Relatos de mis partos en casa

ASI NACIO FLORA

Mi pequeña,

Es casi imposible el escribirte sin lágrimas en los ojos. Tengo tu amor a flor de piel y mi pecho estalla de ternura sólo al pensar en que ya estás aquí, respirando el mismo aire que yo respiro.

Hija, hijita… Te voy a contar tu llegada al mundo.

Los últimos días del embarazo fueron bastante banales. Las molestias me hacían desear -por primera vez desde el principio de esta maravilloso embarazo- que ya te decidieras a venir.

En mi cabeza, las cosas no parecían del todo claras. Una excitación, una intranquilidad me ganaban día a día. Sería mi impaciencia legendaria ? Quería que mi cuerpo me de alguna señal clara de que el parto se estaba preparando… Pero ninguno de los síntomas que la gente suele mencionar se me presentó. Ni “instinto del nido”, ni falsa labor, ni pérdida de tapón… una que otra contracción y ya! Sinceramente, creo que estaba tan alerta y a la espera de algo espectacular, que no reconocí los cambios imperceptibles que mi cuerpo sufría.

Como era de esperarse, la última visita a la ginecóloga no ayudó. Desde el principio del embarazo, visitaba regularmente a Carolina, esa ginecóloga tan simpática, amiga de tu tío. Incluso cuando decidimos que nacerías en casa, continué el seguimiento médico “clásico”, tal vez por puro atavismo o porque, en la eventualidad de una transferencia de urgencia al hospital, prefería tener un médico conocido a disposición. En fin, el martes anterior, en esa última visita, me hizo un examen vaginal. Pensé en negarme a pasar ese mal rato, pero a último momento me vinieron unas ganas tremendas de saber si había algún progreso. Nada. A penas un cm de dilatación y el cuello ligeramente suave. Parecía que la cosa tardaría bastante. Carolina me propuso tomar cita para la semana siguiente y programar dos monitoreos. La palabra “provocar” se mencionó. Eso bastó para que se me llene la cabeza de dudas.

Ya te imaginarás. El resto del día lo pasé fatal. Dormí muy mal y el miércoles me desperté excepcionalmente temprano, más ansiosa e impaciente que antes. Decidí salir sola a arreglar ciertos asuntos. Si el parto iba a tardar tanto, más valía ocupar mi cabeza con algo, porque esta impaciencia estaba consumiendo toda mi energía. No lograba sacarme de la mente la posibilidad de pasarme de la fecha mágica, tener que inducir el parto y renunciar así a mi sueño de que nacieras en la casa, rodeada de nuestros muebles y nuestros olores.

Sabes, hijita, al rededor mío, casi todas las amigas que han tenido bebés se han adelantado. Muchas han tenido que guardar reposo desde bastante temprano. El hecho de que llegue a las 40 semanas sin acontecimientos era una novedad. Tal vez eso explique mi impaciencia : un embarazo sin complicaciones se habrá vuelto tan raro…?

De regreso tuve ganas de recostarme, pero decidí ir a comprar los últimos detallitos para decorar tu habitación. Así que tu papá y yo salimos inmediatamente de compras. Durante toda la mañana tuve contracciones cada 15’. Recuperé mi buen humor pues pensé que tal vez ya…. Pero por la tarde, al quadarme quieta, se fueron. No, definitivamente, aún no era tiempo.

Esa noche, las contracciones volvieron, más o menos regulares. Entonces llamé a Liesbet, nuestra comadrona. Ella propuso pasar a las 10 de la noche. Entretanto fuimos a comer a donde unos amigos y las contracciones cesaron.

Cuando volvimos a casa y llegó la comadrona, yo me sentía cansada pero muy excitada. Tal vez con esas contracciones habría dilatado un poquito más? El examen indicaba lo contrario : un cm a penas, aunque el cuello más maduro. Liesbet pensaba que tendríamos que esperar unos días más.

Tu papá fue a rentar una película para distraerme de mi decepción. Así que estuvimos viendola hasta tarde. Nos acostamos más o menos a la 1 am y discutimos de lo que sentía: mi miedo a pasarme de las 41 semanas que permiten que el parto se haga en casa, de la posibilidad de dar a luz en la maternidad y la inducción. Como siempre, tu padre logró poner orden en el caos de mis emociones. Me recordó que teníamos 8 días para llegar a las fatídicas 41 semanas, que tal vez en unos días las cosas iban a acelerarse. Discutimos las diferentes posibilidades que se ofrecían y descubrí que, en realidad, lo que más miedo me daba era lo desconocido del parto, el tener que enfretar algo tan nuevo y la responsabilidad de haber escogido la opción más difícil, más atípica. Me quedé dormida con la idea de que, al fin y al cabo, tal vez la vida moderna es incompatible con un parto natural y que si tiene que ser en el hospital, no era gran cosa. Al fin de cuentas es la norma, no?

A las 2h30 me desperté con una contracción y la impresión de que algo se reventaba dentro de mí. Pensé que perdía aguas y corrí al baño. Nada de líquido, pero la contracción estaba ahí, diferente, con un dolor conocido : como el de la regla. Oriné y vi un cuágulo pequeñito salir, acompañado de una gota de sangre. No quedó duda para mí : había comenzado!

Empezamos a cronometrar las contracciones. Llegaban regulares, cada 7-8 minutos y ligeramente dolorosas. Mi entusiasmo era enorme y tu papá lo compartía sinceramente. Más o menos a las 4h30 decidimos tratar de dormir. Tal vez me dormiría unos minutos en una o dos ocasiones. Tenía miedo de que la contracciones cesen como el día anterior, aunque algo me decía que esta vez era diferente. Velé el sueño de papá hasta las 6h30 y sentí hambre. Bajé a la cocina por un pedazo de cake y me dije que debía advertir a la comadrona antes de que el tráfico le impidiera llegar a casa con facilidad, sin embargo esperé hasta las 7h45. Pensé que si el parto estaba en marcha, ella necesitaría estar lo más descansada posible. Me propuso venir a las 9h30.

