadas sin problemas particulares de salud fue dirigida a estas profesionaes. Incluso empezaron a popularizarse los parteros, la profesion se volvió mixta y cada vez más apreciada y valorada. Ya no eran los ginecólogos obstetras quienes atendían prioritariamente a las mujeres embarazadas en buena salud. Los partos domiciliarios se volvieron la norma y la tasa de cesáreas y episiotomías bajó de manera irreversible y constante. Las estadísticas perinatales mejoraron poniendo a nuestro país entre los mejores del mundo en este aspecto, comparables a las de Holanda.

El colegio de médicos se opuso acerbamente a estas reformas. Su campaña de oposición a estas medidas hizo correr mucha tienta. Pero el escándalo que salió a la uz en el 2019, que mostraba los lazos estrechos entre sus dirigentes y las compañías farmacéuticas, le quitó legitimidad a sus reivindicaciones.

Fue entonces cuando se desarrolló la campaña « conoce tu cuerpo », un paso importante en la educación a la vida afectiva y sexual de las chicas.

Se les alentó a descubrir y a explorar su cuerpo, à conocer mejor sus ciclos, su sexo y los cambios dados por el comienzo de su vida sexual. Empezaron los grupos de discusión transgeneracionales que les permitieron descubrir las verdades sobre la reproducción y su la sexualidad. Los embarazos no-deseados en adolescentes casi desaparecieron.

La generación de Flora fue la primera en beneficiarse de esta reformas. Tal vez por esta razón, los embarazos y partos de las chicas se han vuelto cada vez más fáciles y placenteros. Todavía me acuerdo cuando Flora me llamó el día del nacimiento de Nela.

-Mamá, ya es el momento! tengo unas buenas contracciones desde hace unas cuantas horas. Te llamo ahora porque siento que en poco tiempo ya no me será fácil hablar. Luisa está en camino. Te quiero mucho, piensa en nosotros!

Pensé intensamente en ella ese día. Las cuatro horas que siguieron las pasé llamando a todo el mundo para contarles, sumergida en emoción, que me estaban haciendo abuela… les dije que estaría muy poco disponible en los días que seguirían, pensaba estar presente, al lado de mi hija, para acompañarla en esta nueva etapa de su vida.

La gran ventaja del sistema impantado hace una generación es que las parteras nunca tienen que recorrer grandes distancias para llegar donde las futuras madres. A menudo son vecinas. Esto facilita mucho las cosas. No tiene nada que ver con la situación que se daba antes : una tenía que encontrar una partera o médico que considerara el parto como algo sano y bello al cabo de un trabajo detectivezco… y a menudo se tenía que recorrer muchos km para hacerse atender. Esa oscura época cuando las obstetrices eran meras empleadas de los ginecólogos, sin ninguna formación adecuada y sin reconocimiento social de ningún tipo.

Qué evolución tan maravillosa hemos presenciado!

Mi hija vivió el nacimiento de Nela en un ambiente tan tranquilo, feliz y relajado… su casa sumergida en una energía tan indescriptible… tranquila y llena de vida!

Ahora era su turno, iba a ser abuela. Sabía que esperaba este momento con real felicidad.

La puerta de entrada se abre : los muchachos están por fin de regreso con su ingrediente secreto. Haciéndose bromas, bulliciosos, felices…

Siento que será un cumpleaños memorable!

Por qué Elisabeth Badinter no entendió el conflicto.

El debate que ha suscitado el libro de Elisabeth Badinter “Le conflit, la femme et la mère” (El conflicto, la mujer y la madre) se ha calmado un poco.

Tal vez sea interesante repasar algunos de los puntos evocados en este libro ya con cabeza más fría y en vista de lo que hayamos podido aprender del debate.

Estoy de acuerdo en que se critique a Badinter siempre y cuando se critique su punto de vista individualista de la emancipación, el cual, según yo, se traduce así “no me puedo realizar, de otra forma que como mujer-individuo, por lo mismo las experiencias interpersonales y afectivas fuertes como la maternidad deben pasar a segundo plano”.

Nunca en su libre propone ella un sistema alternativo en el cual las soluciones sean aportadas por la sociedad en su conjunto : la mujer está en conflicto con la maternidad más por falta de apoyo y de valorización de tareas relativas al cuidado en general y no solo el de los niños…

Pero me adelanto!

Por esta visión limitada de la emancipación, ella ve como un retroceso que nuestra generación exija la posibilidad de gozar de la maternidad e interpreta como efecto de backlash que jóvenes profesionales dejen de buscar su realización en la carrera (también discutido en este post).

Más grave aún, denuncia a la lactancia, a los pañales de tela y al colecho como los culpables de que conquistas como el acceso al mundo laboral y a derechos sociales comparable a los de los hombres sean ahora cuestionados… cuando la experiencia de muchas madres jóvenes y profesionales que hemos escogido lactancia, colecho y pañales de tela prueban lo contrario.

Jamás criticaré a Badinter con una visión esencialista de la diferencia (ya sea esta sexual, de orientación sexual o de otro tipo) ya que es la puerta abierta a todo lo malo que presenció la Humanidad durante el siglo veinte.

Es más, me siento muy identificada con ciertas lecturas que Badinter propone de la exagerada valorización de cierto modelo de maternidad : tratar de ser la perfecta madre natural, guiada exclusivamente por sus instintos y obedeciendo a los deseos de sus hijos en todo momento me parece una insensatez: todos los seres humanos vivimos en constante interacción y debemos negociar constantemente nuestros deseos. No veo por qué en la relación madre-hijos debiera ser diferente. Ah! Si, porque los bebés son seres indefensos, totalmente vulnerables y dependientes…

Ante esto de la vulnerabilidad y la dependencia dos cosas (ambas evocadas y no desarrolladas con sinceridad por Badinter en su libro):

1.      La participación del padre y de la sociedad en las tareas de cuidado a los bebés. Quién dice que la dependencia del bebé deba ser asumida por la madre exclusivamente? No se puede imaginar que el colecho, la lactancia y los pañales sean una decisión de la pareja y que ambos participen, desde su especificidad (biológica u otra) pero de manera equitativa en ellas?

2.      La confusión entre maternidad y ética del cuidado, que discutimos e este post y que podríamos ampliar afirmando que todas la personas (y no solamente cuando son bebés) atraviesan por momentos en los cuales necesitande derechos y cuidados específicos. : la madres cuando están embarazadas o dan a luz, las personas de la tercera edad, los enfermos, los discapacitados, los niños, las víctimas de catástrofes naturales… Se trata menos de una cuestión ligada a la edad o al sexo, si no más bien una caracterísitca de nuestra condición humana : no somos casi nunca lo que E. Badinter quisiera que fuésemos, es decir individuos auto-suficientes, siempre buscando nuestra realización individual. Somos vulnerables y vivimos nuestra vulnerabilidad y nuestra dependecia sumergidos en afectos.

Ahora, el problema que Badinter no evoca en su libro, pero que me parece más grave que los conflictos entre nuestra experiencia de individuos-mujeres y de madres es que, cuando las mujeres se contentan con asumir solas la vulnerabilidad humana (como es el caso en gran parte de nuestras sociedades), la sociedad menosprecia el cuidado que ellas asumen y, más grave aún, les impide el participar en la toma de decisiones ligadas a la distribución de las responsabilidades relativas a los más vulnerables… que son responsabilidades sociales y no individuales.

Quien cuida a los viejos, a los enfermos, a los niños…? En gran parte son mujeres, aún más si son pobres.

Para ella, la maternidad está sobre-valorada.

Para mí, las experiencias afectivas fuertes que, como la maternidad, nos ayudan a sobrellevar nuestra vulnerabilidad y nos demuestran cuán dependientes somos, están desvalorizadas…

Valoricemos el cuidado y se acabarán este y muchos conflictos más.