Esa mañana, la vida en la casa tomó un ritmo particular. Tomamos el desayuno como de costumbre, pero tuve que hacer una que otra pausa para dejar venir las contracciones. Me sentía bien sobre el balón que la fisoterapéuta nos recomendó y me instalé ahí durante buena parte de la mañana.

Tu abuela Paulina llamó por teléfono y le oculté lo que estaba pasando. Fue difícil dominar mi excitación y pretender que las cosas “seguían verdes” entre dos contracciones. Sabía que quería vivir esto a solas con tu padre. Ella quería estar presente en el parto, pero yo me dí cuenta de que necesitaba de toda mi energía y sospechaba que su presencia podría interferir en el proceso.

Para cuando Liesbet llegó, las contracciones llegaban más intensas y a intervalos de 5’. Charlamos un poco, le conté cómo había sido la noche mientras papá salió a hacer unas compras (pan y bebidas dulces para darnos energía); nos pusimos de acuerdo para que ella pudiese atender a otras pacientes durante la mañana y me examinó : 2cm de dilatación y el cuello bastante más suave. Oímos tu corazocito latiendo regular y a buen ritmo, como siempre. Mis dudas sobre si estaba realmente de parto se disiparon, pero no pude evitar cierta decepción, hubiese querido estar más dilatada. Era curioso, a medida que las cosas avanzaban, me costaba creerlo. Mis sentimientos oscilaban entre el entusiasmo y, de nuevo, la impaciencia.

El resto de la mañana la pasé en la bañera : qué alivio el agua calientita y la luz de las velas. Tu te movías, te sentía mejor en el agua ; parecías buscar algo, una mejor posición… o tal vez la salida? Tu papá me ayudaba recordándome los “trucos” de la haptonomía. Su mano en mi pierna me ayudaba a dejar fluir el dolor y a sentirme amada y protegida. Cuando salí de la bañera sentí salir el tapón mucoso. Las cosas se movían, no había marcha atrás!

Así fue avanzando el día. Alternaba los movimientos circulares en el balón, con paseos por el departamento y flexiones. De vez en cuando me recostaba de lado, pero las contracciones eran más dolorosas así. Definitivamente estaba mejor en posición vertical. Entonces comprendí lo terrible que debe ser el ser forzada a quedarse acostada boca arriba en un cuarto de hospital, confinada a una sola pieza y sin poder entrar en contacto con objetos y olores familiares.

No sé a qué momento decidimos llamar a Liesbet. Creo que mientras comíamos, a eso de las dos de la tarde ; mojé un poco el vestido que llevaba puesto y papá pensó que era mejor llamarla. Yo empezaba a sentirme cansada y quise volver al agua. Fue allí que Liesbet nos encontró a eso de las 15h30, allí mismo escuchamos tu corazón latir de lo más normal, pero no logró sentir mi cuello. Preferí esperar para otro examen. Temía decepcionarme si las cosas no avanzaban mucho. Las contracciones se volvían cada vez más intensas y cercanas entre sí. Quise subir a mi dormitorio. No lo hubiese creído si entonces me decían que no volvería a salir de allí en tres días!

A las 16h15 verificamos la dilatación. Estaba ya a 4-5cm. Sin embargo volvieron las dudas. 5cm más para empezar a pujar! Me sentía tan cansada! Y esas contracciones que se volvían tan dolorosas… Necesité de toda mi concentración y de toda mi energía para volver a sumergirme en el trabajo. Liesbet me tranquilizó. “Los 4 primeros cm son los más difíciles”, me decía. Recuerdo que fue entonces cuando ella me aseguró que antes de medianoche te tendría en mis brazos. “Medianoche!” pensé “falta tanto…!” Me propuso dejarme sola un momento, para que logre concentrarme de nuevo. De todas formas, no soportaba los masajes de papá ni lograba “prolongar” el dolor con su ayuda.

Entré, pues, en el dolor. Pensaba en que cada contracción me abría un poco más. Dejé fluir esa energía hacia mis caderas y no sé durante cuanto tiempo estuve ahí, sola en mi habitación, haciendo esos ruidos graves que tanto me aliviaban y balanceándome sobre mi balón. En algún momento me puse de pié y sentí el líquido fluir. Fui al baño me puse de cunclillas y lo dejé correr en el suelo. Traté de ver si estaba claro, pero me resultó difícil pues estaba mezclado con restos del tapón. Lo que me llenó de emoción fue que distinguí uno que otro de tus cabellos negros y finos en el charquito del líquido amiótico. Preferí descartar dudas con respecto al color con una mirada experta. La comadrona confirmó que estaba claro.

A partir de entonces la contracciones fueron más fuertes y cercanas. Empecé a perder la noción del tiempo y a aislarme de mis acompañantes. Me puse a llorar con grandes sollozos y lamentos. Me preguntaron por qué y dije que no había razón, que tenía ganas de llorar, que me hacía bien llorar. Me sentí tan bien entonces… Supongo que la descarga de adrenalina me ayudó mucho a soportar el dolor.

En algún momento sentí que las fuerzas me faltaban y Liesbet propuso que volviera al agua. Me instalé bajo la ducha, sentada sobre el balón (¿qué habría hecho sin él?). Las contracciones eran realmente fuertes, pero me sentía tan bien ahí, que logré dormirme entre ellas en un par de ocasiones. Al salir de la ducha las cosas se aceleraron. Ya estaba a 7cm, eran las 19h00 y las contracciones llegaban una tras otra, largas e implacables. No tenía tiempo de recuperarme entre ellas. Liesbet me propuso estimular y abrir manualmente el cuello para acelerar las cosas. Yo me negué al principio pues temía que el dolor se intensifique… jaja! Como si hubiese habido manera de frenar su aumento!