Un post con una sola mano (con mi hija dormida en la otra)

Era muy común hace unos 5 años, cuando foreaba mucho (facebook era todavía cosa de gringos y yo no descubría los deleites del blogueo) : Flora dormida en mi brazo o en la teta, yo escribiendo respuestas o preguntas o leyendo los más o menos agradables comentarios, las peleas o los momentos de comunión forera.

Reencuentro la sensación de su respiración, el calor de su cuerpecito… ahora se ha vuelto un cuerpito de 17 kg!

Me pregunto por qué me parece tan lejano ese tiempo, casi como en otra vida.

Ya no frecuento foros (los españoles son muy polarizados : o adoptas el dogma o te sacan a patadas ; los francófonos se renuevan muy poco y las preguntas parecen las mismas que hace 3 años…). Pero no es la razón por la cual ya no redacto con una sola mano…

Simple : Emilio nunca disfrutó del ruido del tecleado, nunca lo adormeció… Él siempre necesitaba acción y los únicos momentos en los cuales escribía con el contra mí, lo hacía usando el portabebés, con el en mi espalda.

Mi pequeña (casi 6 años ya!) sigue buscando acurrucarse en mi regazo para disfrutar del arrurrú digital. Le ha tomado 4′ el dormirse.

Buenas noches, mi tesoro!

Nostalgie du quotidien

Je range mon vélo à la sortie de l’école des enfants. Je regarde les autres parents arriver. Je mesure la distance que je ressens quand ils me disent bonjour.

Je dépose la grande. Elle s’en va heureuse (visite du zoo au programme!)

Et je suis loin…

Je n’ai jamais resenti appartenir à ce monde, jamais resenti des liens avec ceux qui partagent un espace si propice aux échanges comme c’est l’école qui réunit nos petits tous les jours.

Pareil pour les voisins, pareil pour tant d’autres lieux, tant d’autres activités, tant d’autres espaces.

Je suis pourtant restée ici 15 ans. J’ai participé à des activités, laissé des traces dans les mémoires… J’ai des amis, j’ai des liens, j’ai des bonnes raisons de me sentir bien.

Et je me sens bien, si bien… en sécurité, rassurée. Les rues sont belles, les arbres bien rangés. Les gens sont respectueux, les façons de faire compréhensibles.

Et je m’en vais chercher quelque chose qui me manque, vraisemblablement.

Le contact facile, la certitude d’avoir été comprise. La possibilité de ne pas devoir interpréter les ractions des gens. Le yeux qui me voient, les regards qui me reconnaissent. J’ai de nouveau besoin de ne plus avoir peur de croiser et chercher le regard des gens.

Je m’en vais chercher les lieux de mon enfance pour que mes enfants comprennent. Je vais leur montrer la montagne permanente et l’air léger des Andes.

Nous allons découvrir les chemins qui m’ont appris à marcher comme je marche, le toucher des peaux sans peur des autres peaux.

La promiscuité des familles qui n’ont pas de contours tracés ni de territoires exclusifs.

Mais je dis ça, et je regrette déjà les jolies rues, le luxe de l’ordre. Ma rue, mes amis, ma bière et mon café. Les réunions dans lesquelles je ne m’abandonne jamais totalement et où je dois laisser  un peu de mon attention en veille.

Les belles choses, la facilité de ce qui est organisé, calculé, programmé.

Laisser ma maison, les choses que j’ai assemblées pendant 15 ans.

Mes meubles, laids mais utiles.

Mon appartement, chaud, pratique… à moi! A nous.

Laisser ce que nous connaissons, pour une idée, pour un souvenir et pour un « peut-être ».

Mias ça serait pire de rester… et d’abandoner le rêve.

El conflicto de Badinter : la visón minoritaria y la ética del cuidado.

Elisabeth Badinter acaba de publicar un libro que ha hecho correr mucha tinta en Francés : « Le conflit, la femme et la mère« .

Aún no he leído su libro y no me permitiré criticarlo. Además, me parece que tiene un poco de razón : se cometen muchos errores para desarrollar algunas iniciativas, como la promoción de la lactancia – hay un riesgo real de culpabilización que se podría evitar centrando la lactancia en torno a la experiencia de la madre y no en nombre del bienestar del niño (discutido aquí). Del mismo modo, experimento también un cierto malestar cuando se justifican algunas orientaciones a las cuales suscribo – como el parto no-medicalizado- exclusivamente a partir de una lectura fisiólogica (“ es necesario dejar trabajar a las hormonas porque lo más importante, es vivir su instinto… ”).

Por el contrario, las afirmaciones hechas en las entrevistas que dio recientemente ya dan materia para situar cuál  es el problema y, a mi juicio, está a dos niveles:

1. El rechazo de las corrientes minoritarias o diferentes en el feminismo

En los años 70, la segunda ola de la feminismo surge del cuestionamiento del pensamiento único, masculino, patriarcal. El objetivo de las feministas de este período (como S. Beauvoir), consistía en demostrar que lo que se presentaba como “universal” no era, realmente, más que la ocultación del punto de vista de las mujeres, para hacer valer los intereses de los hombres.

Pero, desde entoces el feminismo se institucionalizó, desarrollando él también una línea única de pensamiento, en lo que se podría llamar “su línea tradicional”.

Nos da la impresión que esta « línea » mayoritaria (sobre todo en los países francófonos) – a menudo reconocida por las autoridades académicas y políticas-, tiene pretenciones de trazar fronteras entre lo que sería o no feminista. Así pues, visiones minoritarias, como las de los feminismos llamados “diferencialistas” o incluso “maternalistas” son deslegitimados… ni hablar siquiera de las feminismos con connotación religiosa o étnica… ¡Una feminista no puede llevar velo islámico, ya sabemos!

¿Una corriente mayoritaria que se niega a reconocer la legitimidad de las otras? Eso apesta a dominación!… En un movimiento emancipador como el feminismo?… No lo veo bien! Sobre todo que quienes se reivindican portadoras de la “verdadera corriente feminista” sabrían mejor que otros lo que es bueno para estos últimos: “¡no, no debes llevar velo! es un signo de opresión. no nos importa si intentas hacernos creer que lo llevas para reivindicar tu pertenencia – o más bien tu no-pertenencia-, como una revocación del estigma de tu origen” o “sí, debes tener una carrera y éxito profesional cueste lo que cueste, aunque eso implique dejar tus bebés en una guardería de pésima calidad 10 horas al día, a partir de los 3 meses…. ¡y que eso te rompa el corazón  no es importante! ¡no te sientas culpable (ya que se trata de ley de culpabilidad y no de un sentimiento más simple como la frustración de no poder seguir acurrucándote algunos meses más contra el cuerpo de tu bebé)! ¡nosotras lo hicimos antes de ti! ”

2. La confusión entre la maternidad y la ética del cuidado

Al mismo tiempo, E. Badinter, denuncia las “derivas reaccionarias” de las otras corrientes que defenderían según ella “a la maternidad como modelo político”.

Esta afirmación es preocupante de parte de una feminista!

Confundir maternidad (esencialmente femenina) y capacidad para cuidad a los más vulnerables (niños, enfermos, viejos, minusválidos…) es sugerir que la aptitud al cuidado depende del sexo.

Ninguna mujer y ningún hombre se pregunta “estaré realizando una tarea femenina (y en consecuencia no valorizada)? »al dar (temporalmente) la prioridad al cuidado mis seres queridos, antes que a una carrera, al éxito material y la notoriedad-  “¿Al hacer eso, estoy sometiéndome al otro sexo? ” Los y las que cuidan al otro por elección personal lo hacen movidos por el deseo de dar a esos otros lo que ellos necesitan.

Se trata de una custión de solicitud, no de culpa ni de obligación moral como madres!