Era de noche ya y la habitación estaba iluminada con lámapras muy tenues. Empecé a moverme, a ponerme en cunclillas más a menudo. Sentí tu cabecita claramente presionar, buscar, moverse activamente. Eso dolía muchísimo. En realidad, a partir de entonces tuve la impresión de que el dolor no se iba del todo, quedaba ahí, aún entre contracciones. Pensé que debía hacer algo, las fuerzas comenzaban a fallarme y me costaba mantener la respiración larga. Me dije a mi misma “Entiendo por qué la peridural es tan utilizada ! Es una locura someterse voluntariamente a este horror !”. Accedí a la manipulación del cuello. Pujé un par de veces con la mano de la comadrona dentro de mí. Dolió muchísimo, pero, qué alivio cuando pujaba! sentía que liberaba la energía acumulada. Así, a las 20h40 llegué a 8-9cm. No pude distinguir las ganas de pujar, pero necesitaba estar en cunclillas durante la contracción, caminaba entre ellas. Estaba en otro planeta, Liesbet y papá iban y venían, pero yo no me daba cuenta. No sé cuando prepararon la cama y dispusieron los protectores, las sábanas para tí y para mí, todo lo necesario para el parto.

A las 21h30 empecé el trabajo activo. No tuve pujo involuntario -o al menos no lo sentí-, presentía que no tenía muchas energías en reserva y que tenía que hacer todo lo posible por acelerar las cosas. Pujé en todas las posiciones imaginables : en cunclillas, de pié, sentada sobre el balón, acostada de lado… No sé en qué momento llegó Heidi, la segunda comadrona. Me propuso una silla de parto y ahí estuve pujando un buen rato. Liesbet podía ver tu cabecita ayudándose con los dedos. Yo no lo podía creer. Oía que las cosas avanzaban, que ya faltaba poco… pero no lo podía creer. Ahora me pregunto por qué me resultaba tan difícil el darme cuenta de que estaba cerca del final. Tal vez me faltaba aún ganar confianza en mi misma para saberme capaz de lograrlo.

Para entonces estaba completamente ausente, colmada de sensaciones poderosas e incomprensibles para mí. Desde esa nebulosa oí que una de las comadronas me proponía recostarme durante un par de contracciones, para evitar la congestión del periné, que parecía un poco hinchado para enonces. Era cierto que casi toda la fase activa la había pasado en cunclillas o sentada. No recuerdo cómo llegué a la cama, lo que logro recordar es que empecé a pujar con todas mis fuerzas, recostada sobre el lado izquierdo. Papá me sostenía la pierna derecha y, de vez en cuando, apretaba el antebrazo de Heidi. Entre cada pujo respiraba profundamente. Recuerdo que me decía a mí misma que debía darte mucho oxígeno, que lo necesitabas más que nunca y así dominaba las ganas de contraer el diafragma y de gritar.

¡Qué fuerza extraña surgió durante la expulsión! Mientras más pujaba más fuerza tenía para pujar y, sobre todo ¡qué bien me sentía al hacerlo! Liesbet me alentaba, papá también. Heidi oía tu corazón luego de cada contracción, traía compresas frías para refrescarme… Estaba en medio del universo y toda su energía cósmica fluía entre mis caderas.

Empecé a sentir tu cabeza en mi vagina. Las dos o tres primeras veces se regreso. ¡Qué decepción! Hasta que por fin se quedó fija, en el umbral de la vida. Sentí el “anillo de fuego” quemarme la vulva y las comadronas aplicaron aceite y compresas calientes que me aliviaron muchísimo. La ayuda de la comadrona en ese momento fue esencial : con sus sabias indicaciones te fui guiando poquito a poco hacia el exterior. Mi instinto hubiese sido de pujar con todas mis fuerzas una vez más y liberarme del dolor de las contracciones y el ardor… sentía que tenía la fuerza para hacerlo. Liesbet me ayudo a controlar el pujo y permitir así que mi piel cediera poco a poco. Entonces gritaba, no podía evitarlo y esos gritos me ayudaban a liberar esa energía que no podía expulsar pujando.

Papá pudo ver tu carita. ¡Tenías los ojos abiertos! En un par de pujos más saliste completamente y te sentí caliente y mojada en mi vientre. Papá me decía “!Mírala, es hermosa!” Pero no lograba levantar mi cabeza, no me quedaban fuerzas. Me contenté con abrazarte y sentirte durante unos instantes. Movías tu brazos y tus piernas y me parecías tan grande..! En cuanto tuve la fuerza para incorporarme te di un masaje en el pecho, estornudaste y empezaste a respirar haciendo unos ruiditos, pero sin llorar. Tenías mucho moco, que Heidi aspiró y en seguida tu respiración se volvió regular. Eran las 22h35. 20 horas después de que sentí la primera contracción dolorosa y tuve la primera pérdida! Tu Apgar fue de 8/9/10 ; expulsaste el meconio y orinaste inmediatamente después de nacer.

Papá no se movió de nuestro lado en todo ese tiempo. Tú lo observabas con calma, con tus ojazos negros muy abiertos y levantando la cabecita. Te propuse el seno, intentaste mamar un par de veces, pero sin mucho entusiasmo. Fue entonces que papá tomó tu primera fotografía.

Es difícil describir esos primeros momentos juntos. ¿Cuánto tiempo te quedaste sobre mi vientre? ¿Unos minutos? ¿Una hora? La placenta tardaba en salir y Liesbet prefirió inyectar ocitocina para acelerar la expulsión. Tal vez debí ser más firme al negarme a recibirla y proponerle esperar un poco más, pero estaba tan absorbida mirándote y descubriéndote que accedí sin mayores comentarios. Tal vez es el único detalle de todo el proceso que desearía cambiar si pudiera hacerlo.

Papá estaba como loco. Llamó a tus abuelas y a tu tío y se pusieron en camino. Yo fui a tomar una ducha y constaté que estaba intacta. Bueno, a parte de uno que otro rasguño insignificante y una buena hemorroïde que fue lo que más me impresionó. Mi vientre estaba vacío y se sentía raro, como sensible.

Al regresar a la habitación no quedaban rastros evidentes del parto. Liesbet y Heidi habían limpiado y ordenado todo. Tu mes esperabas en los brazos de papá, ya vestida. Pesaste 3,480kg.

Así fue tu llegada al mundo. Tratamos de recibirte de la manera que nos pareció las más adecuada, en la habitación que tu papá construyó con sus propias manos, con amor, durante los meses que pasaste en mi vientre.

Eres una mujercita bella, mi Flora. Tal vez algún día seas madre también. Tal vez desees recibir a tus hijos en el nido que habrás construído amorosamente para ellos… pero todas esas decisiones te pertenecen a tí y a tu pareja. Espero que esta historia te sirva para prepararte a ello de la mejor manera.

Te ama,

Mamá Pao

ASI NACIO EMILIO

VERSION FRANçAISE DISPONIBLE ICI

El 23 de enero del 2007 naciste, mi Emilio. Estabas acurrucado en mi vientre desde la primavera y así, casi clandestinamente, me acompañaste en mil aventuras, mi viajerito.

Te sentí moverte por primera vez en verano, pero esos movimientos acuáticos no fueron tus primeras señas. Sabes ? No me enteré de tu presencia con la línea rosada del primer test de embarazo -que salió negativo-, si no que esperaste para sorprenderme directamente con los síntomas indiscutibles del embarazo.

Yo preparaba una nueva etapa profesional, aprovechando de la autonomía nueva que me regalaba tu hermana, cada vez más independiente. Entre dos viajes a Francia, tu presencia se volvió evidente y durante la parte final de una formación, tuve que hacer pública tu existencia, para explicar las náuseas y los ascos que empezaban a alarmar a los compañeros.

Estabas en mí, luego de cinco meses de búsqueda. Tu padre estaba tan ilusionado. Yo soñaba ya con conocerte.

Estuviste en mi vientre cuando firmé mi nuevo contrato, que marcaba un ascenso en el trabajo, desde ahí, te mudaste a tu nuevo departamento y estuviste conmigo en Cartagena, durante un congreso. Luego, me acompañaste durante los días locos del Festival des Libertés, llenos de pruebas y problemas… Sabes, Emilio, que tu gestación fue llena de peripecias, aventuras y nuevas preocupaciones ? A veces me sentía muy mal por hacerte vivir estos momentos difíciles conmigo. Pero así es la vida. Creo que no será la última vez que tengamos que atravesar juntos etapas más « cuesta arriba ». Estoy segura de que siempre lo haremos lo mejor que podamos !

Te mentiría si te dijera que este embarazo fue un momento idílico. Nuevos miedos e inseguridades estuvieron presentes : seré capaz de ser madre de dos hijos ? seremos capaz de mantenerles a los dos, de darles todo lo que necesitan, de satisfacer su necesidad de cariño, de confianza, de seguridad ?

Tal vez por tantas dudas por tantas fuentes de tensión, a las 31 semanas estabas todavía de nalgas. Esto me hizo tomar conciencia de mi estado, pues, te confieso, que la mayor parte del tiempo olvidaba que te llevaba en mí, con tantas cosas que hacer y en qué pensar…

Recuerdo regresar del consultorio de L. a las 31 semanas, con la piscina inflable -que serviría para el parto- bajo el brazo y con un miedo nuevo en la cabeza : « y si te quedas de nalgas ? » « y si no puedo parirte en casa ? » La perspectiva de un parto en hospital o, peor, una cesárea me horrorizaba. En este punto, tal vez te preguntes por qué fue tan importante para tus padres el parirte en casa.

Pues la respuesta es fácil : por qué delegar nuestra responsabilidad de traerte al mundo a manos extrañas, cuando nuestra salud está perfecta y que mi embarazo es normal ? Porque, a pesar de que estabas de nalgas, seguías siendo el mismo chico vigoroso y valiente que se movía con tantas ganas.

Sabes, Emilio, nacer y morir son momentos terriblemente dolorosos y llenos de misterio, a mí, la verdad, me faltan fé y misticismo para encontrar alivio en respuestas sobrenaturales. Sé, sin embargo, que nuestros cuerpos están llenos de recursos para pasar estas etapas solos, en la mayoría de los casos. El querer controlar el nacimiento y la muerte sirven para calmar nuestro miedo a lo deconocido… Pero yo no quiero vivir con miedo… no quiero que el miedo me impida ver las otras dimensiones de estos momentos fuertes y únicos.

Por eso escogimos un nacimiento lo mas respetuoso y natural posible para tí y para Flora. La belleza que estos dos partos nos aportaron ha dejado huellas de amor en mi memoria, hasta tal punto, que lamento que sean opciones tan marginales… solo espero que tal vez tú, en unos años, puedas contemplarla como una opción más, tan banal y simple y tan hermosa y gozosa como es hacer un bebé.

Y, poco a poco, el miedo a que te quedes de nalgas se fue disipando, en parte porque te diste tantas volteretas que pareció evidente que sabías lo que hacías (y que tenías la fuerza suficiente para hacerlo !) : en la ecografía final estuviste de nalgas… pero la misma tarde te pusiste de nuevo de cabeza !!!

Llegamos al final del embarazo y con mi barriga descomunal se volvieron más pesadas las molestias. Los ardores de estómago casi persistentes me impedían comer, la necesidad de ir al baño me impedía dormir… pero, a mediados de enero, no sentía ningún « síntoma » de que las cosas se preparaban ni de que tu llegada se volvía inminente.