Como Fabienne Brugère sostiene en su obra “El sexo de la solicitud “, cuando la solicitud es impuesta (como en el caso de las madres que sólo son madres porque se LES IMPONE este papel), a menudo se feminiza. Es el caso actualmente en nuestras sociedades europeas (no es necesario ir a buscar ejemplos en el Tercer mundo, no, no) donde las tareas del cuidado (enfermeras, amas de casa, pericultoras…)  se efectúan en su gran mayoría por mujeres.

No, no hablamos de maternidad. Se trata de una cuestión ética mucho más amplia que el papel tradicional de dedicación y sacrificio atribuído tradicionalmente a las mujeres. Se trata más bien de solidaridad hacia los más vulnerables.

Solidaridad humana y no abnegación femenina. Lo que el feminismo puede aportar al género humano y no solo a las mujeres : mejorar nuestra capacidad para vivir en paz con nuestra fragilidad. Trascender el individualismo para descubir nuestra interdependencia.

Ahora, estoy de acuerdo con la Sra. Badinter si se trata de denunciar el hecho que el cuidado sea asimilado a un atributo femenino y que la solicitud sea cuestión de género. Sí, denuncio (con ella, si me acepta a su lado) la sexualización de la solicitud.

Pero me pregunto… ¿Acaso esta negación categórica de la maternidad como experiencia positiva molesta a algunas feministas porque les recuerda su vulnerabilidad? ¿El hecho de que hombres y mujeres tengan necesidad, un día u otro, de los otros? Cuándo son bebés, niños, viejos o enfermos. ¡En mi opinión sí! Para una feminista que cree que la la realización personal sólo es posible como individuo todopoderoso, el saberse vulnerable y suceptible de conmoverse por la vulnerabilidad del otro (bebé, anciano, enfermo…) debe ser difícil de aceptar!

¿Entonces, que hacer de nosotras, las mujeres que damos prioridad (de nuevo, tal vez solo temporalmente) al cuidado de quienes amamos (nuestros hijos y nuestro planeta Tierra, nuestra madre Tierra)… y que además, colmo de males, nos declaramos feministas? (Y que a menudo nos rodeamos de hombres en el mismo estado de ánimo que nosotros, quienes comparten las tareas domésticas de manera más justa que los hombres cuyas mujeres eligen biberones, pañales desechables, alimentos industrializados industriales y guarderías 10 horas al día…).

Sería la primera en denunciar el parto sin anestesia, la lactancia, los pañales de tela… como un peligro para la emancipación, si me pudieran garantizar o probar que si todas las mujeres del planeta tuvieran acceso gratuitamente y sin restricciones a la leche en polvo, pañales desechables, guarderías 24horas al día… se arreglarían los problemas de la igualdad hombre/mujer, la diferencia salarial, de la  falta de representación femenina en política, de la violencia intrafamiliar…

No lo creo. Ni un solo instante!

Creo que E Badinter se equivoca.

(Preo igual voy a leer su libro… aunque nunca se me ocurriría gastar ni un centavo en ello : me lo van a prestar 😉 )

La esencialización de la feminidad y sus peligros

(… o carta abierta a las defensoras del parto no medicalizado la lactacia y la maternidad intensiva.)

Discutiendo con otras madres en una lista electrónica me salió esta reflexión acerca de la esecialización de la feminidad.

Copio quí el texto :

Queridas amigas,
Este e-mail es muy difícil así que siento la necesidad de introducir ciertas precauciones. Espero no herir susceptibilidades con él. En todo caso esta no es mi intención. Sinceramente, lo escribo para aportar una piedra a nuestro edificio común : difundir una mejor y mayor atención de los partos domiciliarios.

Mis precauciones:
1. habiendo tenido a mis hijos en casa,
2. habiendo recorrido, como muchas de nosotras, el camino iniciático que me llevó a considerar de manera crítica al sistema médico y sus abusos,
3. habiendo descubierto que actualmente el patriarcado está también encarnado en la excesiva medicalización de los procesos reproductivos femeninos…
…me siento muy ligada a ustedes y a muchas de las preocupaciones de este grupo virtual.
Sin embargo, quisiera llamar su atención ante el peligro que conlleva la utilización de « las esencias » como fundamento de la decisión de parir en casa (y, desde mi punto de vista, el peligro es el mismo con respecto a cualquier posicionamiento político u acción colectiva).