Por eso, cuando me desperté ese martes, a las cinco de la mañana, pensé que tal vez lo que sentía era una contracción más fuerte, pero no la identifiqué como una contracción de trabajo, pese a que empezaba a ser un poco dolorosa. Pero luego llegó otra, y otra más… al cabo de unas cuantas decidí venir al estudio, para ver cada cuánto venían, sobre la pelota de dilatación. 7-8 minutos de intervalo entre ellas y duraban 30’ o 45’. Casi no dolían si estaba sentada, además una de cada dos era indolora.

Ya no pude regresar a dormir, fui a la cocina y limpié todo. Una vez que la cocina quedó impecable seguí con la sala y el comedor, recogiendo los juguetes de Flora que estaban por allí y a las siete y cuarto, cuando sonó el despertador de papá, este me encontró en la cocina, con el jugo de naranja de Flora listo y su avena del desayuno cociendose. Le anuncié que desde las cinco tenía contracciones, pero que las llevaba muy bien. Discutimos acerca de si iba al trabajo o no. Dudamos un momento, pero finalmente le pedí que se quedara. Una llamada a su colega y otra a su directora y nos declaramos oficialmente « de parto ».

Flora desayunó, la vestí y papá la llevó a la guardería. En ese momento llamé a L, y le informé de la situación : contracciones +/- regulares desde las 5am. L me preguntó si había tenido una contraccion mientras hablabamos y le dije que sí. Al observar que podía hablar normalmente durante las contracciones estimó que era el principio y me dijo que la llamara de nuevo si eran cada 5’ o si rompía la fuente.

Papá se quedó un buen rato con Flora en la guardería, ya que esos días no era fácil la separación. Le explicamos que ibas a llegar pronto. Debía sentir que un gran cambio se anunciaba, otro cambio… y ella que había tenido tantos útlimamente… Tu hermana fue muy valiente y madura cuando llegaste… Pero esa actitud tan maravillosa no nos sorpredió en absoluto, tanto nos ha demostrado su enorme capacidad de adaptación… pero me adelanto !

Un avez sola, pude medir la intensidad de las contracciones. Me pareció que disminuía… Así que decidí descansar lo máximo posible… pero era difícil : cada 5 minutos recibía una llamada de alguien para felicitarme por mi cumpleaños ! Tus abuelas, tus tías… en fin… Pero a pesar de tantas solicitaciones, pude relajarme y descansar…incluso dormí unos instantes.

En ese momento llamé a Adriana y a Doris, para que estén alerta y listas para venir en caso de que se definan las cosas y se hagan cargo de Flora. Adriana tenía todavía que pasar un examen de piano esa misma semana así que intuí que insistir en que venga lo ponía en riesgo… Doris, en cambio, parecía lista para cualquier eventualidad…

Al regresar tu padre, decidimos ir de compras. Necesitábamos una manguera para llenar la piscina que esperaba, inflada desde hace días, el momento de servir para tan poco usual propósito. Fuimos a pié, a las tiendas del barrio. Era una mañana fría, helaba ! Observamos que era interesante que esa caída drástica de la temperatura coincidiera con el comienzo del parto.

Primera parada en la óptica : recoger mis lentes. Probarlos, verificar que estén bien ajustados, pagar, bromear con el vendedor… todo eso con contracciones más o menos dolorosas… Me pareció que se espaciaban…

Segunda comisión : la carnicería. Compramos algo que comer al mediodía… había una fila de 3 personas. Tuve una contracción más dolorosa y apreté la mano de papá. Nos miramos con mucha complicidad. Ambos pensábamos « si esta gente supiera que estoy de parto… seguro que llaman a una ambulancia ! », pero seguimos haciendo nuestro pedido, como si nada…

Tercera compra : la ferretería. Buscamos una manguera, y tu papá exploró todos los sistemas imaginables para conecatrla con el grifo de la bañera. Como siempre, me pareció que se complicaba la vida… pero también pensé que él debía tener una mejor idea que yo acerca de cómo hacerlo… Por fin encontró un sistema que le satisfizo. Para esto yo ya dudaba si había hecho bien en decirle que no vaya a trabajar, ya no sentía las contracciones. Estaba dudando, tal vez no… no era hora de parir todavía.

Regresamos a casa, comimos y papá fue a buscar a Flora a la guardería. Para entonces ya ni sentía las contracciones. Eran absolutamente indoloras. Al regresar Flora, le atendí, nos fuimos a hacer una siesta y debían ser como las 14h00 cuando salí de su habitación. Ella dormía y yo estaba un poco desilusionada porque el trabajo parecía haberse parado. Papá seguía estudiando el sistema de conexión de la manguera. Me dijo que volvería a la ferretería para comprar otra pieza… yo propuse conectar directament la manguera que compramos a la de la ducha, sin más accesorios : se adaptaba perfectamente. Papá dudó de la seguridad del sistema, pero tuvo que aceptar que iba muy bien.

Siguieron más llamadas para felicitarme por mi cumpleaños, del Ecuador y de Venezuela, esta vez… y luego, una llamada de L. Al contarle la progresión (o más bien, la falta de ella), comentó que lo más probable es que el trabajo vuelva a acelerarse por la noche, una vez que Flora se haya dormido. Pues con esa perspectiva me relajé completamente y me hice a la idea de que tal vez nazcas al día siguiente. Así, pude descansar un poco e incluso hacer una que otra siesta intermitentes.

A eso de las 16h, Flora se despertó con mucha hambre. Comimos un yoghurt y fruta y yo ya volvía a sentir las contracciones, así que decidí reconstarme con el Codigo Da Vinci como pasatiempo… estaba en plenas aventuras de Robert Langdon, sumergida en un mundo de persecuciones e intrigas cuando una contracción más fuerte me obligó a parar la lectura… siguió otra, a los 6 minutos, igual de fuerte y en medio de ella sentí la bolsa romperse y un diluvio de agua de fuente corrió entre mis piernas. “Lionel, perdí aguas !”grité. El vino con una toalla, pero mi pantalón y el cojín de lactancia que tenía entre las piernas lo habían absorbido todo ! Verifiqué y estaban claras… qué emoción ! Ahora sí que era verdad, estabas en camino !

Eran las 16h30 cuando llamé a L. La desperté (pobrecita, estaba resfriada y descansaba lo máximo posible) y le expliqué en qué situación me hallaba. « cada cuánto tienes contracciones ? » me preguntó. Yo le expliqué que cada 6 o 7 minutos, pero que eran mucho más largas y muy intensas. « Voy para allá ! »

Luego llamé a Doris y no supe qué decirle, no me atrevía a decirle « Ven ya ! » de miedo de que todavía falte mucho, estába explicándole que tal vez en un par de horas le llame para que venga… pero en medio de la conversación, vino otra contracción, tan fuerte que me aclaró todas mis dudas « Doris, ven ahora ! ». Intuí que tal vez, en un par de horas, sería demasiado tarde !

« Qué hago ahora ? » Ah !, faltaba un detalle : tu moisés no estaba listo. Fui al cuarto de tu hermana (que será también el tuyo cuando ya no duermas con nosotros) y me puse a preparar tu moisés. Flora me ayudaba a hacerlo, muy interesada en ese nuevo juego… cuando vino otra contracción (ahora eran cada 5 minutos) : me tiré al piso y me puse « a cuatro patas », empecé a hacer ruidos. Flora me imitaba y se reía. Definitivamente encontraba muy divertido lo que pasaba en casa, yo le veía reirse y me reía también. Y así, tu moisés estuvo listo entre dos contracciones.

Luego me recosté, sobre el lado derecho, y pude verificar como las contracciones se hacían cada vez más largas. Papá instaló un calefactor eléctrico pues empecé a tener frío… me dio masajes con aceites esenciales. Así nos encontró Doris, quien a penas llegó se instaló con Flora en su habitación, a jugar a mil juegos y a leer miles de libros… Unos minutos más tarde llegó L, eran como las 17h30. Mi hizo un tacto : cuello muy blando, casi borrado y dilatada de 5cm o más!!! Wow! Genial! 5cm sin ningún esfuerzo!

Luego del tacto, salió el tapón mucoso… yo ya no estaba bien recostada, además quise cambiarme la toalla higiénica que me puse, pues estaba ya empapada de líquido amniótico. En el baño empecé a “cantar” durante las contracciones, cada vez que venían tenía que lanzarme al suelo y no podía reprimir los gritos.

Entre tanto, papa terminaba de instalar la piscina y de proteger el suelo de la habitación en donde la colocamos y empezó a llenarla.

A las 18h10, L me exploró una vez más. Ya estaba de 7cm! Qué rápido! Entonces entré en la piscina. Qué maravilla! Qué alivio! El agua me permitía cambiar de posición sin esfuerzos y aligeraba muchísimo el dolor. Flora venía de vez en cuando, me acariciaba y me hablaba “mamá, bebé… aaaay!” decía al verme y le explicaba a L, en su idioma, que si gritaba, era porque ya llegaba el bebé…

Para entonces las contracciones eran muy fuertes, yo gritaba con todas mis fuerzas con ellas y empujaba con mis brazos el fondo de la piscina. Es extraño. Yo me representaba a mi misma “a cuatro patas”, pero en realidad, al ver las fotos y oir a Lionel, sé que estaba de rodillas, con las piernas abiertas y apoyada en mis brazos, muy vertical. Por esta razón, mis brazos se cansaban, dolían y estar en el agua me permitía relajarme… pero no por mucho tiempo : las contracciones se seguían muy de cerca y a las 18h30 empecé a sentir presión hacia abajo.
L controlaba tu corazoncito regularmente, cada 10 o 15 minutos. Siempre iba todo bien por tu lado… Pero yo empezaba a sentir que el ritmo cambiaba, que las contracciones se espaciaban… Empecé a dudar de nuevo. “Qué pasa? por qué ahora vienen menos a menudo?”

K llegó a las 19h10, yo estaba de muy mal humor. Entonces, para distraerme de mi cólera, o no sé, tal vez sólo para relajar la atmósfera, L me sugirió “Disfruta de los útimos instantes con tu vientre” y yo pensé, sin decirlo, “este vientre? tan doloroso y pesado? ya no lo quiero, no me interesa, sólo quiero que pare el dolor!”… estaba furiosa, no sabía cómo hacer para controlar las sensaciones tan fuertes que venían, se imponían a mi cuerpo, me sorprendían y se mezclaban… De nuevo, como en el nacimiento de Flora, pensé “Soy una imbécil! Qué hago aquí???Quiero la periduraaaal!!!”. Y gritaba “qué pasa? Por qué no avanza? Se está demorando tanto!!!!” L me respondía, con mucha dulzura que, al contrario, iba todo muy de prisa… me explicó que cuando la dilatación ha sido rápida, el ritmo suele calmarse luego, esto permite a la madre y al bebé el recuperarse. A esto respondí que no, que duraba demasiado y cuando llegaba una contracción gritaba “No, no!” y L decía, “Sí, sí, ábrete, deja pasa a tu bebé”.

Una lucha interna se libraba en mí : quería evitar a toda costa el dolor, pero mi cuerpo seguía haciendo su trabajo, abriendose, dejándote pasar. Me tomó todavía unas cuantas contracciones más el entender que la única cosa que podía hacer era entrar en él, aceptar los cambios de mi cuerpo… dejerme llevar, al fin.