La idea de esencia femenina nos ató, durante milenios, a la función reproductiva. Nos confinó a la esfera privada, privándonos de cualquier decisión e influencia en el campo político, en la vida social y hasta en lo más íntimo : nuestros cuerpos.

Durante la Edad Clásica el padre tenía todo el poder de decisión sobre el fruto del cuerpo femenino. Era él quien decidía si un recién nacido podía ser criado o no. En caso de no desearlo (si era una hija, en la mayoría de los casos), él impondría su abandono inmediato a la intemperie…

Durante la Edad Media, cuando el parto se presentaba mal, se decidía, bajo la influencia de la iglesia, el proceder a una cesarea para bautizar al recién nacido antes de que este muriera in útero, matando así a la madre…

Durante el Renacimiento, los padres firmaban contratos entre ellos para organizar al nodrizaje. La madre y la nodriza no decidían nunca los términos de este contrato. El padre pobre que empleaba a su mujer como nodriza decidía privar a su hijo del alimento materno y en muchos la criatura moría ; el padre rico, que contrataba a la nodriza lo hacía para garantizar la disponibilidad sexual y la fertilidad de su esposa.

Todos estos atropellos que hemos sufrido madres y recién nacidos durante la historia son fruto de la misma creencia : las mujeres estamos hechas para parir… pero sobre todo hachas SOLO para parir. Nuestro poder para dar la vida se ha vuelto la razón de nuestra oprésión.

Ya Françoise Héritier lo demostraba en su libro « Masculino/Femenino » : la valencia defenciada de los sexos es universal. En todas las culturas que estudió esta antropóloga, el sexo masculino vale más que el femenino. Los hombres VALEN más que las mujeres. Ella cree que esto es el fruto de la voluntad masculina para apropiarse de la reproducción, ya que ellos no poséen ese poder tan particular.

Por qué es esto posible ? Porque las mujeres son relegadas a la reproducción y asimiladas a la reproducción.

En su mismo libro, Françoise Héritier cita los casos de las viudas o mujeres viejas : las mujeres que tienen acceso al poder son las que (ya) no tienen el poder de procrear.

Qué condiciones nos permiten ahora el reivindicar la maternidad como fuente de realización personal, de placer, de felicidad ? Qué perspectiva nos permite el exigir que se nos deje gozar de nuestros partos, que se respeten nuestros derechos como mujeres, como individuos ? A partir de qué fundamentos decimos al poder tecno-médico que queremos poder decidir cómo y en qué condiciones parir ?

Si podemos plantearnos nuestra lucha por un parto libre y consciente es porque en nuestras sociedades ha sido posible la construcción de ciertos ideales de democracia, de libertad de elección y de libertad de auto-determinación.

Estos valores en el contexto de la reproducción humana y en el proceso de parir son posibles por que nos hemos liberado como mujeres y como miembros de la Humanidad de la obligación de parir, de procrear. Por que tenemos derecho a decidir cuando y cuántos hijos queremos tener. Por que la maternidad puede ser ahora una decisión conciente, gozosa y no un fatalidad biológica.

Decir que es nuestra esencia el parir nos desolidariza de todas esas mujeres que son tan mujeres como nosotras y que no quieren o no pueden parir. Las mujeres estériles y las muejeres que no quieren tener hijos porque desean construir su felicidad en otro contexto y que aportan tanto como nosotras a nuestra Humanidad son tan mujeres como nosotras. La esencia femenina no puede ser la parturición, la procreación, ni ningún otro proceso del cuerpo.

No hay esencia femenina, como no hay esencia aria o esencia española o esencia argentina o esencia católica o qué se yo.