En algún momento quise sentirte y metí mis dedos para ver si ya estabas cerca… L me animó y me preguntó qué sentía… le dije que algo gelatinoso (probablemente el cuello) y…. tu cabeza!!! Tu pelo! Se me escaparon unas lágrimas… estabas tan cerca!

Flora vino en esos momentos y se asomó, pero ya no quizo entrar… creo que intuyó que las cosas cambiaban… yo me quejaba, maldecía y me rebelaba… A las 19h20, L propuso verificar la dilatación : 9 cm y una banda de cuello… me dijo que iba a dejar su mano hasta la siguente contracción… entendí inmediatamente por qué : se disponía a retirar la banda… Qué dolor! Fue atroz! Se me escapó un alarido que pareció animal y yo quedé flotando en el agua, con ganas de llorar… pero, en seguida, sentí ganas de pujar y las contracciones se encadenaron, el ritmo volvió a acelerarse… pero yo ya no me sentía del todo bien en el agua… me faltaban fuerzas, mis brazos me dolían, tenía calor…

De repente tuve una verdadera iluminación, casi pude ver la frase, escrita con rojo en el tumbado “tengo que salir de aquí!!!!” y esperé que pase una contracción y decidí ponerme en pié. Eran las 19h30. L me preguntó si quería salir del agua y le dije que sí. Le pregunté que qué pensaba ella, que qué debía hacer… Ella me dijo “Lo estás haciedo tan bien! Tu sabes qué hacer, tu cuerpo te indica el camino, escúchalo” y me dirijí a mi habitación, mientras las comadronas me cubrían con una toalla. Me puse a buscar una posición en nuestra cama. L me preguntaba que qué sentía y recuerdo haberle respondido “estoy desconectada de mi bebé”… el salir de la piscina me obligaba a re-organizar mis sensaciones.

Me tomó unos minutos el descubrir qué era lo que necesitábamos. En esos momentos pensé “no siento a Emilio! En dónde está?” y empecé a entrar de nuevo en nuestro espacio interior, a buscarte. Entonces sentí que venía otra contracción, diferente y decidí pujar y pude sentir, por primera vez, el reflejo de expulsión… el dolor se iba, se desvanecía ante esa fuerza incontrolable. Me volví a sentir fuerte y poderosa.

A las 19h35 empezó “oficialmente” el expulsivo. Yo estaba de rodillas. Empecé a gemir, y a sentir como bajabas por entre mis caderas. Pujé unas tres veces y empecé a sentir cómo te ibas colocando, como abrías tu paso. En una contracción que pareció eterna, logramos alcanzar ese punto de no retorno : te inmovilizaste entre mis piernas. Yo me lancé hacia delante y me puse, esta vez sí, a cuatro patas. Tu padre llegó y vio tu cabeza salir. Una pausa. L resoplaba, indicándome que debía imitarle y me sugería dejar de pujar en ocasiones, para permitir a mi perineo el estirarse. Eran las 19h50 cuando te sentí deslizarte completamente. L te acercó y te tomé en brazos “Hijito, m’hijito” era lo único que pude decir. Tu padre trató de filmar ese momento, pero no había suficiente luz. Solo se oye mi voz, tan rara, como si estuviera a punto de llorar… Recuerdo que te abracé, te sentí tan grande y largo… me impresionaron tus piernas. Ese calor tuyo, esa humedad y tus movimientos contra mi pecho y mi vientre… Son sensaciones maravillosas, inolvidables! Luego ví tu carita y te bese, te masajée el pecho pues me parecía que tenías dificultades para respirar. Entonces, tú empezaste a llorar. Tu llanto fue desgarrador, tan agudo y tan fuerte! Yo me acurruqué sobre las almohadas y las comadronas nos cubrieron a los dos. Ya estabas afuera, mi Emilio. Una nueva familia acababa de nacer. Al poco tiempo vinieron Flora y Doris. Flora se instaló a nuestro lado y se quedó allí durante un buen rato, interesada en tí… y en el contenido de la mesa de noche de tu padre.

Tu seguías llorando, tu llanto era como una queja que duró varios minutos. Intenté ponerte al pecho, pero no lograbas mamar. Sin embargo te calmaste al cabo de un rato. Nos observabas, te veíamos.

Luego, los recuerdos se mezclan en mi mente. Las comadronas nos dejaron a solas, a los 4, durante unos momentos. Te detallamos, te olimos y te hablamos. Luego L volvió a verificar la cantidad de sangre que iba perdiendo. Muy poca, en realidad. Flora se asomó a ver también, con mucho interés, sin asco ni miedo. Ella iba y venía de mi lado, con toda naturalidad. Luego salió la placenta, sin mucho esfuerzo, pero durante una contracción bastante larga. Era enorme y el cordón también, muy largo… Otra vez, tu hermana se intereso en cada detalle. Entonces K dijo “es una verdadera comadronita”. Le explicamos que era la casa de su hermanito cuando vivía en mi barriga. Esto no pareció sorprenderle.

Qué siguió? Creo que L verificó mi perineo. Tuve un desgarro, pero ella estimó que no era necesario coser -de hecho, dos días más tarde ya estaba cerrado-. Luego me trajeron un poco de pasta, que comí con mucho apetito. Entre tanto, papa llamó al resto de la familia. Qué locura! Primero llegaron tu abuela Pali y tus tías. Tu abuela me acompañó a tomar una ducha, mientras te quedabas en brazos de papá, piel contra piel. Luego te pesamos y medimos : 53cm y 3920g! Te administramos vitamina K oralmente y te dejamos desnudo, para aprovechar del contacto y del calor mutuo por un par de días más.

En el salón hubo una fiesta, llegaron tus abuelos paternos y tu tío Alex, Adriana y François… Las comadronas y Doris se fueron discretamente. Pero yo quería estar a solas, entre los cuatro… no dudé en decir a todo el mundo que se vayan…

Esa noche fue muy difícil conciliar el sueño… Tu padre y yo te velamos durante horas y caímos rendidos en la madrugada.