Amin Maalouf dice en su libro “las identidades asesinas”, que toda identidad esencialista es mortífera ya que fijar la identidad es morir.. o matar.

La feminidad y la masculindad son construcciones sociales.

Nosotras estamos construyendo nuestra identidad femenina e integrando el proceso del parto de cierta manera en ella. Estamos pensando el parto como un proceso específico y potencialmente liberador…Me parece que nuestro enfoque es completamente compatible con la idea de que se pueda construir la feminidad de otras maneras y que por ello la feminidad y el parto pueden estar ligadas, pero no son sinónimos.

Tengamos la claividencia de reclamar hasta el fin la libertad… defender nuestra libertad y esclavizarnos en una esencia son actos contradictorios. Tengamos cuidado en no caer en las trampas del patriarcado…

Paradójico instinto

Me ha costado mucho el entender cuál es mi posición frente al instinto. Tenemos instinto o somos exclusivamente seres de cultura, socialización y aprendizaje?

Al posicionarme como ecologista y feminista, esta pregunta me empuja al borde de un abismo. Tomando un extremo de la hebra enredada, podría responder que al ser parte del ecosistema, al ser mamífera y compartir mi vulnerabilidad con los otros seres vivientes comparto lados animales, instintivos, transculturales, universales…

Asimismo, al reflexionar acerca de la medicalización extrema del parto podría también avanzar que lo que la medicina nos retira es precisamente la posibilidad de vivir nuestros partos de manera instintiva.

Pero mi posicionamiento feminista me grita « cuidado »… Instinto? Y por qué no aceptar dócilmente el ser reducida al cuerpo y a mi función de útero, de procreadora? Sé que es la puerta abierta para aceptar todas la sumisiones, todas la violencias, todas la discriminaciones. Esencializar la feminidad clavándola en un marco de naturalidad es la peor trampa, la más seductora en estos tiempos de crítica necesaria del progreso y de nuestro modo de vida…

Cómo salir de este enredo?

Pensar en el instinto me obliga a pensar paradógicamente. Posicionarme serenamente con respecto a él, respetando mis deseos, mi experiencia y mis compromisos políticos,  me obliga a evitar las trampas del pensamiento binario, de la lógica aristotélica.

Sin negar que tengo instintos, que deseo poder dejarme llevar por ellos, que es positivo el renunciar de vez en cuando a la racionalidad… me niego a creer que sea necesario y suficiente el dejarse llevar por los instintos para vivir plenamente la maternidad y algunas de sus facetas como el parto, la lactancia y la relación con los otros.

Dudo que el instinto sea una guía de conducta ya que dudo que las conductas producidas por el instinto sean lo suficientemente extensas en los seres humanos. Extensas desde el punto de vista de su existencia « pura » y de sus duración. Es posible que hayan acciones que sean fruto del instinto, pero nuestra educación nuestras creencias, nuestros deseos y el contexto que nos rodea van a darles sentido, hacerles entrar en un molde.

El instinto no puede ser un fin en sí y decir que para ser una madre realizada es necesario « seguir su instinto » es una prescripción paradójica : si me propongo hacerlo, no lo hago instintivamente… entonces no será instinto puro. No se supone que el instinto viene espontáneamente? Si la respuesta estereotipada hacia una madre que busca orientación en su nuevo papel es « sigue tu instinto »… pues es sumamente violento, ya que si está desorientada es precisamente porque no tiene respuestas instintivas.

El discurso que prescribe el instinto es dudoso… y peligroso ya que conduce a un « double bind« …

Pero lo que más despierta mi sospecha acerca del instinto es su asociación con la feminidad… Y el instinto masculino? Y el instinto paterno?

Así que, mejor dejemos al instinto en su lugar : una experiencia más entre las tantas posibilidades de nuestra humanidad, sin nunca ser un fin en sí mismo y sin nunca ser una prescripción.

Sigue tu instinto y libérate de él… pero permítete libertarte gacias a él!

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