Así fue tu nacimiento. Simple y lleno de magia. Ahora, mi pequeño brujo, nos tienes hechizados de amor por tí! En dos semanas de vida te has hecho un espacio irremplazable en nuestra familia. Las horas del día se organizan en función de tus horarios y nuestro sueño y vigilia dependen de tus ritmos.

Qué nos prepara la vida? No sabemos. Lo que podemos afirmar es que es un sueño hecho realidad el tenerte con nosotros.

Bienvenido, Emilio!

15 responses to this post.

  1. Posted by Cris on 9 avril, 2008 at 11:51

    Piolín querida!

    Qué lindo relato, me ha tocado profundamente, muy valiente
    qué suerte tienen La Flora y el Emi de tener una mamá como tú.

    Un besote a todos.

    Réponse

  2. Posted by Éuge on 10 avril, 2008 at 3:00

    Gracias querida sobrina por compartir esta maravillosa experiencia con todos. Ahorita mismo le enviaré tu hermoso relato a mi amiga Tania que está embarazada de su segundo guagua para dentro de dos meses. Ella también lo tendrá en casa como al primero y estoy segura de que conocer tu experiencia también le va a encantar.

    Réponse

  3. Posted by ecohumanist on 10 avril, 2008 at 1:50

    gracias! qué chéveres comntarios…
    euge, me alegro que en ecuador también se pueda parir decentemente, jaja!
    cris, a ver si te animas y me escribes un e-mail…
    besiños…. y espero que se asomen a menudo!

    Réponse

  4. Posted by Francois on 13 avril, 2008 at 4:33

    Salut Pao,

    je t’ai envoyé par email le film des premières heures de Emilio, juste au moment où nous sommes venus découvrir ton petit bout … si tu as l’occasion, mets le en ligne …

    Bisous,

    Francois

    Réponse

  5. Posted by Caroline on 18 avril, 2008 at 11:43

    Que j’aimerais comprendre l’espagnol !!! Bienvenue à Emilio, même si depuis il a déjà bien grandi !

    Réponse

  6. Posted by ecohumanist on 18 avril, 2008 at 3:55

    Caro, le récit de la Naissance d’Emilio se trouve sur le lien indiqué tout au dessus du post…

    Réponse

  7. Posted by sofia rodas on 30 avril, 2008 at 10:11

    Que mujer tan hermosa! Tan llena de vida 🙂 tan saludable! Que familia tan linda y tan cargada de amor. Que bien te va Pao! Me da mucho gusto :). Estoy enamorada de tus relatos :). Un beso mi querida amiga!

    Réponse

  8. Posted by ecohumanist on 30 avril, 2008 at 10:30

    (cómo se pone un smiley acholado????) Sofi! qué gusto! qué honor tener un mensaje tuyo! besos y recuerdos…..

    Réponse

  9. Posted by Renée bLichtenstern on 18 juillet, 2008 at 12:22

    Mi querida nieta Paola,

    leí con mucha emoción tus dos relatos sobre los partos de Flora y de Emilio.
    Realmente son relatos formidables creo que tienes talento de escritora. Al leerlos realmente se siente todo lo que tu sentiste y esoecialmente tu gran amor por Flora y Emilio. Besos de tu abuelita Renée

    Réponse

  10. Posted by ecohumanist on 25 juillet, 2008 at 10:44

    Ay! Abuelita! Qué felicidad leer tu comentario! Ya ves? Hice lo necesario para perpetuar la tradición que tú iniciaste (o hubieron otros casos antes, en tu familia?) : tener un hijo el día mi mi cumpleaños! Qué te parece?
    (para los otros : mi abue y mi padre también comparten cumpleaños, qué les parece????)
    Besos y recuerdos,
    Pao

    Réponse

  11. Son preciosos, emocionantes, magníficos estos relatos de tus partos!!! Maravillosa llegada al mundo para Flora y Emilio, sois una familia preciosa.

    Yo tuve un parto medicalizado y con epidural, a ver si tengo una segunda oportunidad para intentar parir de verdad.

    Muchas gracias por compartir estos relatos, hacen falta que todas contemos nuestras experiencias para convencernos de que SÍ PODEMOS!!!

    Un abrazo!!!

    Réponse

  12. […] Relatos de mis partos en casa « Diez cosas que ODIO de Quito […]

    Réponse

  13. te dejo mi blog

    besos!

    Merche

    Réponse

  14. Posted by Helen Lune on 1 février, 2013 at 11:19

    Por alguna razon llegue s tu sitio y tu hermosa historia, ame la forma en la que relatas la llegada de Flora, agrdezco haber llegado a esta pagina por « coincidencia » buscando en Google la palabra « aro de fuego parto » ya que una amiga tendra a su bebe este Lunes….hermoso relato de entrañables vivencias que solo una mujer con la fuerza y tu poder buscan vivir rompiendo los esquemas de la vida actual y volver a nuestras raices…ojala puedas agregarme a Facebook, soy Helen Lune mi mail es helenln@hotmail.com

    Gracias por la historia, eres una mujer de fuego…

    Réponse

Laisser un commentaire

Entrez vos coordonnées ci-dessous ou cliquez sur une icône pour vous connecter:

Logo WordPress.com

Vous commentez à l'aide de votre compte WordPress.com. Déconnexion / Changer )

Image Twitter

Vous commentez à l'aide de votre compte Twitter. Déconnexion / Changer )

Photo Facebook

Vous commentez à l'aide de votre compte Facebook. Déconnexion / Changer )

Photo Google+

Vous commentez à l'aide de votre compte Google+. Déconnexion / Changer )

Connexion à %s

%d blogueurs aiment cette page :